Francia: del Mayo de 1968 a la rebelión estudiantil actual, una historia de luchas juveniles

La actual movilización de estudiantes secundarios y universitarios en Francia se inscribe en una extensa tradición de protestas contra los recortes educativos, la precarización laboral, la selección social y las políticas gubernamentales que trasladan el costo de las crisis a trabajadores y jóvenes. Bloqueos, ocupaciones, asambleas y manifestaciones han sido herramientas recurrentes de movimientos que, en distintas etapas, consiguieron frenar medidas oficiales.

Mayo de 1968: estudiantes y trabajadores frente al poder

El antecedente más emblemático es el Mayo Francés de 1968. El gobierno de Charles de Gaulle promovía una reforma de la Seguridad Social y cambios en la educación que dificultaban el ingreso a la universidad y profundizaban la selección. En los colegios secundarios, además, regían normas que restringían la actividad política. Estas medidas encontraron resistencia entre trabajadores y estudiantes, en un contexto atravesado también por la oposición a la guerra de Vietnam.

El proceso comenzó a desarrollarse en marzo. El 22 de ese mes, estudiantes ocuparon la Universidad de Nanterre, próxima a París, para exigir la liberación de jóvenes detenidos en movilizaciones contra la guerra. De esa acción surgió el denominado Movimiento del 22 de Marzo. En abril, mientras los trabajadores de Sud-Aviation iniciaban una huelga de brazos caídos, una asamblea estudiantil en la Sorbonne fue atacada por grupos fascistas. La represión y la respuesta estudiantil prepararon el escenario para la revuelta de mayo.

El 10 de mayo se produjo la conocida como noche de las barricadas. En el Barrio Latino se levantaron más de 60 barricadas en pocas horas y la policía desplegó una fuerte represión. Miles de estudiantes resistieron junto a cientos de jóvenes obreros de los suburbios parisinos. Más de 30.000 personas evitaron que la policía ingresara al barrio, mientras habitantes de la zona colaboraban con los manifestantes mediante proyectiles y refugio.

Lejos de aislar la protesta, la represión llevó a las centrales sindicales a convocar una huelga general y favoreció la confluencia entre estudiantes y trabajadores. La huelga general comenzó el 12 de mayo y, entre el 14 y el 15, se extendieron las ocupaciones fabriles. Sud-Aviation estuvo entre las primeras empresas ocupadas: sus trabajadores retuvieron al director e invitaron a otras plantas a seguir el mismo camino. Luego se sumaron Renault, portuarios, mineros, campesinos, ferroviarios y trabajadores del transporte, los astilleros, la televisión, el gas y la electricidad.

La movilización estudiantil ganó fuerza al encontrar respaldo en la clase trabajadora. Se formaron comités de acción y se realizaron encuentros entre estudiantes y trabajadores en las facultades. Jóvenes obreros participaron de las huelgas y expresaron su disposición a sostener la lucha, incluso cuando las direcciones sindicales proponían regresar al trabajo. Aunque el movimiento no alcanzó el triunfo, dejó como enseñanza que la juventud puede abrir una crisis política y potenciar su fuerza al vincularse con los trabajadores.

1986: rechazo a la selección universitaria

En 1986, una nueva gran movilización enfrentó el proyecto de reforma universitaria del ministro Alain Devaquet. La iniciativa ampliaba la selección para el ingreso a las universidades y habilitaba mayores diferencias entre las instituciones. La oposición estudiantil se expandió rápidamente en los campus y las calles, con apoyo de sectores docentes y trabajadores.

La represión tuvo un punto crítico durante una manifestación en París, cuando el estudiante Malik Oussekine fue golpeado por la policía y murió. El hecho provocó una amplia indignación y multiplicó las protestas. Finalmente, el gobierno retiró el proyecto. Las fuentes disponibles no aportan detalles suficientes para precisar las fechas y la dinámica de este proceso.

1994: derrota del Contrato de Inserción Profesional

En 1994, estudiantes y jóvenes trabajadores se movilizaron contra el Contrato de Inserción Profesional (CIP). La propuesta establecía que las personas menores de 26 años podían ser contratadas por un salario equivalente al 80% del salario mínimo, lo que implicaba cobrar menos por el mismo trabajo.

Las protestas se extendieron en las universidades y derivaron en grandes movilizaciones. La juventud rechazaba que la precarización fuera presentada como una respuesta al desempleo. La presión en las calles llevó al Ejecutivo a abandonar el proyecto. No hay información suficiente en las fuentes proporcionadas para precisar las fechas de inicio y finalización de esta lucha ni el desarrollo de sus jornadas.

2006: movilización contra el Contrato de Primer Empleo

El gobierno de Dominique de Villepin impulsó en 2006 el Contrato de Primer Empleo (CPE), dirigido a jóvenes menores de 26 años. Aunque era presentado como un contrato por tiempo indeterminado, contemplaba un período de prueba de dos años durante el cual el empleador podía despedir al trabajador sin justificar la causa ni pagar indemnización.

La iniciativa generó una masiva ola de protestas, bloqueos y huelgas. Estudiantes secundarios y universitarios organizaron asambleas y una coordinadora estudiantil. La incorporación de trabajadores a las jornadas de huelga y movilización fue un factor decisivo: esa convergencia obligó al gobierno a retirar la medida.

La derrota del CPE fue atribuida a que la protesta no permaneció limitada al ámbito universitario. La amenaza de un futuro laboral marcado por despidos sin causa se convirtió en una preocupación compartida por estudiantes y trabajadores, mostrando cómo una reivindicación juvenil puede adquirir una dimensión general al conectarse con la precarización laboral y las organizaciones obreras.

2018: reclamos diversos en una protesta nacional

En 2018, la movilización juvenil volvió a adquirir alcance nacional. Según las fuentes, esa experiencia se vincula con la actual porque reclamos que antes aparecían separados comenzaron a articularse en un cuestionamiento más amplio a las condiciones de vida.

La protesta no se estructuró necesariamente en torno a una única reforma. En cada colegio surgían demandas particulares, pero los bloqueos expresaban problemas comunes. La falta de docentes señalaba el abandono de los servicios públicos; las jornadas extensas y la disciplina se relacionaban con la falta de control sobre la propia vida; y la selección escolar remitía a la incertidumbre sobre el futuro.

Estas cuestiones también están presentes en la movilización actual: deterioro de escuelas, aulas superpobladas, escasez de profesores, jornadas prolongadas, restricciones para acceder a la universidad, mayores costos de estudio y un futuro laboral incierto. La experiencia de 2018 permite observar cómo reclamos concretos pueden transformarse en una crítica más general al orden social.

Movilizaciones universitarias en solidaridad con Palestina

Durante los últimos años, las universidades francesas fueron escenario de protestas en solidaridad con Palestina. Las administraciones buscaron cancelar encuentros, impedir asambleas, prohibir mesas informativas y restringir la presencia de activistas en los campus. El ingreso policial a las universidades, antes considerado excepcional, se volvió frecuente. En mayo de 2024, 88 estudiantes fueron arrestados durante un intento de ocupación en la Sorbonne.

En abril de 2026, estudiantes de la Sorbonne, Sciences Po y Centrale Supélec volvieron a movilizarse contra la Ley Yadan, denunciada como un instrumento para criminalizar el apoyo a Palestina. Cerca de un centenar de estudiantes ocupó el patio principal de la Sorbonne para reclamar el fin de los acuerdos con empresas consideradas cómplices del genocidio, la derogación de la ley y la liberación de activistas reprimidos. La policía ingresó en los campus para desalojar a los manifestantes, y se registraron detenciones y multas de hasta 400 euros.

Estas acciones muestran que la protesta estudiantil también abarca debates sobre la guerra, el imperialismo, la represión y la solidaridad internacional, además de los temas estrictamente educativos.

La rebelión actual: inicio y expansión

La movilización actual comenzó el 21 de septiembre de 2026 en un colegio de la periferia de París y se extendió con rapidez por el país. El 29 de septiembre se produjo un salto significativo, con cerca de 300 colegios secundarios bloqueados. Los comités estudiantiles organizaron asambleas y barricadas desde temprano, mientras estudiantes secundarios se sumaban a movilizaciones obreras en París, Marsella, Lille y Toulouse.

El Ministerio del Interior informó más de 440 detenciones ese día. Sin embargo, los estudiantes marcharon junto con docentes y trabajadores en distintas ciudades. En París, la participación de bomberos y otros trabajadores frente a los cercos policiales junto a los jóvenes evidenció la posibilidad de una lucha común.

El 1 de octubre, la protesta llegó a las universidades. Unos 30 campus fueron bloqueados y estudiantes de diversas facultades marcharon en apoyo a los secundarios. La movilización comenzó a adquirir un carácter interuniversitario e intercolegial, mediante asambleas y acciones que vinculaban a jóvenes de diferentes sectores.

El 2 de octubre, la agrupación estudiantil Le Poing Levé convocó una “semana negra” a partir del 5 de octubre. Varias organizaciones juveniles llamaron a movilizar colegios y universidades el 6 de octubre, con el objetivo de expresar la solidaridad mediante presencia frente a los establecimientos, asambleas conjuntas, vínculos con sindicatos y acciones colectivas contra la represión.

Los reclamos reúnen demandas educativas y sociales. En los colegios secundarios se cuestionan las jornadas de 8 a 18 horas, que obligan a numerosos jóvenes a permanecer diez horas al día en escuelas hacinadas, deterioradas, con docentes insuficientes y, en muchos casos, ubicadas en construcciones precarias. También se señala que muchos estudiantes viven lejos, no pueden regresar a sus hogares al mediodía y no cuentan con dinero para pagar el comedor.

La protesta abarca asimismo la falta de docentes, el deterioro de los edificios y la selección escolar. En las universidades, se rechaza Parcoursup, la plataforma de admisión que filtra el acceso a la educación superior. A ello se añaden el incremento de las tasas de matrícula, el alza en los precios de los comedores universitarios y el congelamiento de las ayudas para vivienda.

El conflicto también se relaciona con el ajuste general. Los estudiantes cuestionan que el gobierno reduzca recursos para educación mientras aumenta el presupuesto militar y mantiene el pago de una deuda pública récord. De este modo, el debate excede los horarios escolares o los mecanismos de ingreso universitario y se centra en quién asume el costo de la crisis y qué lugar se asigna a la juventud en la sociedad.

El 6 de octubre tuvo lugar una jornada nacional de lucha con amplia participación. Estudiantes secundarios y universitarios confluyeron con docentes y sindicatos en distintas ciudades. En Bordeaux se organizó una columna interuniversitaria e intercolegial contra la austeridad, el gobierno y la selección. En otras localidades, trabajadores y profesores formaron cadenas humanas para proteger a jóvenes de la policía.

La represión continuó de forma sistemática. Solo el lunes anterior fueron arrestados 984 estudiantes secundarios y simpatizantes, con lo que el total superó las 6.000 detenciones desde el 28 de septiembre. El 87% de las personas detenidas eran menores de edad. En Lens, un estudiante de 15 años perdió una mano tras la explosión de una granada policial.

El gobierno también buscó frenar la movilización por otras vías. El primer ministro Sébastien Lecornu cerró cientos de escuelas secundarias, ordenó clases virtuales y mantuvo el recorte de 1.588 puestos docentes. A su vez, los sindicatos CGT y Solidaires reclamaron apoyar a los secundarios, incluso a través de la huelga, junto con organizaciones educativas y SUD-Rail.

El 8 de octubre se incorporaron nuevos sectores universitarios. Estudiantes de la Universidad de Assas, considerada la facultad de Derecho más prestigiosa de Francia, bloquearon la institución y marcharon hacia la plaza de la Bastilla. En Toulouse, más de 400 estudiantes se concentraron frente a la rectoría de la Universidad Paul Sabatier para denunciar la complicidad de las autoridades con la represión policial y exigir la salida de la policía y los antidisturbios de las universidades.

En París, estudiantes de Bellas Artes, París 1 y Jussieu se sumaron a secundarios del liceo Hélène Boucher. Antes de movilizarse, realizaron una asamblea para definir las acciones de la jornada. En Montpellier, miles de personas se manifestaron pese a la prohibición de la prefectura, contra la violencia policial y en reclamo de un futuro digno.

La movilización comenzó además a extenderse fuera de Francia. En Bélgica, estudiantes secundarios y universitarios bloquearon escuelas y se manifestaron contra el aumento de las matrículas, el costo de vida, las aulas superpobladas y la falta de recursos. Los colectivos belgas mantienen contacto con grupos franceses, mientras en Italia comenzaron algunas tomas de liceos.

La relación con el movimiento obrero

La historia de las luchas francesas muestra que la juventud puede iniciar procesos de gran importancia, pero que las conquistas dependen de la fuerza social construida y de la existencia de una dirección revolucionaria. En 1968, la protesta estudiantil adquirió un papel decisivo al coincidir con la huelga general y las ocupaciones de fábricas. En 2006, el CPE fue retirado tras la acción conjunta de estudiantes secundarios, universitarios y trabajadores contra la precarización.

El desafío actual consiste en superar la fragmentación. La movilización surgió en los colegios, se expandió hacia las universidades y comenzó a recibir respaldo de docentes, ferroviarios y otros sectores. La propuesta planteada es transformar la solidaridad en asambleas conjuntas, delegaciones de trabajadores frente a los colegios, coordinación entre universidades y escuelas, y un plan de lucha común.

Mientras el gobierno responde con represión, cierres de escuelas, clases virtuales y medidas para separar a estudiantes y trabajadores, las conducciones sindicales mayoritarias fijaron una próxima jornada interprofesional para el 5 de noviembre, una fecha considerada alejada de la urgencia del conflicto. Por ello, se plantea como central la pelea por una huelga general y por la coordinación desde abajo.

La rebelión actual retoma una tradición en la que la juventud bloquea escuelas, ocupa universidades, organiza asambleas y desafía a la policía. La cuestión decisiva, como en 1968 y 2006, es si la lucha estudiantil logrará vincularse con una fuerza obrera capaz de enfrentar y derrotar el ajuste.