El pasado jueves, en la sede de la Real Academia Española, se presentó, con la solemnidad propia del caso, un libro fascinante: El diario secreto de John F. Kennedy, cuyo título ya anticipa su interés. Se trata de las anotaciones, tomadas en vísperas de la segunda guerra mundial, de un estudiante norteamericano de veinte años de edad que con el tiempo se iba a convertir en el carismático, y trágico, presidente de Estados Unidos, que encarnaría las esperanzas de cambio y libertad de su generación. Entonces era un chaval ligón, afortunado, inquieto, curioso…

En la mesa de presentación del libro de Vegueta editorial participaron Santiago Muñoz Machado, el director de la Real Academia Española, y autor del prólogo del libro; Oliver Lubrich, editor y profesor, y autor del epílogo, que se había desplazado de Berna, donde trabaja, para este acto. Julissa Reynoso, la culta y sabia embajadora de los Estados Unidos en Madrid, y la misma Eva Moll de Alba, editora de Vegueta.


Eva Moll, editora de Vegueta, en la Real Academia Española

RAE

Eva Moll definió el libro como el diario de un joven estudiante americano que visita la efervescente Europa de 1937, sin la más remota idea de que con el tiempo llegaría a ser presidente de los Estados Unidos. Se explayó Eva Moll sobre la tarea del editor: “Procuramos que lleguen los libros de la mejor manera a los lectores, pero también nos gusta encontrar libros escondidos, ¿Cómo elegimos los libros que publicamos? Es cuestión de instinto, de sorpresa, o cuando se nos presenta la necesidad de rescatar temas del pasado que por un motivo u otro vuelven a estar presentes. Pero lo principal es la voluntad de transmisión de conocimiento de libros que nos ayudan a viajar en el tiempo, a entender la Historia”.

En este caso concreto, la pista fue un e-mail del traductor Aníbal Campos. El editor alemán, explicaba Campos, estaba entusiasmado por publicar este diario que nunca había salido en inglés. A Moll le llamó la atención el tema, “sobre todo tratándose de un observador como Kennedy en una época tan destacada, las vísperas de la catástrofe. Tuvimos el privilegio de que Santiago Muñoz escribiese una introducción».

Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, en el acto sobre el libro de Kennedy


Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, en el acto sobre el libro de Kennedy

RAE

Si Eva Moll tuviese que destacar dos características del libro, son “en primer lugar, que se trata de un diario íntimo, a modo de reflexión y memoria de un viaje, no concebidos para publicarlos. Hemos contextualizado con la introducción y el epílogo. El joven Kannedy viajó a Alemania, y a buena parte de Europa, acompañado de un amigo de su edad: eran dos chicos jóvenes, en busca de diversión, salían con chicas, pero también tenían ideales e inquietudes”.

El libro viene enriquecido por unas cuantas fotografías, llenas de encanto, del Kennedy joven, hasta ahora desconocidas. La editora espera que, sesenta años después de su brutal asesinato, el diario juvenil de Kennedy contribuya a “seguir descubriendo aspectos desconocidos hasta ahora” del histórico personaje.

Santiago Muñoz Machado; la embajadora de Estados Unidos, Julissa Reynoso y el editor Oliver Lubrich


Santiago Muñoz Machado; la embajadora de Estados Unidos, Julissa Reynoso y el editor Oliver Lubrich

RAE

El director de la Real Academia subrayó la voluntad concienzuda del futuro político, que sostuvo el empeño de escribir cada noche lo que él y su compañero de viaje habían visto durante el día. Sus intereses eran culturales, centrados en los museos, las catedrales, las obras de arte que les conmovían. El año de 1937, mientras en España arreciaba la Guerra Civil, fue “crucial en la historia de Italia y Alemania. Estaba por llegar el inicio de la violencia, pero Alemania aún era un país normal, en el sentido de que se podía visitar sin sobresaltos”.

Santiago Muñoz Machado señaló que ha usado la oportunidad del prólogo para contextualizar “los tres años de presidencia de Kennedy, definibles por su apasionado amor por la libertad, la crisis de Cuba, su decidida acción contra la segregación racial”, y por tres discursos famosos: “El de la toma de posesión, una pieza oratoria que lo elevan a uno de los mejores presidentes de su país. Para el segundo, en 1961, reunió al cuerpo diplomático acreditado en Washington y pronunció el discurso que se considera fundacional para la alianza de la civilización. Un llamamiento a una alianza para el progreso. El tercero, Berlín, 1963: Alemania, ya partida entre los dos bloques, sufrió el oprobio de la construcción de un muro que la dividía. Kennedy vuelve a Alemania y pronuncia un discurso memorable».

Portada del libro 'El diario secreto Kennedy'


Portada del libro ‘El diario secreto Kennedy’

VEGUETA

Barcelona

El editor Lubrich explicó que él es, en realidad, berlinés, y en Alemania “John F. Kennedy tiene un estatus casi mítico. Cada año se celebra su visita de 1963. Pero la gente no sabe que ya había estado allí tres veces: en 1937, en 1939 y en 1945, ya que unas semanas después de la guerra volvió en función de reportero de prensa, que nunca publicó sus reportajes. Y estos textos son interesantes a dos niveles: nos muestran cómo un joven americano de buena educación percibía el estado de la sociedad totalitaria, prueban su percepción auténtica».

El problema central, en política exterior, de la presidencia e Kennedy “fue el conflicto con la URSS, y los ángulos fundamentales de este desafío se le plantearon por primera vez en Alemania, cuando vio cómo funciona la sociedad totalitaria, reflexionó sobre cuál es la actitud correcta de un país democrático, y en cómo evitar una guerra. En 1939, antes de la guerra, en agosto, dibuja un diagrama de cómo evitar la guerra. 

La juventud y los errores de percepción

En los diarios de Kennedy, explicó el director de la RAE, “hay errores de percepción –al fin y al cabo es el diario de un chico de 20 años— y también aciertos y lecciones que aprender sobre la observación y análisis de los países totalitarios”.  

La embajadora Julissa Reynoso resaltó la excelente traducción del libro y señaló que el legado de Kennedy “está envuelto en tristeza, inspiró a muchos, pero no pudo ver cumplidos ninguno de sus compromisos…” Destacó la liberalidad de Kennedy y su profundo sentido de la amistad, patente en estos diarios. Su compañero de viaje –cuyas observaciones quedan también recogidas en el libro de Vegueta– era notoriamente gay, “pero eso no impidió que fueran lealísimos amigos, en una época mucho menos tolerante. Este vistazo a la amistad ayuda a comprender la posición de Kennedy en cuanto a derechos civiles, y la igualdad de todas las personas”.

El libro, en resumen, ofrece una imagen inédita, cálida, interesantísima, del presidente Kennedy cuando aún no era presidente, pero era algo mejor: ¡era joven!

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