La periodista y escritora Andrea Robles fue entrevistada por Alejandro Bercovich en el programa Pasaron Cosas, de Radio Con Vos, a propósito de su libro Mi padre, la revolución y la Triple A, publicado por Ediciones IPS. La obra reconstruye la trayectoria de su padre, César Robles, y aborda el accionar de la organización paraestatal Triple A.

César Robles era militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Fue secuestrado y acribillado por un comando de la Triple A el 3 de noviembre de 1974. Según relató su hija, comenzó su militancia en 1957 dentro de la corriente trotskista de Nahuel Moreno y formó parte de una generación política que atravesó las décadas de 1950, 1960 y 1970.

La primera parte del libro reúne testimonios, cartas, documentos, semblanzas y otras fuentes de primera mano para reconstruir la experiencia de esa corriente política. Robles sostuvo que, además de defender una perspectiva de revolución obrera y socialista, tuvo una participación activa en luchas obreras y estudiantiles durante casi dos décadas. También señaló sus experiencias compartidas con sectores del peronismo a fines de los años 50 y con la corriente vinculada luego al PRT-ERP y a Mario Santucho durante los años 60.

En ese recorrido, ubicó como un hecho central el golpe cívico-militar de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón, en un contexto que caracterizó como de ofensiva estadounidense en América Latina luego de la Segunda Guerra Mundial.

Para Robles, recuperar aquellos procesos constituye una “cita pendiente” con las generaciones que lucharon entonces. Consideró que la experiencia histórica permite no empezar desde cero ante debates actuales sobre soberanía, independencia nacional, condiciones laborales y educación pública. En ese sentido, afirmó que las nuevas generaciones estudiantiles vuelven a plantear discusiones sobre la revolución frente a un capitalismo que definió como decadente.

La autora remarcó que durante esos años existieron distintos momentos de confluencia política. Mencionó la resistencia peronista de fines de los 50 y el posterior surgimiento del peronismo de izquierda en los años 70. A la vez, diferenció la estrategia de ese sector, subordinada a Perón según su análisis, de la posición del PST, que planteaba una alternativa independiente de la clase trabajadora y los sectores oprimidos.

La segunda parte de Mi padre, la revolución y la Triple A está dedicada a investigar a la Triple A, definida por Robles como una banda paraestatal amparada e impulsada por el Estado. La organización operó entre 1973 y 1976, como antesala del golpe de Estado, y llevó adelante más de 1.500 asesinatos de opositores de izquierda, peronistas de izquierda, dirigentes obreros, abogados de derechos humanos y referentes estudiantiles, entre otros. También perpetró atentados, persecuciones y acciones que llevaron al exilio a figuras de la cultura, como Manuel Puig.

Sobre la continuidad entre ese accionar y el terrorismo de Estado posterior, Robles citó al historiador Alejandro Horowicz y su libro Los cuatro peronismos. Explicó que, de acuerdo con ese análisis, Perón no proyectaba una masacre colectiva, sino una combinación de aislamiento político, “terror en grageas homeopáticas” mediante la Triple A y un programa económico. Tras la muerte de Perón y la asunción de Isabel Martínez, indicó, la represión se volvió más sistemática y se sumó la intervención del Ejército mediante un decreto presidencial de febrero de 1975, en un proceso que abrió paso a la dictadura militar.

Robles es querellante en la causa que investiga los crímenes de la Triple A. Señaló que se responsabilizó a José López Rega, ya fallecido, y a algunos cabecillas, entre ellos Morales y Almirón, aunque consideró insuficiente el avance judicial. Destacó que la reapertura de la causa y el reconocimiento de estos hechos como delitos de lesa humanidad fueron logros del movimiento de derechos humanos, pero sostuvo que no se avanzó hasta las últimas consecuencias sobre los responsables materiales e intelectuales.

También recordó que en 1984 hubo un acuerdo entre el entonces presidente Raúl Alfonsín y la titular del Partido Justicialista, Isabel Martínez de Perón, para no investigar los crímenes de la Triple A ni incluirlos en la CONADEP. En el caso de César Robles y de la mayoría de las víctimas de la organización, la investigación permanece bajo la figura de sobreseimiento parcial, archivada hasta la aparición de nuevas pruebas.

Sobre el asesinato de su padre, Andrea Robles relató que César vivía en Córdoba desde 1970, donde trabajaba en la construcción del partido. Tras perder un vuelo hacia esa provincia, se alojó en la casa de un conocido luego de participar de un congreso. Al salir, fue interceptado en la plazoleta de Primera Junta por un vehículo sin patente. Robles escapó inicialmente, pero fue capturado y subido al automóvil. Unas 20 cuadras después, fue acribillado con decenas de disparos, en lo que la autora identificó como parte del modus operandi de la Triple A para sembrar terror.

La escritora vinculó esa experiencia con la formación de una alianza obrera y estudiantil que desembocó en el Cordobazo. Según planteó, ese proceso incluyó la recuperación de organizaciones de base de la clase trabajadora y enfrentamientos con la burocracia sindical vandorista, tanto bajo gobiernos constitucionales como durante la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Robles sostuvo que, aunque el contexto actual es diferente y la revolución no aparece hoy como un horizonte posible en la Argentina del mismo modo que entonces, persisten problemas similares. Por ello, convocó a retomar las experiencias de aquellas generaciones para aprender de sus aciertos y errores.

El libro Mi padre, la revolución y la Triple A: crónica de una generación militante e investigación de un asesinato político puede adquirirse en Ediciones IPS.