El PTS respondió a las críticas formuladas por Gabriel Solano y Pablo Giachello, dirigentes del Partido Obrero (PO). La organización cuestiona que sus adversarios sostengan que abandonó la lucha por la dictadura del proletariado y que promueve una política de conciliación de clases.
Según el PTS, la dictadura del proletariado, en tanto no sea burocrática, supone un gobierno de trabajadores y trabajadoras apoyado en organismos de autoorganización de masas. Esos organismos deberían constituir la base de un nuevo Estado surgido tras la derrota del Estado capitalista y permitirían una transformación integral del régimen social.
La discusión sobre un gobierno de trabajadores
El PTS sostiene que el PO concentra su crítica en una hipótesis que considera improbable: un eventual gobierno de Myriam Bregman elegido mediante elecciones organizadas bajo un gobierno burgués. Para el PTS, esa perspectiva desplaza la discusión sobre un programa y una estrategia revolucionaria para la coyuntura actual.
La respuesta cuestiona que el PO imagine una secuencia basada en una gran campaña electoral, un triunfo presidencial y la posterior adopción de medidas desde el Poder Ejecutivo, mientras la lucha de clases se desarrollaría recién frente a la resistencia capitalista. El PTS denomina a esa mirada como la de los “soviets del día después”, es decir, organismos de poder que emergerían tras un triunfo electoral.
Sin descartar de manera teórica esa posibilidad, el PTS considera electoralista organizar el debate alrededor de ella. Señala que, si Bregman apareciera con posibilidades reales de ganar la Presidencia, podrían producirse fuertes alteraciones del escenario: crisis agudas, corridas, saltos en la lucha de clases, ataques gubernamentales o intervenciones imperialistas. Menciona, entre otros ejemplos, la situación de Venezuela, las guerras internacionales, los procesos de lucha de clases en Europa y la derrota de Donald Trump.
El Manifiesto del PTS, afirma la organización, no está estructurado alrededor de una victoria electoral de Bregman, sino de la lucha para derrotar a Javier Milei y su programa mediante una huelga general, incluso antes de las elecciones si fuera posible.
En esa línea, el PTS plantea desarrollar experiencias de autoorganización para la lucha y construir comités por un Partido de la Nueva Clase Trabajadora. Sostiene que hablar de un gobierno de trabajadores sin un partido fuerte y sin organismos democráticos de frente único, capaces de involucrar a miles de personas, implica caer en el electoralismo.
Dictadura del proletariado y revolución socialista
El PO afirma que el Manifiesto del PTS, titulado ¿Cómo cambiamos la historia?, no defiende la dictadura del proletariado. El PTS rechaza esa interpretación y sostiene que el texto plantea la necesidad de superar el capitalismo, construir una organización revolucionaria, desarrollar la autoorganización de las masas y preparar una fuerza política que dirija una lucha revolucionaria.
El Manifiesto citado señala que numerosas demandas no podrán resolverse de manera duradera dentro de un capitalismo en crisis y que su conquista chocará con el poder económico y político. Por eso, plantea la necesidad de una movilización masiva y combativa para pelear por un gobierno de la clase trabajadora y el pueblo pobre.
También reivindica una revolución social que comenzaría en cada país, se desarrollaría internacionalmente y culminaría a escala mundial, junto con la construcción de un partido mundial de la revolución socialista. Para el PTS, estos planteos desmienten la acusación de haber renunciado a la estrategia revolucionaria.
Asamblea Constituyente y huelga general
Uno de los principales ejes de la polémica es la propuesta de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana (ACLyS). El PO interpreta que esa consigna implicaría que un eventual gobierno de izquierda no podría adoptar medidas anticapitalistas antes de que las aprobara una Constituyente elegida por sufragio universal.
El PTS responde que la ACLyS es presentada en su Manifiesto como una medida de lucha vinculada a un plan que culmine en una huelga general política. Define esa perspectiva como una rebelión nacional que paralice la economía, reúna a trabajadores formales, informales y desocupados, incorpore a sectores medios empobrecidos y adopte la forma de un “Cordobazo del siglo XXI”.
Luego de la publicación del Manifiesto, el PTS acordó convocar a la Marcha de la Bronca bajo la consigna: “Huelga General hasta derrotar a Milei y su plan”. Desde esa perspectiva, considera contradictorio que el PO centre su crítica en la eventual llegada pacífica de Bregman a la Presidencia.
Para el PTS, la agitación debe combinar la lucha por derrotar a Milei y su programa con la necesidad de un gobierno de trabajadores basado en organismos democráticos de autoorganización, como consejos y coordinadoras. Sin embargo, sostiene que millones de personas aún consideran al sufragio universal como una forma legítima de expresar su voluntad política.
Por ello, plantea que, ante una eventual caída del gobierno, las masas deben tener derecho a decidir sobre sus problemas mediante una Asamblea Constituyente Libre y Soberana sin límites para debatir y resolver. En ese proceso, podrían surgir consejos o coordinadoras destinados a defender las resoluciones votadas y enfrentar a los capitalistas y su Estado. Si adquirieran suficiente desarrollo, podrían convertirse en la base de un nuevo Estado.
La organización plantea una Constituyente que cuestione la división de poderes y el conjunto de las instituciones existentes, cuyos representantes sean revocables por sus electores, perciban el salario de un trabajador y reúnan funciones ejecutivas y legislativas.
El PTS afirma que la burguesía se opondría a una Asamblea de esas características y que la aprobación de medidas favorables al pueblo exigiría una confrontación con las clases dominantes. Considera que la cuestión decisiva es si esa lucha contribuye a impulsar la autoorganización, la autodefensa y organismos con capacidad de convertirse en fundamento de un nuevo poder.
La respuesta también cuestiona que el PO reivindique su propia política constituyente de 2001 y 2002 mientras presenta la propuesta actual del PTS como una prueba de centrismo. Cita una posición del PO de 2002 en la que se proponía profundizar la rebelión popular, echar al gobierno y convocar una Asamblea Constituyente soberana, con el objetivo de agotar la experiencia democrática del pueblo para preparar el camino a un gobierno de trabajadores.
Al mismo tiempo, el PTS critica que el PO pregunte cómo se garantizaría la convocatoria de una Constituyente si la Constitución exige mayorías especiales en ambas cámaras. Para el PTS, ese enfoque supone una adaptación a la legalidad burguesa, ya que la convocatoria debería ser resultado de una lucha y no de un cálculo parlamentario.
Consejos obreros, democracia soviética y burocratización
La respuesta aborda además el debate sobre los soviets o consejos obreros. Giachello y Solano señalan que esos organismos pueden estar dirigidos por corrientes reformistas y que su sola existencia no garantiza una orientación revolucionaria. El PTS coincide con esa advertencia, pero sostiene que de ella se desprende la necesidad de construir un partido revolucionario que dispute la dirección de esos organismos frente a las corrientes conciliadoras.
La discrepancia se concentra en una formulación atribuida al PO según la cual, en determinadas condiciones, el canal de las masas podría ser asumido directamente por un partido o por ejércitos revolucionarios. El PTS rechaza esa posibilidad como estrategia y sostiene que una revolución basada en ejércitos revolucionarios, contrapuestos a organismos soviéticos —aunque estos estén armados— conduce inevitablemente a la burocratización.
Según el PTS, las experiencias de las revoluciones china y vietnamita muestran que puede haber expropiación de la burguesía sin soviets, apoyada en ejércitos guerrilleros, pero sostiene que esos procesos no deben ser una estrategia a reivindicar porque derivan en regímenes burocratizados. Aunque afirma que defendería sus conquistas frente a agresiones imperialistas, considera que en esos casos sería necesaria una revolución política contra la burocracia.
La organización reivindica gobiernos obreros basados en consejos, con libertad para todos los partidos de la clase trabajadora que acepten la legalidad de esos consejos. Cita a León Trotsky, quien sostuvo en A 90 años del Manifiesto Comunista que no puede haber un programa revolucionario sin soviets.
Para el PTS, la ausencia de democracia obrera bloquea tanto el desarrollo interno de una revolución como su expansión internacional. En ese sentido, vincula la defensa trotskista de la democracia soviética con la lucha de Trotsky contra la burocracia.
También cuestiona la práctica sindical del PO y contrapone la promoción de coordinaciones zonales y espacios de organización de la Marcha de la Bronca con el desarrollo del Plenario del Sindicalismo Combativo (PSC). Sostiene que el PSC reúne a pocos sindicatos, internas, delegados y agrupaciones clasistas, está principalmente ligado a la izquierda y funciona mediante cupos y consensos, sin una amplia participación de las bases.
Grandes empresas, pymes y medidas anticapitalistas
El PTS rechaza que su denuncia enfocada en los grandes grupos empresarios implique un apoyo a las pequeñas y medianas empresas. La organización sostiene que el PO extrae esa conclusión de manera infundada.
Como antecedente, recuerda que Trotsky, en el Programa de Transición, proponía dirigir medidas específicas contra los sectores más concentrados de la burguesía estadounidense, identificados como “las 60 familias”, y planteaba la expropiación de determinados grupos capitalistas.
Según el PTS, no puede aplicarse la misma agitación frente a pequeños empresarios que ante figuras como Marcos Galperín. También recuerda que el PO utilizó la consigna de que la crisis la pagaran “los Citibank, los Soros, los Techint y los Macri”, sin que ello fuera presentado como un respaldo a las pymes.
El Manifiesto del PTS incluye, según señala la respuesta, el reclamo de aumento salarial de emergencia, pase a planta de trabajadores informales y expropiación bajo gestión obrera de toda fábrica que cierre. Estas medidas, afirma, se dirigen contra todos los patrones y particularmente contra pequeños y medianos empresarios, a quienes atribuye peores salarios y mayor informalidad laboral.
La organización sostiene que la estructura capitalista contemporánea es desigual y que los grandes grupos financieros, industriales y comerciales concentran poder, condicionan al Estado y subordinan a empresas menores. Aclara que reconocer esas diferencias no implica una alianza con una supuesta burguesía progresiva, sino evaluar cómo movilizar a las masas contra el conjunto de la burguesía.
Además, el PTS desmiente una acusación según la cual habría avalado, junto a Izquierda Socialista (IS), incorporar al temario de una sesión sobre el DNU 70/23 un proyecto de “ley de emergencia pyme”. Según la respuesta, ese proyecto nunca fue tratado ni integró el temario sobre el cual debieran pronunciarse.
Peronismo, Cristina Kirchner y libertades democráticas
En relación con el peronismo, el PTS rechaza haber hecho concesiones políticas. Explica que señalar contradicciones entre políticas aplicadas en otros períodos y las posiciones actuales de sectores peronistas no equivale a adoptar esas políticas como propias.
Como ejemplos menciona el IAPI creado durante el gobierno de Juan Domingo Perón y el caso de Vicentín. Afirma que cuestionar que el peronismo actual no impulse medidas de ese tipo no implica convertirlas en el programa del PTS. Sobre Vicentín, sostiene que una eventual expropiación de Alberto Fernández habría sido una expropiación burguesa y con pago, pero considera relevante señalar que el gobierno no avanzó siquiera en esa dirección.
El PTS define al peronismo como un partido burgués de conciliación de clases, que subordina políticamente a la clase trabajadora a una supuesta burguesía nacional. Sin embargo, sostiene que definirlo de ese modo no alcanza y que es necesario disputar políticamente a los sectores de trabajadores y trabajadoras que aún lo siguen.
La respuesta también aborda la denuncia sobre la proscripción política de Cristina Kirchner. El PTS afirma que una organización revolucionaria puede defender los derechos democráticos de una dirigente burguesa sin darle apoyo político. Niega que Myriam Bregman haya participado de concentraciones frente a la casa de CFK y señala que una delegación partidaria expresó en su vivienda/prisión el rechazo a su detención, aclarando su oposición al proyecto político de la exmandataria.
Como contraste, menciona el golpe institucional contra Dilma Rousseff en Brasil y cuestiona que IS hubiera festejado ese hecho, mientras el PO mantuvo un acto unitario del 1° de Mayo con esa organización.
Fate, Mondelez, sindicatos y coordinación
El PTS rechaza la afirmación de que perdió influencia en el movimiento obrero y que reemplaza la disputa sindical por coordinaciones imprecisas. En particular, reivindica no haber integrado una lista opositora en las elecciones de la CTA-T, debido a lo que describe como una agresión brutal, anticlasista y antisocialista en Fate que, según afirma, no fue condenada por el PO.
La organización menciona además que su militancia obrera encabezó recientemente la disputa por la Comisión Interna de Mondelez, presentada como la fábrica más grande de la alimentación en el país. Afirma haber ganado entre quienes poseían la antigüedad necesaria para votar, pero sostiene que un fraude se consumó con votos de trabajadores recién ingresados, líderes y apoyo de la empresa.
El PTS sostiene que su Manifiesto promueve la conquista de delegados, comisiones internas, cuerpos de delegados y sindicatos, así como la transformación radical de su funcionamiento. A diferencia del PO, plantea que no alcanza con recuperar sindicatos y mantener sus estructuras intactas.
Como referencia reivindica la experiencia del sindicato ceramista de Neuquén, cuyo estatuto incluye representación proporcional de minorías, dirigentes revocables y centralidad de las asambleas. Contrapone ese caso al SUTNA, que, según afirma, conserva los estatutos heredados de la burocracia de Pedro Wasiejko pese a haber sido recuperado hace más de diez años.
La crítica sostiene que durante el conflicto de Fate hubo apenas tres o cuatro asambleas de fábrica y una asamblea de gremio. También cuestiona que el SUTNA, pese a encontrarse a pocas cuadras de Georgalos, rechazara unir ambas luchas y no impulsara coordinaciones tras el cierre de esa empresa.
La consigna “Fuera Milei” y la construcción de poder
El PO atribuye al PTS un rechazo a la consigna “Fuera Milei” y presenta esa posición como una adaptación institucional. El PTS replica que la consigna, por sí sola, no contempla que se preparan alternativas para preservar el programa de la gran burguesía y del FMI, entre ellas una eventual salida encabezada por Patricia Bullrich.
Por ese motivo, el PTS considera más adecuada la consigna de la Marcha de la Bronca: “En el camino de derrotar a Milei, su plan y sus cómplices con la huelga general”. Sostiene que esta formulación incluye no solo la derrota del presidente, sino también de su programa y de quienes lo respaldan, al tiempo que plantea un método para lograrlo.
La organización afirma que levantar “Fuera Milei” y huelga general sin impulsar coordinaciones carece de sentido. Para imponer u organizar una huelga general, plantea, es necesario construir organismos de autoorganización y un partido revolucionario con suficiente desarrollo.
También cuestiona la propuesta del PO de formar “comités comunes del FIT-U”. Según el PTS, esos comités tenían inicialmente la finalidad de lanzar una extensa campaña electoral y, aun si fueran orientados a la lucha, resultarían sectarios si no integraran a sectores más amplios que no adhieren al Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad (FIT-U).
La respuesta sostiene que se necesitan organismos capaces de reunir a trabajadores de todas las tendencias políticas, independientes y otros sectores explotados, con el objetivo de romper la pasividad de las burocracias sindicales. Acusa al PO de menospreciar esta orientación y de separar la política sindical de la acción parlamentaria.
En ese marco, cuestiona que el PO no haya promovido entre las bases del SUTNA el debate sobre la necesidad de un partido propio de la clase trabajadora antes del cierre de Fate. Para el PTS, esta política fortalece una mirada corporativa que separa las luchas de fábrica de una perspectiva común de clase.
Gramsci, Trotsky y las instituciones de poder
La respuesta defiende la recuperación crítica de aportes de Antonio Gramsci. Señala que integrantes de su corriente, entre ellos Juan Dal Maso, Manolo Romano, Emilio Albamonte y Matías Maiello, desarrollaron estudios sobre el revolucionario italiano y su relación con las posiciones de Trotsky. Menciona particularmente el libro Estrategia Socialista y Arte Militar.
El PTS reconoce que Gramsci polemizó con la teoría de la revolución permanente y que parte de su obra fue utilizada posteriormente por corrientes reformistas. Sin embargo, sostiene que eso no implica que una recuperación crítica de sus categorías suponga abandonar la revolución permanente como fundamento estratégico.
En particular, destaca el concepto gramsciano de Estado integral, que plantea que la dominación burguesa no se ejerce únicamente mediante la coerción estatal, sino también a través de instituciones y organizaciones que estructuran su hegemonía. El PTS considera que sindicatos, partidos y organizaciones sociales integradas al Estado a través de burocracias cumplen un papel en esa reproducción, y que el desafío consiste en desarrollar organismos independientes de la clase trabajadora.
La organización afirma que reconoce las diferencias entre Gramsci y Trotsky, a quien atribuye una estrategia revolucionaria más definida. No obstante, plantea que ciertas categorías gramscianas, como la guerra de posiciones, pueden servir para analizar etapas de estabilización parcial del capitalismo y las tareas políticas cuando no se plantea una lucha inmediata por el poder.
Vincula esta idea con los “equilibrios inestables” señalados por Trotsky y con el cambio de orientación de la III Internacional tras el ascenso posterior a la Revolución Rusa, cuando la tarea volvió a ser la conquista de las masas y cobraron relevancia políticas como el frente único obrero.
Debate sobre mandelismo y morenismo
El PTS también rechaza las definiciones del PO que lo caracterizan como “neomandelista” y “neomorenista”. La primera etiqueta se vincula con la corriente fundada por Ernest Mandel y con el hecho de que esa tradición también utilizó categorías de Gramsci.
La organización afirma que haber tomado determinados aportes de esa corriente, o haber reivindicado el debate estratégico impulsado por Daniel Bensaïd, no implica coincidir con su orientación. Sostiene que siempre consideró al Secretariado Unificado como responsable de una degeneración centrista del movimiento trotskista.
También menciona al NPA francés, del que surgió el grupo Révolution Permanente. Según el PTS, esa organización interviene con cientos de militantes y miles de activistas, impulsa asambleas interprofesionales y formas de autoorganización, y desarrolla una campaña para obtener las firmas necesarias para la candidatura de Anasse Kazib.
El PTS sostiene que los grupos de la Corriente por la Refundación de la IV Internacional defienden el internacionalismo revolucionario, la dictadura del proletariado basada en organismos soviéticos y la reconstrucción o refundación de la Cuarta Internacional. A su vez, afirma que el PO no logró construir trabajo político en Francia.
Respecto de la acusación de neomorenismo, recuerda que el PTS proviene de la corriente fundada por Nahuel Moreno, pero señala que elaboró balances críticos sobre los años 70, el PST, el propio PO y los proyectos políticos del morenismo. Cuestiona al PO por no haber realizado, según su evaluación, un balance sistemático del último ascenso revolucionario argentino ni de otras corrientes históricas del trotskismo.
La nueva clase trabajadora y el partido revolucionario
El PTS rechaza que su propuesta de un Partido de la Nueva Clase Trabajadora conduzca al centrismo. También cuestiona que el PO interprete la expresión “nueva clase trabajadora” como una división entre trabajadores nuevos y viejos.
Según la explicación, el término describe los cambios producidos en la clase trabajadora: mayor precarización, feminización, informalidad, nuevas ramas de actividad y una amplia franja sin sindicalización, junto con sectores tradicionales registrados y sindicalizados y los movimientos de desocupados.
El PTS aclara que la nueva clase trabajadora no es otra clase social, sino la clase trabajadora contemporánea, con su composición actual, contradicciones y nuevas posibilidades organizativas. Incluye a asalariados ocupados y desocupados, así como a quienes tienen una relación laboral encubierta mediante fraude.
La organización sostiene que un análisis marxista debe considerar el peso de cada sector para intervenir sobre la producción, la distribución y la ganancia empresarial. Retoma el concepto de “posiciones estratégicas” o “puntos de estrangulamiento” de John Womack, y menciona un trabajo de Octavio Crivaro sobre los puertos del Gran Rosario y la industria cerealera.
También ubica al movimiento piquetero y a los trabajadores desocupados organizados en torno a la asistencia estatal como parte de esa nueva composición de clase. Cuestiona al PO por no tomar nota de esos cambios y por no revisar su política sindical en consecuencia.
En ese sentido, retoma una formulación de Trotsky de 1938 sobre la independencia sindical frente al Estado y la necesidad de transformar a los sindicatos en organismos de las grandes masas explotadas, en vez de expresiones de una aristocracia obrera. Según el PTS, esta definición tiene una vigencia ampliada tanto en países imperialistas como en países dependientes como Argentina.
Conclusión: frente único y partido revolucionario
El PTS sostiene que los comités del FIT-U no bastan para construir un partido común, ya que el frente es una alianza electoral de organizaciones con diferencias programáticas y estratégicas importantes. Aunque reconoce al FIT-U como una conquista de independencia política de clase, señala que la unidad electoral no resuelve discrepancias sobre guerra imperialista, democracia obrera, frente único, Estado, sindicatos y construcción internacional.
Por ello, diferencia dos tareas: por un lado, desarrollar organismos amplios de frente único para la lucha, abiertos a trabajadores y jóvenes de distintas orientaciones; por otro, construir un movimiento por un partido revolucionario asentado en acuerdos programáticos y estratégicos.
El PTS afirma que los comités impulsados en esa dirección reunieron a más de 18.000 personas en actos y movilizaciones en todo el país, y que movilizaron a más de 10.000 compañeros y compañeras en la Marcha de la Bronca. También menciona columnas destacadas en las movilizaciones del 6A y el 15O.
La organización sostiene que rechazó la posibilidad de utilizar la influencia electoral de Myriam Bregman para anticipar una campaña presidencial, pese a que esa iniciativa podría haber reunido a más personas. Considera que una campaña de ese tipo no habría estado seriamente vinculada con la construcción de un partido revolucionario.
Finalmente, plantea que esos comités deben avanzar como organismos militantes que intervengan en luchas, desarrollen formación política y contribuyan a crear nuevas instituciones de autoorganización. El objetivo declarado es discutir un programa y una estrategia para construir un gobierno de trabajadores, entendido como dictadura del proletariado basada en organismos de democracia directa de trabajadores y trabajadoras.
El PTS afirma que continuará buscando intervenciones comunes con las organizaciones del FIT-U tanto en las luchas como en el terreno electoral, con la expectativa de que la experiencia permita una mayor confluencia programática, estratégica y práctica.
Notas sobre la Asamblea Constituyente
La respuesta señala que la experiencia rusa muestra que las consignas democráticas pueden cumplir funciones distintas según la etapa de un proceso revolucionario. En 1917, la lucha por la Asamblea Constituyente coexistió durante un período con el desarrollo de los soviets, mientras que después de Octubre la contradicción se resolvió en favor del poder soviético.
Por ese motivo, el PTS sostiene que la consigna constituyente no debe convertirse en un principio estratégico permanente. Advierte que la burguesía puede utilizarla para desviar procesos revolucionarios, pero afirma que no corresponde identificar automáticamente su uso con el parlamentarismo.
Como ejemplo menciona a Chile, donde la demanda de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana habría colaborado con el desarrollo de la movilización contra el régimen, aunque posteriormente el propio sistema canalizó ese reclamo hacia una Convención que el PTS describe como amañada y frustrante. Señala que el PTR, su organización hermana en Chile, se opuso a ese proceso, aunque no contó con fuerza suficiente para impedirlo.
Por último, cita una posición de Trotsky sobre China, según la cual las masas oprimidas buscarían expresar su fuerza numérica mediante el sufragio universal, aun cuando los comunistas comprendan sus límites como instrumento de dominación burguesa. Desde esa perspectiva, una Asamblea Nacional podía ser un paso en la experiencia política de millones de trabajadores hacia la dictadura del proletariado, junto con consignas como la tierra para campesinos pobres, la jornada de ocho horas, la independencia de China y la autodeterminación de las nacionalidades.
