El Círculo Rojo dialogó con el dramaturgo y director Juan Andrés Romanazzi acerca de Las traiciones, una de sus producciones más recientes, y de su vínculo con el teatro y las tragedias clásicas y contemporáneas.
Romanazzi explicó que desde hace diez años desarrolla proyectos concebidos como trilogías, en los que busca reunir, a través de tres obras, determinados interrogantes. Entre ellos, mencionó el modo en que el trabajo incide en la forma de hablar, de mirar el mundo y en la repetición rutinaria de esas experiencias.
El punto de partida de Las traiciones surgió de la observación de situaciones reales. Durante un viaje al norte, el director vio a un conductor de micros llegar a un parador y a una mujer encargada de los baños. A partir de imaginar que ambos se encontraban una y otra vez, comenzó a tomar forma una versión argentina de La Odisea.
También reflexionó sobre las consecuencias de la exigencia laboral. Señaló que, muchas veces, la necesidad de avanzar en un trabajo puede arrasar con otros aspectos, como la salud y los vínculos. Romanazzi contó que atravesó esas situaciones en varias oportunidades y sostuvo que, aunque no podría dejar de trabajar, con frecuencia las personas se distraen de cuestiones fundamentales de la vida.
Para el dramaturgo, resulta liberador que el teatro deje abiertos sentidos, espacios y posibilidades. En ese sentido, consideró que la escena permite aliviar la necesidad de explicar o demostrar, para concentrarse simplemente en que ocurran cosas entre los cuerpos presentes en el lugar.
Por último, destacó la importancia de que una obra se integre con el espacio en el que se presenta y de poder disfrutar de los procesos creativos más allá de las ganancias.
