Buenos Aires albergará en 2027 el próximo Encuentro Plurinacional, que regresará a la ciudad donde nació en 1986 y que no se realizaba allí desde 1996. En su cuadragésima edición, el evento reunirá una tradición de cuatro décadas construida por distintas generaciones de mujeres, lesbianas, travestis, trans y personas no binaries, a partir de intercambios y debates colectivos considerados únicos en el mundo.

La convocatoria se desarrolla en un escenario político que el texto define como decisivo. Mientras el gobierno de Javier Milei profundiza su ofensiva sobre las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras, las mujeres enfrentan consecuencias en sus salarios, empleos, jubilaciones y vida cotidiana. A ello se suma una mayor carga de trabajo de cuidados no remunerado y el endeudamiento para afrontar el alquiler, los servicios y las compras mensuales.

En la Ciudad de Buenos Aires, el artículo cuestiona la gestión de Jorge Macri, a la que acusa de intentar imponer un régimen policial. Menciona operativos represivos en barrios populares, desalojos violentos contra mujeres e infancias sin vivienda, así como golpes y detenciones de vendedoras ambulantes, entre ellas algunas personas con discapacidad. También señala que se intentó prohibir la Marcha del Orgullo del 7 de noviembre y que finalmente fue restringida a un área reducida alrededor del Congreso, impidiendo que el movimiento LGTBIQ+ se movilice hacia la Casa Rosada o exprese frente a la Catedral la consigna “Iglesia y Estado, asunto separado”.

Según el texto, las mujeres también son protagonistas de las luchas contra el ajuste nacional y de la resistencia a la represión en la Plaza del Congreso, vinculada con la ley de tierras y el reclamo por la derogación del DNU 70/23. Asimismo, participaron de la Marcha de la Bronca en Plaza de Mayo. El artículo destaca los paros de los sindicatos docentes, la presencia mayoritaria de mujeres en las movilizaciones de residentes de hospitales porteños por bajos salarios y el acompañamiento a trabajadores y trabajadoras del subte.

En este último conflicto, se menciona la pelea contra la contaminación por asbesto y el reclamo por la reincorporación de Araceli Pintos, despedida tras denunciar que un policía de la Ciudad la acosaba en su lugar de trabajo. El texto recuerda además la detención de metrodelegados que acompañan esa causa y sostiene que no alcanza con responder a cada ataque por separado, sino que es necesario construir una fuerza común capaz de derrotarlos.

Para la mayoría de las mujeres y personas LGTBIQ+ de la Ciudad, el 40º Encuentro representa un apoyo central para esa tarea. Su relevancia, plantea el artículo, no depende únicamente de la cantidad de personas que lleguen desde distintos puntos del país, de la movilización en las calles o de su impacto durante un fin de semana. También está en juego cómo utilizar desde ahora esa fuerza y cómo tomar decisiones para que el Encuentro intervenga sin demoras en las luchas en curso.

El 39º Encuentro en Córdoba, afirma el texto, evidenció la vitalidad de los feminismos, pero dejó abierto un debate sobre los mecanismos de decisión: quiénes determinan qué se puede hacer, cómo se define la sede siguiente y cuál es el papel de los talleres. Pan y Rosas, organización que sostiene esta posición desde hace 23 años, propone que en esos espacios se resuelvan los planes de lucha, la sede del próximo Encuentro y todas las iniciativas que las participantes quieran presentar. La consigna es: “Si el Encuentro es de todas, decidamos todas”.

El planteo cuestiona que la organización quede subordinada a acuerdos entre agrupaciones políticas y sostiene que una estructura verdaderamente democrática permitiría al movimiento desplegar toda su fuerza. También propone que el Encuentro no se limite a un acontecimiento anual que finaliza al tercer día, sino que contribuya a organizar las luchas en los lugares de trabajo, universidades, escuelas y barrios, y que favorezca la coordinación frente al ajuste, las violencias machistas, los crímenes de odio y la precarización.

Como ejemplo de estas problemáticas, el artículo menciona las detenciones de Cristian Valderrama y Lucas García, integrantes del colectivo trans, por portar una bandera argentina en una protesta en Plaza de Mayo. La misma bandera había adquirido repercusión internacional cuando fue levantada frente a los chorros de agua helada de los camiones hidrantes durante la represión de la Policía Federal en la movilización del 15 de octubre en la Plaza del Congreso.

En ese marco, se sostiene que la Comisión Organizadora de cada Encuentro no puede mantenerse al margen de lo que sucede durante el resto del año. Por eso, se convoca a participar de la Marcha del Orgullo del 7 de noviembre y a impulsar una gran jornada de lucha el 25 de noviembre, contra la violencia de género, los femicidios, los crímenes de odio, la criminalización de la protesta, la persecución a luchadoras y luchadores y la violencia económica que obliga a vivir endeudadas, sin salarios y en condiciones de fuerte precariedad.

La propuesta es que el 25 de noviembre vuelva a haber una movilización masiva y que los sindicatos de la Ciudad de Buenos Aires, conducidos por la oposición, llamen a un paro general con las trabajadoras al frente y por el conjunto de los reclamos. El texto remarca que las jóvenes que asisten por primera vez, las trabajadoras organizadas en sindicatos, estudiantes, jubiladas, feministas independientes y quienes no militan en ninguna organización deben sentir que el espacio les pertenece, que sus opiniones cuentan y que sus decisiones tienen peso en la acción.

El objetivo planteado es que el 40º Encuentro no sea solo una reunión multitudinaria, sino un movimiento organizado desde abajo, en los lugares de trabajo, escuelas, universidades, hospitales, barrios y comunidades. Además de expresar el malestar, propone convertirlo en fuerza colectiva mediante el encuentro, la deliberación y la decisión compartida sobre cómo luchar. La convocatoria concluye con la idea de sostener esa fuerza en movimiento hasta la fecha del Encuentro para impulsar cambios profundos.