A seis meses de las elecciones presidenciales, la protesta de los estudiantes secundarios volvió a situar la conflictividad social en el centro de la escena política francesa. Cuando el calendario electoral parecía imponerse como vía para resolver la crisis, jóvenes de escuelas populares de la periferia de París impulsaron sus propias demandas y tiempos de lucha, pese a los llamados a esperar y aceptar las condiciones existentes.
El deterioro de la educación, la selección social y la incertidumbre ante el futuro aparecen entre las causas estructurales del conflicto. A esto se suma el desgaste del gobierno de Emmanuel Macron, cuya autoridad vuelve a ser cuestionada tras casi diez años de ataques y crisis. Elisabeth Allain-Moreno, secretaria general del sindicato docente SE-UNSA, señaló que, luego de una década de políticas educativas de Macron, era esperable el malestar de los estudiantes secundarios e incluso planteó que resulta llamativo que no se hubiera manifestado antes.
La jornada del 6 de octubre reunió a más de 450.000 personas en todo el país y representó un avance para el movimiento. Según el texto, la respuesta represiva y la cobertura mediática no lograron quebrar la determinación de los secundarios ni aislarlos. Durante esa movilización participaron también estudiantes universitarios, familias, docentes y trabajadores. Una encuesta de Ipsos indicó que el 62 % de la población considera justificada la protesta.
La extensión de la movilización incluyó a alumnos de colegios acomodados de París que se pronunciaron contra las desigualdades que afectan a estudiantes de barrios populares. En el prestigioso colegio Henri-IV, los jóvenes cantaron: “La misma escuela pública desde Saint-Denis hasta París”. En el colegio privado Massillon de París, estudiantes reconocieron sus privilegios y expresaron solidaridad con el colegio Paul-Éluard de Saint-Denis, un tradicional barrio obrero de las afueras parisinas. Estos gestos cuestionan la competencia entre alumnos y las diferencias de condiciones entre los centros educativos. La protesta estudiantil empieza así a tender vínculos donde el sistema educativo establece divisiones.
El artículo sostiene que este avance requiere consolidación mediante una mayor intervención de los universitarios. Propone profundizar los bloqueos, organizar asambleas masivas y abrir las facultades a los secundarios para realizar encuentros y coordinaciones ante los numerosos cierres de escuelas. La experiencia organizativa y los espacios universitarios podrían servir de apoyo para los estudiantes secundarios, quienes continúan siendo el sector más expuesto a la represión.
También plantea la necesidad de ampliar la participación de los trabajadores. La solidaridad, señala, debería traducirse en acciones colectivas en los lugares de trabajo, movilizaciones y paros para formar un frente común contra la represión y las medidas gubernamentales. Aunque varias organizaciones respaldaron la jornada del 6 de octubre, la intersindical había fijado el día anterior la próxima movilización interprofesional para el 5 de noviembre. Para el texto, esa decisión deja de lado tanto la protesta secundaria como la jornada prevista para el 17 de octubre.
Mientras se multiplican los llamados a movilizarse el 17 de octubre, se reclama un plan que unifique el descontento y sostenga la protesta durante el receso escolar, previsto del 17 de octubre al 2 de noviembre. El gobierno, por su parte, busca recuperar la iniciativa mediante la defensa de la actuación policial, promesas generales y rondas de consulta.
El primer ministro Lecornu anunció el martes una reapertura gradual de las escuelas secundarias y media jornada de debate. La medida apunta a poner fin a los bloqueos y trasladar las discusiones desde las calles a las aulas, dentro de procedimientos institucionales dirigidos por las autoridades escolares. Aunque el Ejecutivo reconoce la existencia de problemas, el texto considera que intenta abordarlos bajo sus propias condiciones, imponer sus ritmos y ganar tiempo para desmovilizar.
Sin embargo, no está asegurado que esa estrategia tenga éxito. Distintos sectores de estudiantes secundarios pretenden continuar con los bloqueos y podrían utilizar la reapertura de los establecimientos para autoorganizarse, discutir sus demandas, elegir delegados y vincular los distintos colegios. La creación de asambleas y espacios de coordinación es presentada como un elemento central para que los secundarios conduzcan su lucha y supervisen cualquier negociación.
La movilización del 6 de octubre amplió la brecha abierta por la juventud de los barrios populares. El texto plantea dar continuidad al proceso mediante asambleas, delegados con mandato, coordinadoras entre colegios y universidades, y paros de trabajadores que expresen la solidaridad con el movimiento. La reunión convocada por Macron con parte de sus ministros el martes por la noche es interpretada como una señal de preocupación oficial frente a una protesta que el gobierno no consigue contener.
