La desaparición de Marco Roldán, un joven argentino que se esfumó en 2013 durante una travesía en el cerro Cancana de Paihuano, continúa siendo un enigma sin resolver. Desde entonces, sus padres, Luis y María Roldán, han seguido de cerca cada caso de desapariciones reportadas, con la esperanza de obtener alguna pista que les ayude a descifrar el paradero de su hijo.
La mayoría de los casos de desapariciones, aproximadamente el 90%, suelen resolverse en un lapso de tiempo razonable. Sin embargo, en muchos casos, la resolución no es la deseada. Recientemente, un caso que ha capturado la atención y la empatía de los Roldán ha sido el de Julia Horn, una estudiante alemana de 19 años que desapareció durante una excursión de senderismo en la provincia de San Juan en Argentina.
Lamentablemente, el cuerpo de Horn fue encontrado sin vida en una quebrada cuatro días después de su desaparición, marcando un desenlace trágico a su búsqueda. Según los informes, su muerte fue accidental, pero la eficacia de la investigación en el caso de Horn ha llevado a los Roldán a cuestionar las circunstancias que rodearon la desaparición de su propio hijo.
«No tenemos ninguna duda de que faltó un trabajo minucioso, profundo y profesional en la búsqueda de Marco», afirman los Roldán. Según ellos, los primeros oficiales que subieron al cerro en busca de Marco se retiraron cuando la noche cayó, alegando que no tenían medios de iluminación. Luis Roldán, el padre de Marco, considera que esto es equivalente a abandonar a una persona en una zona de temperaturas extremas durante la noche.
Los Roldán también critican la falta de comunicación por parte de las autoridades tras la desaparición de Marco. Tuvieron que enterarse de la desaparición de su hijo a través de un amigo de Marco, quien tuvo que pedir prestado un teléfono para informarles. Según la ley, las autoridades deberían haberse puesto en contacto con la familia después de 24 horas.
Una vez informados sobre la desaparición de Marco, los Roldán pidieron a las autoridades que rastrearan la ubicación de su teléfono móvil. Sin embargo, afirman que la georreferenciación del teléfono solo se realizó un mes después. Además, dicen que las pertenencias de Marco, que se encontraron en la escena, no fueron debidamente resguardadas para su análisis.
«Cuando llegamos, las pertenencias de Marco estaban en la carpa que ellos usaban y el francés ya no estaba, sin haberle tomado declaración», relata Luis. Según él, esa zona debería haber sido resguardada para fines investigativos, ya que podría haber proporcionado claves sobre la dirección que tomó Marco.
Según los Roldán, la falta de profesionalismo y diligencia en la investigación de la desaparición de Marco les lleva a sospechar que las autoridades estaban más interesadas en evitar encontrar pruebas que en resolver el caso.
En contraste, el padre de Marco señala que en el caso de Julia Horn, se solicitó un helicóptero de búsqueda de inmediato, algo que no ocurrió hasta 15 días después de la desaparición de su hijo. Además, un equipo de investigación intervino desde los primeros días, mientras que, en el caso de Marco, esto no sucedió hasta diez días después, y la Policía de Investigaciones (PDI) no intervino hasta cuatro meses después.
Luis Roldán sostiene que todos estos detalles están registrados en la carpeta de investigación sobre la desaparición de Marco. Recientemente, el bufete de Nelson Caucoto presentó una nueva querella por secuestro y posible asesinato, basándose en los resultados de la última diligencia realizada en marzo de 2024, que descartaba la posibilidad de un accidente en el cerro.
A pesar de los años transcurridos y la falta de avances significativos, los Roldán continúan su incansable búsqueda de justicia para su hijo Marco, con la esperanza de que algún día puedan encontrar respuestas a las preguntas que todavía los atormentan.
