La Primera Guerra Mundial fue un factor decisivo tanto en el surgimiento de la Revolución rusa de 1917 como en el estallido de la Revolución alemana de 1918. La guerra exacerbó las contradicciones sociales y políticas, creando las condiciones para que la lucha de clases adquiriera una dimensión revolucionaria.
En Alemania, el levantamiento comenzó a fines de octubre de 1918 en la ciudad portuaria de Kiel, cuando el conflicto bélico ya estaba prácticamente perdido. El alto mando naval ordenó que la flota alemana partiera hacia una última batalla contra Inglaterra. La operación suponía exponer a cerca de 80 mil marineros a una muerte casi segura, con el propósito de preservar el “honor” de los oficiales aristocráticos.
Al mismo tiempo, en las grandes fábricas empezaban a constituirse Consejos obreros, integrados por un delegado cada 500 trabajadores y vinculados, en su forma organizativa, a la experiencia de los soviets rusos. Estos organismos trascendían la lucha puramente sindical o corporativa y reunían el apoyo de amplios sectores de la clase trabajadora alemana.
Los marineros contaban con razones políticas y sociales para oponerse a la continuidad de la guerra. Sufrían malos tratos por parte de la oficialidad y mantenían estrechos vínculos con los trabajadores de los puertos y astilleros, que pronto saldrían en su apoyo. Muchos eran obreros calificados y, durante la guerra, estuvieron influidos por el Partido Socialdemócrata Independiente (USPD) y, en menor medida, por la Liga Espartaco.
Las redes clandestinas de militantes y marineros permitieron desarrollar esa colaboración: en 1917 llegaron a reunir a unos 5 mil marineros. Entre sus dirigentes se encontraban Max Reichpietsch y Alwin Köbis, defensores de la paz e impulsores de consejos de marinos inspirados en los soviets rusos. Ambos, junto con otros marineros, fueron fusilados el 5 de septiembre de 1917. Un año más tarde, sus nombres serían recordados como mártires de la revolución.
Tras recibir la orden de emprender la batalla final, los marineros de Wilhelmshaven desobedecieron, arrestaron a oficiales e izaron banderas rojas. Los primeros amotinados fueron detenidos y enviados a Kiel. Allí, otros marineros se negaron a hacer partir los buques, desembarcaron y marcharon por la ciudad para exigir la liberación de los detenidos.
El 3 de noviembre de 1918, las autoridades prohibieron una manifestación en un contexto de estado de sitio. Sin embargo, miles de marineros y soldados desafiaron la prohibición y salieron a las calles. Una patrulla abrió fuego y dejó un saldo de 9 muertos y 29 heridos. Lejos de contener el conflicto, la represión llevó a que nuevos sectores de la guarnición se incorporaran al levantamiento.
En Revolución en Alemania (1917-1923), el historiador trotskista Pierre Broué relata que el enfrentamiento movilizó a los hombres de la guarnición de Kiel, que ya no podían retroceder. Durante la noche, los marinos se reunieron en los navíos y Artelt impulsó la elección, en un torpedero, del primer consejo de marinos de la Revolución alemana. A la mañana siguiente encabezaba un comité elegido por 20.000 hombres.
Según Broué, los oficiales quedaron desbordados y el almirante Souchon, jefe de la base, cedió ante las demandas presentadas por Artelt: eliminación del saludo, reducción del servicio militar, aumento de los permisos y liberación de los detenidos. Por la tarde, la guarnición se encontraba organizada en una red de consejos de soldados, las banderas rojas ondeaban en los barcos de guerra y numerosos oficiales habían sido arrestados por sus propios hombres.
En tierra, socialdemócratas independientes y mayoritarios convocaron primero a la huelga general y luego a la formación de un consejo obrero, que se fusionaría con el de marinos. Gustav Noske, socialdemócrata designado gobernador de Kiel por el gobierno, reconoció rápidamente la autoridad del nuevo consejo de obreros y soldados con el objetivo de calmar a los marineros y contener la expansión del levantamiento. El 6 de noviembre, escribió Broué, la calma parecía haber regresado.
No obstante, el proceso continuó. El 5 de noviembre, los trabajadores de la ciudad lanzaron una huelga general y constituyeron el Consejo de Obreros y Soldados, un organismo de doble poder basado en la autoorganización de trabajadores y soldados. Kiel quedó paralizada y el poder pasó a manos de los consejos.
Broué definió la propagación de los acontecimientos con la expresión “la revolución como una mancha de aceite”. Desde Kiel, emisarios llevaron el levantamiento a otras ciudades. El movimiento se extendió a Wilhelmshaven, Cuxhaven, Hamburgo, Bremen y numerosos centros industriales estratégicos. En distintas localidades aparecieron nuevos Consejos de obreros y soldados, mientras los monarcas de los 22 estados del Imperio alemán fueron obligados a abdicar, incluido Guillermo II. El Kaiser cayó, al igual que el zar durante la Revolución rusa de febrero de 1917.
La rebelión de Kiel constituyó así el “día 1” de la Revolución alemana de noviembre de 1918. Un motín contra una muerte considerada inútil en defensa de los oficiales se convirtió en una huelga general que cuestionó el orden político y económico existente, impulsó la creación de consejos obreros y de soldados y puso en jaque a todo el Imperio.
Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron figuras centrales de la Revolución alemana. Su papel político y el desenlace de este proceso son abordados por Pierre Broué en Revolución en Alemania (1917-1923), una obra en dos tomos publicada por Ediciones IPS, cuyas principales lecciones, según la presentación de la obra, mantienen vigencia para el siglo XXI.
