V8, una de las bandas fundacionales del heavy metal argentino, atravesó una etapa de intensas transformaciones antes de grabar El fin de los inicuos, su tercer y último álbum. Entre debates espirituales, cambios de formación, tensiones personales y una búsqueda musical singular, el disco dejó testimonio de una alineación irrepetible.
En enero de 1985, Beto Zamarbide y Gustavo Rowek, entonces cantante y baterista de V8, viajaron a Río de Janeiro para asistir a la primera edición de Rock in Rio. La experiencia de ver en vivo a figuras como Ozzy Osbourne, Iron Maiden y AC/DC los impulsó a pensar en Brasil como un posible mercado para la banda, en un contexto en el que el país todavía no contaba con grupos locales dedicados al género.
En marzo de aquel año, V8 publicó su segundo trabajo, Un paso más en la batalla. Sin haberlo presentado todavía en Argentina, sus cuatro integrantes se instalaron pocas semanas después en Santos, San Pablo, para intentar desarrollar allí su proyecto. Sin embargo, la convivencia fue conflictiva y la experiencia terminó mal: Ricardo Iorio y Zamarbide regresaron a Buenos Aires, mientras Rowek y Osvaldo Civile permanecieron en Brasil. Así quedó disuelta para siempre la formación clásica del grupo.
De regreso en Buenos Aires surgió la breve Mark II de V8, una formación transitoria que antecedió al grupo que grabaría El fin de los inicuos. Según reconstruyó Ana Mourín en su libro V8, un sentimiento, Iorio convocó a Walter Giardino después de haber visto a su banda Punto Rojo. Por su parte, Zamarbide propuso a Miguel Roldán, con quien mantenía una amistad. Giardino, a su vez, sugirió al baterista Gustavo Andino, también integrante de Punto Rojo.
La inédita formación de cinco músicos, con dos guitarras, comenzó a ensayar en el sótano de la casa de la familia Zamarbide, en Colegiales. Entre julio y agosto de 1985 realizó una sesión fotográfica en el Pasaje La Piedad que posteriormente apareció en la revista Riff Raff. El debut en vivo de la Mark II se produjo el 8 de septiembre en la Biblioteca Popular de Olivos, con dos funciones a sala llena y 500 asistentes en cada una.
Luego se sucedieron presentaciones el 14 de septiembre en Bernal, el 6 de octubre en el Teatro Ciudad de La Plata y el 12 de octubre en la nueva sede de La Esquina del Sol, sobre Libertador y Olazábal. De ese período se conservó una lista de diez canciones, difundida recientemente, con anotaciones como “tema de Walter” y “nuevo Walter”. Allí ya aparecían “Ciega ambición” y “Antes que los viejos reyes”, lo que indica que Giardino interpretó en vivo material que más tarde grabaría Roldán en El fin de los inicuos. Parte de aquellas composiciones, particularmente sus estructuras y líneas melódicas de solos, conservaría la impronta del guitarrista.
El formato de quinteto no se sostuvo. Después de una actuación en Belgrano, Gustavo Andino fue desvinculado. Rowek volvió a acercarse a V8 por intermedio de Giardino, aunque su regreso no llegó a concretarse. El final de la Mark II se produjo a partir del fuerte enfrentamiento entre Walter Giardino y Ricardo Iorio, una disputa que, según la leyenda, culminó a golpes en el sótano donde ensayaban.
Giardino sostuvo siempre que la banda rechazó cuatro canciones suyas que posteriormente formarían parte del debut de Rata Blanca. Sin embargo, Miguel Roldán afirmó tiempo después que esa versión de V8 llegó a tocar “Rompe el hechizo”. En 2013, cuando Beto Zamarbide y Walter Giardino volvieron a compartir un escenario durante un show de Rata Blanca, interpretaron “Lanzado al mundo hoy”, canción de Un paso más en la batalla.
Hacia fines de 1985, V8 se reorganizó como el cuarteto que terminaría registrando El fin de los inicuos: Zamarbide en voz, Iorio en bajo, Roldán como único guitarrista y Adrián Cenci en batería. Los ensayos se trasladaron de la vivienda de Zamarbide, en Colegiales, a la casa de Tomy Moya, en Villa Ballester. Esta alineación debutó el 20 de diciembre en el Teatro Lavardén de Rosario, en la primera presentación de V8 fuera de Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. El año terminó con un show el 29 de diciembre en la ex Esquina del Sol, en Gurruchaga y Guatemala.
El comienzo de 1986 fue intenso. El 6 de enero se suspendió un festival en el Deportivo Merlo que iba a reunir por primera vez a V8, Los Violadores y Sumo. Días más tarde, la banda tocó en Gracias Nena, en Chacarita. El 8 de febrero se presentó en Quilmes con Mark I como grupo soporte, una banda de Llavallol en la que cantaba un joven Claudio O’Connor y tocaba la batería Fabián Spataro, quienes luego serían compañeros de Iorio en la primera formación de Hermética.
Después de ese recital, las actuaciones en vivo se interrumpieron y los ensayos quedaron limitados a los sábados. Las exigencias cotidianas también pesaban: Iorio trabajaba en el Mercado del Abasto y Zamarbide era taxista. En septiembre de 1986 ingresaron a los estudios Panda para grabar El fin de los inicuos. Las sesiones fueron urgentes: Zamarbide registró voces inicialmente pensadas como demos, pero la falta de horas de estudio hizo que esas tomas preliminares quedaran como definitivas. La edición también fue accidentada: al casete le faltaba una canción y el LP no incluyó las letras en su sobre interno.
El arte y las letras expresaban un intenso debate teológico dentro del grupo. El álbum iba a titularse inicialmente El vivo sustento del inquisidor y tendría un dibujo realizado por Iorio. Finalmente, se optó por rebautizarlo como El vivo sustento del inquisidor e ilustrar la portada con La tentación, pintura del artista renacentista El Bosco, de 1460.
Para entonces, Ricardo Iorio estaba influido por la Escuela Científica Basilio y el espiritismo, corrientes a las que había llegado a través de los padres de Osvaldo Civile. El propio músico contó que asistió a una Escuela Espírita cercana al Abasto y, al encontrarla cerrada, tomó la correspondencia y los libros que sobresalían por una rendija. Sus lecturas de Lobsang Rampa y Allan Kardec moldearon un misticismo atravesado, a la vez, por un fuerte trasfondo católico. Sus compañeros, en cambio, se orientaban hacia el evangelismo.
La confrontación ideológica y filosófica se trasladó a las letras del disco. Ana Mourín señaló que Iorio concibió “La gran ramera” como una denuncia del engaño oculto en la Iglesia; “Ciega ambición”, como una reflexión sobre la falta de posibilidades ofrecidas por el sistema; “El fin de los inicuos”, sobre el egoísmo ligado a la ambición desmedida; “El vivo sustento del inquisidor”, sobre las imposiciones de las instituciones religiosas; “Antes que los viejos reyes”, sobre la represión ejercida por los militares enfermos de poder; y “Reina ciega”, sobre el rumbo de la humanidad y su egoísmo.
Las excepciones a la autoría de Iorio fueron “Trágico siglo”, cuya letra pertenecía a Zamarbide, y el “Salmo 58”, adaptación de versos del Rey David musicalizada por Roldán. También estuvo el caso de “No enloqueceré”, una reescritura de “Voy a enloquecer”, tema que Iorio había creado en 1979 junto a Chofa Moreno bajo el nombre “Con este ardor”. De acuerdo con documentos de SADAIC, la canción fue registrada en 1982 con su título original, aunque Iorio también había considerado nombres como “Ya no sé quién soy” o “Enloquecer”. Años después, volvería a grabarla con su letra original en Mundo guanaco, el primer disco de Almafuerte.
Zamarbide descartó que la ruptura posterior estuviera motivada por odio personal. “Con Ricardo siempre estuvo todo bien, teníamos una relación de mucho cariño y amor. La separación de V8 fue por una cuestión artística e ideológica”, expresó. También sostuvo que ambos se consideraban cristianos, aunque Iorio defendía con vehemencia sus creencias espiritistas.
El cantante definió el final de V8 como una suerte de “Concilio”, atravesado por discusiones sobre el protestantismo, el cristianismo catarí, la reencarnación y distintas interpretaciones del dogma católico. Según explicó, más allá de esas diferencias, Cristo era un punto de unión entre ambos. Iorio se definía como un “perro cristiano”, una referencia que Zamarbide vinculó con los dominicani, los perros de Dios, y con la condición marginal atribuida a los primeros cristianos.
Las composiciones también contenían una dimensión musical ligada al folclore. Zamarbide había estudiado folclore, se había recibido como profesor de danzas nativas y había debutado a los ocho años bailando un malambo en la Escuela Nacional de Danza. A su vez, el padre y los hermanos de Gustavo Andino eran folcloristas de peñas.
El ejemplo más claro de esa influencia fue “Antes que los viejos reyes”. Cuando Iorio le mostró la canción a Zamarbide, le advirtió que se trataba de una chacarera. El tratamiento de Giardino y la distorsión pesada la llevaron hacia un sonido de heavy metal cercano a Rainbow, pero la base rítmica de batería conservó la esencia de una chacarera. Para Zamarbide, esa raíz sería desarrollada de manera notable por Iorio en Hermética y, sobre todo, en Almafuerte, un proyecto que en sus últimos años se acercó más al folclore y al tango que al metal estricto, tanto en su música como en su lenguaje.
En la segunda mitad de 1986, el presente de V8 era sombrío. El 12 de septiembre, el cuarteto integrado por Iorio, Zamarbide, Roldán y Cenci volvió a tocar en Rosario, en el Club Unión y Progreso, ubicado en los suburbios de la ciudad. En octubre completaron la mezcla y el cierre de su tercer álbum.
La presentación oficial de El fin de los inicuos tuvo lugar el domingo 7 de diciembre en el Centro Parakultural. La tensión era palpable: Zamarbide recordó que, durante “Destrucción”, el pogo fue tan violento que una persona escribió las siglas “V8” en una pared con su propia sangre.
El desgaste interno ya era profundo. Las relaciones personales estaban quebradas, la banda había perdido su impulso y comenzó a tocar en espacios pequeños, en condiciones precarias y con frecuentes desbordes del público. El epílogo llegó en los primeros meses de 1987: el 17 de enero actuaron cerca de Villa Fiorito y el 24 tocaron en Midnight, en Rafael Castillo. Esa última fecha terminó con graves incidentes y una fuerte represión policial mediante gases lacrimógenos.
Los últimos recitales fueron el 4 de julio en Gasoline, en la esquina de Córdoba y Juan B. Justo, y finalmente en octubre de 1987 en Taiwán, un local de San Telmo. De esa etapa final sobreviven algunos videos de baja calidad que circulan en internet, preservados por Joaquín Amat en su cuenta de YouTube. Así concluyó la historia de la banda fundacional del metal argentino, dejando canciones perdurables y un debate que aún permanece abierto.
