Julio López, a 20 años de su segunda desaparición: una muestra inmersiva en La Plata

A dos décadas de la segunda desaparición de Jorge Julio López, se llevó adelante en La Plata la muestra inmersiva Julio López PRESENTE. La ciudad fue el lugar donde nació, militó, declaró en el juicio contra Miguel Ángel Etchecolatz y donde fue secuestrado. La propuesta aborda una memoria que, según plantea la muestra, continúa siendo incómoda para el poder y los distintos gobiernos.

La actividad se pregunta cómo recordar un hecho doloroso sin limitar la historia a una sucesión de víctimas y tragedias, y al mismo tiempo transmitir la voluntad transformadora que atribuye a la generación revolucionaria de los años 70. Imágenes, sonidos y obras artísticas formaron parte de ese recorrido.

El historiador italiano Alessandro Portelli escribió sobre La Plata que es una ciudad donde resulta imposible caminar sin percibir la historia bajo los pies, una historia reciente que todavía sangra. La ciudad estuvo entre las más castigadas por la dictadura, en parte por la confluencia de un fuerte movimiento obrero y una extendida cultura estudiantil.

La realización de la muestra coincidió con fechas significativas: pocos días antes se cumplieron 50 años de la Noche de los Lápices, y el próximo 24 de noviembre se cumplirán también cinco décadas del ataque a la denominada Casa de los Conejos.

La muestra cuestiona las conmemoraciones oficiales de los años 70 que, según su planteo, suelen presentar una visión centrada exclusivamente en víctimas y desgracias, sin consecuencias para el presente. También sostiene que los asesinados y desaparecidos de aquella década fueron mayoritariamente luchadores, militantes y combatientes caídos, y no solamente víctimas.

Durante aquellos años, La Plata participó del ascenso revolucionario mediante debates políticos en el Comedor Universitario, espacio de organización de la solidaridad obrero-estudiantil, y a través de la Coordinadora local de gremios y empresas en lucha. Esta agrupaba activistas combativos y antiburocráticos de 16 empresas y lugares de trabajo de La Plata, Berisso y Ensenada, entre ellos la UNLP, Propulsora Siderúrgica, el Astillero Río Santiago, Petroquímica Sudamericana y trabajadores de la carne de Berisso.

El artículo contrapone esa experiencia con lo que define como la gestión de una “democracia de la derrota”, sin revertir en lo esencial la herencia de la dictadura y del menemismo, aunque acompañada por un discurso de derechos humanos durante los gobiernos peronistas desde comienzos de este siglo.

La segunda desaparición de López, ocurrida el 18 de septiembre de 2006, continúa siendo presentada como un hecho profundamente incómodo para el poder. Tras la movilización popular de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, fueron anuladas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y se reanudaron los juicios por crímenes de lesa humanidad. Uno de los primeros procesos fue el que llevó al banquillo al comisario bonaerense Miguel Ángel Etchecolatz.

López fue un testigo central en esa causa y desapareció el día en que se dictó la sentencia. La muestra sostiene que el secuestro fue cometido por sectores vinculados a la misma policía, con el propósito de intimidar a futuros testigos. Destaca además el papel de Myriam Bregman, abogada de López, en el impulso a las movilizaciones por su aparición con vida. Según el artículo, los gobiernos de Felipe Solá en la provincia y de Néstor Kirchner a nivel nacional obstaculizaron sistemáticamente la investigación.

También se menciona que, durante esos años, sectores del gobierno provincial y de la gestión municipal encabezada por el peronista Julio Alak, hoy nuevamente intendente, habrían encubierto a dos integrantes de la CNU, organización fascista de la derecha peronista acusada de asesinatos: el Indio Castillo y Pipi Pomares. El caso tomó estado público años después a partir de investigaciones periodísticas de Daniel Cecchini y Alberto Elizalde Leal.

El texto señala además que, con Axel Kicillof como gobernador, el peronismo provincial y local realiza homenajes a José Ignacio Rucci, a quien caracteriza como un burócrata sindical de la derecha peronista vinculado a la CNU, al tiempo que incorpora figuras como Santiago Cúneo.

En contraste con ese enfoque, la muestra incorporó testimonios de personas movilizadas durante aquellos años: activistas de derechos humanos, hijos de desaparecidos, abogados e integrantes del CeProDH, organización de la que forma parte Myriam Bregman. Los relatos reconstruyeron la lucha por el juicio y castigo a los genocidas desde 1983, así como la posterior pelea contra la impunidad y por la aparición de Julio López.

La propuesta fue concebida como un homenaje a la generación de los años 70 y a las generaciones posteriores que buscaron recuperar aquella experiencia, además de presentarse como parte de la lucha por una sociedad sin explotación ni opresión.

La actividad integra un ciclo iniciado en julio con otra muestra inmersiva multimedia, organizada por los 90 años del comienzo de la Guerra Civil Española. El programa continuará con nuevos eventos de este tipo hasta fin de año.

El registro de la muestra puede verse en video.