La novela Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas, obtuvo el I Premio Internacional de novela breve, convocado por la editorial mexicana Almadía y la Fundación Ventosa-Arrufat, con presencia en México y Cataluña. El reconocimiento incluía 20.000 euros y la publicación de la obra. Sin embargo, una nota de El País acusó al autor de haber empleado inteligencia artificial para escribir el libro, tras lo cual se suspendió la entrega del galardón. Según el artículo original, la prueba presentada por el diario se basó en la evaluación de otra IA.
Después de la publicación de El País, Almadía también interrumpió las presentaciones del libro en el Estado español. Aunque la editorial manifestó respaldo a la palabra de Silva Rojas y al criterio del jurado —integrado por Selva Almada, Cristina Rivera Garza y Mónica Ojeda—, informó que llevará adelante una revisión exhaustiva. Por su parte, el escritor ofreció los borradores, cuadernos y transcripciones de entrevistas que, según sostiene, documentan las distintas etapas de su proceso de escritura.
La nota cuestionada utilizó como fundamento los resultados de Pagram, una herramienta de IA que busca identificar si un texto fue producido por una máquina o por una persona. El texto plantea que esta metodología resulta paradójica, ya que las IA se entrenan con escritura humana y se desarrollan para imitarla cada vez con mayor precisión. Por ello, sostiene que distinguir entre textos humanos y automatizados es una tarea crecientemente compleja, incluso para otras herramientas de IA.
El artículo advierte además que Pagram tiene margen de error y que su resultado no debería constituir la única fuente de una información con posibles consecuencias económicas y morales para el autor, la editorial, la Fundación Ventosa-Arrufat y las tres integrantes del jurado. En esos días, circularon videos en los que libros escritos durante la década de 1990 eran analizados por la herramienta y recibían altos porcentajes de probable uso de IA.
Desde esta perspectiva, una detección elevada podría indicar que una obra comparte rasgos con numerosos textos presentes en los repositorios empleados para entrenar sistemas de IA, y no necesariamente que haya sido escrita por una máquina. También se señala que una herramienta podría detectar asistencia automatizada en correcciones ortográficas o sintácticas, algo diferente de atribuir a una IA la autoría integral de una novela.
La crítica a El País apunta a que el diario no habría contrastado esos resultados con otras fuentes ni habría profundizado en la investigación que pudo realizar Silva Rojas para construir su obra. El libro aborda la experiencia de trabajadoras rurales, y el texto original cuestiona que no se indagara sobre las condiciones laborales, los juicios laborales, las denuncias por acoso o violación en ámbitos de trabajo en Ica y otras áreas rurales de Perú. Tampoco, señala, se consultó al escritor —que es abogado— sobre posibles entrevistas, grabaciones o transcripciones vinculadas con esa investigación.
Silva Rojas ganó el concurso entre 2.204 novelas. El artículo sostiene que, para cuestionar el criterio de Almada, Rivera Garza y Ojeda, sería necesario un análisis más riguroso que someter un PDF a una plataforma como Pagram. Incluso plantea que debería impedirse la publicación de noticias sustentadas únicamente en una IA, antes que excluir de los concursos literarios a obras realizadas con asistencia de estas tecnologías.
Una lectura de la novela
Donde el agua trabaja está narrada por una trabajadora que viaja a Ica, Perú, para una temporada de cosecha. De acuerdo con la lectura expuesta en el texto original, los recursos que El País habría señalado como indicios de IA —como las oraciones breves y la ausencia de subordinadas— podrían interpretarse, en cambio, como una elección narrativa consistente para transmitir el agotamiento y las condiciones de trabajo esclavizantes.
Las frases cortas, los diálogos interrumpidos y aquello que queda sin decir construyen, según esta apreciación, una sensación de repetición mecánica, cansancio y asfixia. La violencia sexual no aparece de forma explícita, una decisión que el artículo valora por su sutileza y su efecto desgarrador. También destaca una intención narrativa sostenida, una cadencia poética trabajada y un uso de métrica y rima dentro de la prosa, que en algunos pasajes se quiebra en versos.
La obra es vinculada con tradiciones del realismo latinoamericano y caribeño, junto a títulos como La Patagonia rebelde, Autobiografía de mi madre, de Jamaica Kincaid; Biografía de un cimarrón, Autobiografía de un esclavo y Los ríos profundos, de José María Arguedas. El texto considera que la novela de Silva Rojas se inscribe en una tradición que narra las distintas continuidades históricas de la esclavitud en América Latina desde la conquista.
La autora del artículo reconoce que la novela puede resultar agobiante y expresa que esperaba una ruptura de esa normalidad mediante la resistencia, la organización o un giro narrativo. No obstante, concluye que también son necesarias obras que permitan a quienes no han escuchado ni vivido relatos de esclavitud acercarse a esas experiencias.
El texto enfatiza que escribir no se reduce a ordenar palabras o colocar signos de puntuación: implica investigar, reflexionar, leer, seleccionar referencias, rendir homenajes, debatir ideas y trasladar experiencias e imágenes al lenguaje. En ese sentido, sostiene que el proceso de escritura es a la vez intelectual y sensible.
Finalmente, el artículo reflexiona sobre las posibilidades creativas de una eventual «novela de prompts». Señala que, si la obra de Silva Rojas hubiese sido producida con IA, el autor podría ser considerado un destacado creador de instrucciones. Relaciona esa hipótesis con Macedonio Fernández, quien influyó en Borges y escribió un libro formado solamente por prólogos, así como con el efecto de El jardín de senderos que se bifurcan, de Borges. También menciona 200 ideas para libros (2017), de Mariano Blatt, como un antecedente previo a la IA generativa. La conclusión plantea que los concursos literarios podrían flexibilizar sus reglas, ya que la literatura suele avanzar a partir de obras que desafían las convenciones establecidas.
