¿Cómo combatir la desesperanza si esta es promovida deliberadamente desde el poder? Esa fue una de las preguntas centrales del discurso de Mafe Macedo, psicóloga y militante del MRT (Movimiento Revolucionario de TRabajadores, partido hermano del PTS), durante la apertura del II Congreso Internacional de Clínica Histórico-Cultural.
El encuentro se realizó el 25 y 26 de septiembre en Fortaleza, Ceará, Brasil. Fue organizado por el LADES —Laboratorio de Estudos da Subjetividade e Saúde Mental—, grupo de investigación y extensión de la carrera de Psicología de la Universidade Estadual do Ceará (UECE), junto con el Instituto Veresk de la misma ciudad. Participaron 200 psicólogas y psicólogos, docentes, investigadores y estudiantes de Brasil, Argentina y México, que debatieron las herramientas del pensamiento marxista de Vigotski frente a los desafíos clínicos y políticos actuales.
Manifiesto político de apertura del II Congreso Internacional de Clínica Histórico-Cultural
“Bloqueamos todo”. Así se expresaron los trabajadores portuarios italianos que, en 2025, participaron en la organización de una huelga general que movilizó a más de dos millones de personas en solidaridad con el pueblo palestino.
“Moderada nunca”, sostuvo el 1 de mayo de este año Myriam Bregman, la comunista que actualmente cuenta con la mejor imagen positiva entre las figuras políticas de Argentina.
“Parecemos un pueblo tan pequeño, pero somos gigantes cuando enfrentamos al enemigo”, afirmó Alessandra Munduruku cuando el pueblo de Tapajós logró derribar el decreto que buscaba privatizar sus ríos.
Para Vigotski, la palabra constituye la unidad fundamental para analizar la conciencia. En un contexto donde se repite con frecuencia que “no da la correlación de fuerzas”, estas expresiones formuladas en momentos decisivos abren interrogantes sobre las posibilidades de imaginación. No puede ser más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.
La psicología que reúne a quienes participan del Congreso, se señaló, solo pudo desarrollarse como resultado de la creatividad liberada por la mayor revolución obrera de la historia: la Revolución Rusa. Aquella revolución fue construida por quienes defendían la imaginación en el poder. Vigotski se convirtió en revolucionario en ese proceso y elaboró su teoría no desde un ámbito aislado, sino participando de la construcción e imaginación de una sociedad libre de explotación y opresión.
El discurso describió una situación internacional profundamente convulsionada. Según el manifiesto, el imperialismo estadounidense interviene y pretende convertir a América Latina en su patio trasero, con el objetivo de apropiarse del petróleo, las tierras raras y otros recursos, dejando a su paso más de mil situaciones como los desastres ambientales de Marianas y Brumadinho, además de crímenes como el de Brasken.
Para ello, se planteó, Trump cuenta con aliados como los Bolsonaros y Milei. También se mencionó una crisis histórica en la Corte Suprema de Justicia (STF), protagonizada por banqueros y jueces que no fueron elegidos por nadie. El Marco Fiscal, orientado a enriquecer a los banqueros mediante el pago de una deuda pública caracterizada como fraudulenta e imperialista, destruye los presupuestos de educación, asistencia social y salud. Esa precarización, según el texto, fortalece las políticas manicomiales en el Sistema Único de Salud (SUS) y en la RAPS, mientras benefician a la industria farmacéutica y a las iglesias que gestionan comunidades terapéuticas.
La continuidad de la crisis capitalista ha dado lugar a hechos que antes parecían propios de las distopías de la industria cultural. El manifiesto aludió a las imágenes de palestinos ante la masacre de Israel, al mar que se incendia y a los ríos amazónicos que se secan. También cuestionó a los patrones y a una burguesía racista, machista y LGBTfóbica que exhibe su riqueza y proyecta viajes al fondo del océano o a la Luna, financiados con el trabajo de la clase trabajadora.
Para las clases dominantes que organizan esa barbarie, sostiene el discurso, resulta funcional que solo se perciba la barbarie y su consecuencia emocional: la desesperanza.
La desesperanza no es una consecuencia natural.
Desde la perspectiva de Vigotski, las emociones poseen un origen histórico-cultural: no son simples respuestas fisiológicas ni innatas, sino que se desarrollan históricamente y cambian mediante la interacción social y la cultura. La desesperanza sería, en este sentido, una construcción elaborada, amplificada y promovida por los medios de difusión contra la clase trabajadora, las mujeres, la comunidad LGBTQIAPN+, las personas negras y los pueblos indígenas.
El texto la define como una ideología alimentada no solo por empresarios, sino también por quienes se presentan como opositores, aunque necesitan de esa desesperanza para preservar el espacio de su propia política. Se trata de quienes proponen un “capitalismo humano” o un Estado que administre las desigualdades sin ponerlas en discusión de raíz.
Ligada a las pasiones tristes nombradas por Spinoza, la desesperanza se vincula con la parálisis de la acción: un estado psíquico que anula al sujeto y le impide reconocerse capaz de transformar aquello que le provoca tristeza. La desesperanza actual se constituye, así, por la imposibilidad de pensar una alternativa real al capitalismo y por la aceptación resignada del orden social existente.
En la psicología, esta lógica se expresa desde sus orígenes, al responder a la demanda de proporcionar instrumentos y conceptos “científicos” para medir y garantizar la adaptación de las personas al orden social. Para superar ese origen y recuperar la génesis de la Psicología Histórico-Cultural, el manifiesto sostiene que es necesario no naturalizar el mundo tal como se presenta.
Transformar la psique requiere transformar la realidad social que la agrede y deteriora. Esto implica reapropiarse del producto del trabajo colectivo: de la cooperación social mediada culturalmente que constituye a los seres humanos, fuente de la riqueza, la ciencia, la tecnología y de aquello que mueve al mundo. Según el discurso, los empresarios privatizan, expropian y alienan esa producción colectiva para sostener sus ganancias y su dominación.
Existen, a la vez, demostraciones permanentes de que la fuerza colectiva organizada de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos puede romper la normalidad impuesta y mantenida por la desesperanza.
Entre los ejemplos mencionados estuvieron las mujeres bolivianas que encabezaron un levantamiento de trabajadores y campesinos, paralizando un país aun frente a la traición de sus sindicatos; los maestros y maestras, trabajadores de la salud, madres y padres de alumnos que lograron expulsar al ICE de Minnesota en las calles de Estados Unidos; y los indígenas de Tapajós, que transformaron a Cargill en una aldea ocupada para luchar contra la privatización de sus ríos impulsada por el gobierno de Lula en beneficio de intereses imperialistas, enfrentando incluso a ministros del PSOL.
También se destacaron la huelga general italiana, la juventud de distintos países que ocupa universidades y lucha por una Palestina libre, y las huelgas nacionales en curso de trabajadores bancarios y de correos, a quienes el texto expresó su apoyo.
De este modo, ya no se observaría únicamente la barbarie, sino el ingreso de la lucha de clases como un factor cada vez más decisivo. El manifiesto retomó entonces la idea de Marx de que la burguesía produce a sus propios sepultureros.
El planteo propone recuperar estos ejemplos, solidarizarse y unirse a quienes muestran una salida frente a la parálisis. Se trata de cuestionar las bases colectivas de la desesperanza, imaginar un futuro sin explotación ni opresión y defender al planeta de quienes lo destruyen.
Es necesario recuperar el imaginario socialista. No debemos aceptar la miseria de lo posible.
Ante el avance del imperialismo dentro de una internacional reaccionaria, el texto reclama una lucha decidida contra la extrema derecha. Afirma que la conciliación de clases no combate a esa derecha, sino que la fortalece, y propone como respuesta una política de plena independencia de clase respecto de los gobiernos, los patrones y el poder judicial.
La tarea, según el manifiesto, consiste en cuestionar la supuesta inexistencia de alternativas radicales viables; multiplicar los ejemplos que las clases dominantes y sus aparatos silencian; y estimular la potencialidad creativa con la que las personas sostienen diariamente el mundo, para reapropiarse de ella de forma colectiva y construir otra realidad. Así, la psique también podría desplegar todas sus capacidades.
El desenlace de las batallas entre “nosotros y ellos” no está fijado de antemano. Aún deben librarse, para honrar a las generaciones pasadas, dejar un mundo mejor a las futuras y, especialmente, defender la alegría y las pasiones alegres en un presente dominado por las pasiones tristes. Las reivindicaciones no son imposibles, sostiene el texto: existen condiciones materiales para edificar una sociedad sin explotación ni opresión, aunque su realización dependerá del resultado de la lucha.
¿Cómo sostener la vitalidad del presente si no es conspirando colectivamente cada día para impedir que una pequeña minoría privilegiada que domina la sociedad consiga lo que desea?
Para Spinoza, las pasiones alegres pueden resultar peligrosas para el statu quo, porque incrementan la potencia y la capacidad de actuar. En sus escritos sobre psicoterapia, Vigotski plantea que el psicoterapeuta trabaja creando vivencias.
Por eso, el manifiesto sostiene que, en un mundo como el actual, la situación social de esas vivencias y la práctica clínica deben rechazar la desesperanza y mirar la vida con los ojos abiertos.
En ese sentido, recuperó una reflexión de Trotsky: “Amar la vida con el afecto superficial del diletante no es un gran mérito. Amar la vida con los ojos abiertos, con un sentido crítico pleno, sin ilusiones, tal como se nos presenta, con lo que nos ofrece, esa es la hazaña. Nuestra hazaña es realizar un esfuerzo apasionado para sacudir a quienes están adormecidos por la rutina; hacer que abran los ojos y vean lo que se avecina”.
Recrear ese legado frente a los desafíos actuales, concluyó Mafe Macedo, es lo que reúne a quienes participaron del Congreso: “¡Bienvenidxs, compañeros!”.
