El documental NAZA, producido por el medio británico The Guardian, se estrenó en Buenos Aires. La película aborda el genocidio palestino a través de declaraciones voluntarias de soldados, agentes de inteligencia y desarrolladores informáticos de las Fuerzas de Defensa de Israel que expresan distintos grados de arrepentimiento.

El título remite a nezek agavi, una expresión hebrea cuyo significado es “daño colateral”. Según expone el film, los militares emplean ese término para referirse a la cantidad de personas inocentes —de acuerdo con sus propias clasificaciones— asesinadas de manera considerada “involuntaria”.

La dirección estuvo a cargo de los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, quienes también participaron, junto con documentalistas palestinos, en No Other Land. Esa obra retrata la destrucción de la comunidad palestina de Masafer Yatta, en Cisjordania, entre 2019 y 2023, y recibió el Óscar al mejor largometraje documental.

NAZA despertó atención tanto por los datos surgidos de su investigación y su nominación al León de Oro del Festival de Venecia como por las circunstancias de su realización. La producción se desarrolló en condiciones de clandestinidad y, según el artículo, enfrentó presiones para impedir su distribución y exhibición. Sus responsables debieron exiliarse bajo estrictas medidas de seguridad tras recibir amenazas de muerte, mientras sus familias sufrieron acechos y hostigamientos.

Las Fuerzas de Defensa de Israel rechazaron el contenido del documental al considerar falsos los testimonios de los entrevistados. En paralelo, organizaciones palestinas evalúan utilizar esas declaraciones como pruebas de genocidio ante la Corte Penal Internacional.

El texto también recuerda la persecución denunciada desde 2021 contra los directores palestinos de No Other Land. Basel Adra fue acusado de provocar un incendio y golpeado por un grupo de soldados israelíes; luego de recibir el Óscar, habría sido atacado por colonos enmascarados y su vivienda fue ocupada por el Ejército. Por su parte, Hamdan Ballal estuvo secuestrado durante un día y fue liberado tras presiones internacionales, aunque continúa sufriendo hostigamientos en su aldea de Cisjordania.

La película reconstruye, mediante el relato de 24 soldados arrepentidos, lo que define como un proceso de deshumanización sistematizada profundizado desde el 7 de octubre de 2023. Los testimonios describen operaciones de demolición de edificios y asesinatos de palestinos en Gaza. Uno de los entrevistados explica que se utilizaba la expresión “15 NAZA” en lugar de hablar de 15 personas muertas, o de 15 mujeres y niños muertos.

Según el documental, los testimonios se articulan en torno a dos ideas: el papel atribuido a Hamás en los métodos de defensa de Israel y un esquema de racionalización del exterminio semejante a una cadena industrial, en la que la planificación y la ejecución diluyen el objetivo final de cada operación: la eliminación de población civil en Gaza.

NAZA combina esas declaraciones con fragmentos de noticieros y discursos de Benjamin Netanyahu sobre los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Entre las frases citadas aparecen “No hay inocentes en Gaza” y “El objetivo es borrar a Gaza del mapa”. El documental contrapone ese discurso con imágenes de la normalidad cotidiana en Tel Aviv, mientras Gaza es bombardeada.

Otro de los ejes es el programa Lavender, un sistema de inteligencia artificial destinado a identificar y generar de forma automática objetivos de bombardeo. La cinta describe un modelo de vigilancia masiva, clasificación de objetivos individuales, escasa intervención humana y un elevado margen de error. Uno de los declarantes compara el efecto de este mecanismo sobre los operadores con “un videojuego”.

Además, se afirma que los servicios de inteligencia tienen acceso a los teléfonos de las familias asesinadas en Gaza y pueden escuchar si hubo sobrevivientes y qué decían. Uno de los testimonios refiere los gritos de una madre que pedía ayuda ante su hijo, aún con vida entre las llamas después de una explosión.

Un militar entrevistado relata que, durante una visita estudiantil a Polonia, le resultaba imposible comprender tanta crueldad. Ahora, sostiene, entiende cómo alguien puede matar por la mañana y regresar a su casa por la tarde para estudiar psicología clínica como si nada hubiera ocurrido. Esa comparación, plantea el artículo, es uno de los aspectos que más irritan al gobierno israelí y que habría derivado en una persecución contra los directores.

Aunque el documental no ofrece cifras concretas, estima que el plan de exterminio dejó 20 civiles muertos por cada supuesto miembro de Hamás. La puesta se desarrolla mayormente en azoteas oscuras de Tel Aviv, una elección que subraya el carácter clandestino del rodaje y protege a los testimonios anónimos, mostrados como siluetas, con voces y escritura distorsionadas.

La ciudad es filmada de noche, con panorámicas de una metrópoli moderna atravesada por el vuelo de aviones y misiles rumbo a Gaza, situada a unos 60 kilómetros, y por sirenas de bombardeo. El cierre entre escombros busca condensar las consecuencias de los relatos y devolver al espectador a la realidad cotidiana de Gaza.

Más allá de su impacto cinematográfico, el artículo sostiene que NAZA contribuye a exponer la desproporción de la denominada defensa israelí. En Argentina, señala, ninguna sala se animó a programarla salvo Cine Arte Cacodelphia, que mantiene la película en cartel y suma funciones diariamente. Actualmente, se proyecta en esa única sala de todo el país.