La representante demócrata Haley Stevens expresó públicamente su apoyo al candidato republicano al Senado Mike Rogers, una decisión que ha generado críticas dentro del Partido Demócrata. Figuras del establishment como Chuck Schumer y Nancy Pelosi cuestionaron el respaldo, al considerar que puede afectar las posibilidades demócratas de recuperar el control del Senado.
El apoyo de Stevens a Rogers se vincula, según el artículo, con su oposición a Abdul El-Sayed, a quien sectores demócratas y organizaciones como AIPAC han acusado de radicalismo y de mantener un supuesto apoyo al terrorismo. Estos argumentos ya habían sido utilizados durante las primarias demócratas. Aunque Stevens había dicho que respaldaría a El-Sayed tras su derrota y contribuiría a la unidad partidaria, su posición sobre la política de Estados Unidos en Oriente Medio y su respaldo a Israel ponían en duda ese compromiso.
Stevens, que se define como una demócrata sionista, derrotó al demócrata Andy Levin en 2022 con apoyo de AIPAC, en una contienda marcada por su defensa del Estado de Israel. Antes de llegar al Congreso, integró el equipo del presidente Barack Obama para la industria automotriz y participó en la supervisión del rescate estatal del sector. Ese proceso exigió concesiones al sindicato United Auto Workers (UAW) e incorporó un sistema de dos niveles que eliminó las pensiones de trabajadores contratados por General Motors, Ford y Chrysler después de 2007.
La legisladora sostuvo que su respaldo a Rogers representa un “voto por el país”. El artículo interpreta esta postura como una defensa de la política imperialista estadounidense y de la alianza con Israel, frente a las críticas a la guerra en Palestina y a una eventual guerra contra Irán.
Acusaciones de racismo e islamofobia en la campaña
La nota cuestiona que el respaldo de Stevens a Rogers contribuya a debilitar a El-Sayed mediante argumentos asociados al racismo y la xenofobia. Rogers desarrolló una campaña que puso en duda la lealtad de El-Sayed al Gobierno estadounidense y lo acusó de tener vínculos con los Hermanos Musulmanes debido al origen egipcio de sus padres.
También lo señaló como partidario del terrorismo por su relación con Hasan Piker, su oposición al sionismo y sus críticas a la guerra de Israel en Gaza. Rogers cuestionó además que El-Sayed hubiera estudiado en el extranjero, pese a que cursó estudios de posgrado en la Universidad de Oxford con una beca Rhodes.
La campaña de Rogers dio espacio al activista de extrema derecha Jake Lang, quien organizó una pequeña movilización en Detroit. Lang y sus seguidores llevaron carteles con la consigna “Mike Rogers para el Senado de EE. UU.” y pronunciaron declaraciones racistas y reaccionarias frente a la escuela secundaria técnica Cass, donde había personas esperando para asistir a un acto de Barack Obama en apoyo a El-Sayed.
Stevens no condenó públicamente estos ataques contra El-Sayed y, de acuerdo con el artículo, también contribuyó a instalar críticas similares durante las primarias demócratas. Aunque su campaña no empleó el mismo tono que la de Rogers, describió a El-Sayed como “demasiado radical” y cuestionó su capacidad para defender los intereses de Estados Unidos.
En una entrevista con Anderson Cooper en CNN, Stevens afirmó que El-Sayed se estaba “enojando cada vez más” y que su campaña comunicaba a votantes sionistas y de centroderecha que “este no es el partido al que pertenecen”. También lo comparó con el excandidato al Senado por Maine, Graham Platner, al mencionar que sentía lo mismo respecto de Platner y su tatuaje nazi.
La referencia de Stevens a un anuncio pro Palestina del comité de acción política Rebellion PAC, del que El-Sayed se distanció rápidamente, es presentada por el texto como un argumento para justificar el apoyo a una campaña republicana contra un candidato identificado con el descontento social y la oposición a la explotación y la opresión.
Disputas internas en el Partido Demócrata
El artículo sostiene que las preocupaciones expresadas por Stevens reflejan una posición más amplia de la dirigencia demócrata, que buscaría limitar el peso de la izquierda dentro del partido y preservar su carácter vinculado a los intereses del capital. Aunque la cúpula partidaria criticó a Stevens por apoyar a Rogers e incluso la apartó de un acto electoral de El-Sayed debido a sus declaraciones públicas, la nota advierte que esto no implica una unidad duradera entre los sectores centristas y la izquierda.
Según esta interpretación, el apoyo de la dirigencia demócrata a El-Sayed responde en parte a que Michigan es un estado indeciso. El texto contrasta ese respaldo con la falta de un apoyo equivalente a la candidata demócrata al Senado por Florida, Angie Nixon. También señala que El-Sayed ha mostrado disposición a trabajar con el establishment y adoptar posiciones más centristas, como su reunión con Kamala Harris, su defensa pública del capitalismo y su rechazo a recortar los fondos de la Policía.
La decisión de Stevens, concluye el artículo, evidencia que algunos sectores demócratas prefieren alinearse con la derecha antes que aceptar campañas que cuestionen el statu quo. La nota vincula esa situación con la desigualdad económica, el financiamiento de la guerra y las políticas de deportación y detención de inmigrantes.
El texto afirma que, gane o no El-Sayed, los candidatos progresistas y populistas enfrentarán oposición dentro de su propio partido, lo que limitaría su capacidad de impulsar sus programas en el Congreso. Asimismo, advierte que el apoyo de Stevens a Rogers podría reforzar la ofensiva del Gobierno de Donald Trump contra la clase trabajadora y los sectores oprimidos.
Finalmente, el artículo plantea la necesidad de que la izquierda construya organizaciones de base en escuelas, lugares de trabajo y comunidades, además de un partido propio de la clase trabajadora y los oprimidos para enfrentar a Trump y a la derecha.
