“Déjame la esperanza / dame tiempo / que andando está el camino”. Braulio López, “Sin Fogón”.
La resistencia peronista utilizó la consigna “luche y vuelve” para reclamar el regreso de Perón. Sin embargo, tras su vuelta, Perón encabezó una política junto al enemigo y la burocracia sindical para frenar el avance de los trabajadores y los sectores populares.
A lo largo de la historia, la clase trabajadora luchó por conquistar y defender sus derechos cada vez que los poderes económicos, políticos o militares intentaron arrebatárselos.
En la actualidad, en Argentina y en buena parte del mundo, la derecha neofascista procura imponerse de forma abierta y sin disimulo. Hasta ahora contó con el respaldo de Donald Trump, aunque resta ver qué ocurrirá después de la abultada derrota que sufrió en Estados Unidos. Su discurso es violento, racista y antidemocrático, y favorece, como siempre, a la clase dominante.
Argentina padece el gobierno de Javier Milei, presentado como un lacayo vergonzoso de Estados Unidos, especialmente de Trump; subordinado al criminal de guerra Netanyahu y al FMI. Su gestión, atravesada por denuncias de corrupción, se apoya en fórmulas neoliberales que copia abiertamente y que deterioran la vida de las mayorías populares.
Cada vez más descontrolado y obtuso, Milei actúa como un matón feroz contra los sectores de abajo, mientras adopta una actitud sumisa frente a los poderosos.
Su gobierno arremete contra jubilados, personas con discapacidad, la universidad pública, la salud pública, maestros, profesores, la cultura y los trabajadores, bajo el argumento de que no hay dinero. Al mismo tiempo, reduce impuestos a los sectores más ricos y a las grandes empresas, y en numerosos casos los exime de pagarlos.
Además, entrega los bienes comunes y el país a capitales extranjeros. Para justificar estas medidas, recurre a la mentira con el objetivo de mostrar una realidad inexistente, así como a la represión violenta contra quienes se movilizan en las calles para reclamar aquello que les quitan.
Siguiendo el ejemplo de quien considera su jefe y sostén, el presidente convicto Trump —ahora derrotado de manera contundente por el electorado estadounidense—, Milei insulta a mandatarios de otros países que no comparten sus atropellos, provocando vergüenza ajena allí donde va.
Pero no es tiempo de limitarse a las quejas ni de quedar paralizados ante el carácter tenebroso del gobierno argentino. Es momento de resistir y luchar colectivamente, cada persona según sus posibilidades, para expulsarlos y construir entre todos una sociedad justa y democrática.
La oposición debe dirigirse no solo contra Milei y sus cómplices, sino también contra la posibilidad de un gobierno mileísta sin Milei, que, según se afirma, está siendo planificado.
Luche y se van.
