La Región de Coquimbo en Chile está enfrentando un creciente problema de endeudamiento juvenil, una tendencia que se está observando en todo el país. Según los datos más recientes, la cantidad de morosos de entre 18 y 24 años ha aumentado en un 10,7% en el último trimestre, sumando 124.622 personas con deudas.
Aunque la mora promedio se ha reducido a $310.185 desde los $350.241 en 2023, sigue siendo alta para el nivel de ingresos de este grupo demográfico. En el tramo de 25 a 29 años, la mora promedio ha aumentado en un 6,1%, alcanzando $962.295, lo que señala una presión creciente para endeudarse.
Más del 37% de los jóvenes posee una tarjeta de crédito y el 23% de los hombres jóvenes tiene deudas con casas comerciales e instituciones financieras. Además, un 25% ha solicitado el Crédito con Aval del Estado (CAE) para financiar su educación, mientras que otro porcentaje similar depende del apoyo familiar o de su propio trabajo. Esta situación pone a los jóvenes en una posición precaria, ya que a menudo tienen que recurrir a créditos para financiar su educación y consumo, lo que puede impedirles adquirir una vivienda o emprender.
La seremi de Economía, Pía Castillo, reconoce que esta creciente deuda es preocupante. «Debemos avanzar respecto a una política pública. Muchos jóvenes antes de pasar a ser trabajadores y percibir un sueldo, ya están en situaciones de endeudamiento y eso es algo en que estamos al debe como Estado”, sostuvo Castillo.
Pablo Pinto, economista y rector de la Universidad Santo Tomás, ve el endeudamiento juvenil como una estrategia de supervivencia. Según Pinto, los jóvenes recurren al endeudamiento para cubrir necesidades básicas, financiar su educación o adquirir bienes que no podrían pagar de otra manera. Aunque la falta de educación financiera juega un papel importante, la realidad económica en la que estos jóvenes viven es un factor determinante. En muchos casos, el endeudamiento no es una elección, sino una necesidad impuesta por las circunstancias socioeconómicas.
Orlando Robles, economista y académico de la Universidad de La Serena, coincide en que el endeudamiento puede ser una estrategia de supervivencia en la medida en que sea necesario consumir hoy, pero la idea es que también tengan capacidad de pagar en el futuro. “Es por esto que se debe educar a la sociedad respecto de lo que implica el acceso al crédito como una responsabilidad, que por cierto, genera cargas económicas”, aseveró el académico de la ULS.
El contexto socioeconómico es un factor crucial que determina la estructura del endeudamiento juvenil. Los jóvenes de sectores con menores ingresos y oportunidades tienden a endeudarse más, a menudo con condiciones menos favorables y en instituciones financieras no tradicionales, como casas comerciales o prestamistas informales. Además, su acceso limitado a empleos bien remunerados y educación de calidad los deja en una situación de vulnerabilidad financiera, obligándolos a depender del crédito para satisfacer sus necesidades.
Por otro lado, la precariedad laboral y los bajos salarios también obligan a los jóvenes a tomar decisiones de endeudamiento que, en otras circunstancias, podrían evitarse. La inseguridad en el empleo y la falta de ingresos estables incrementan la dependencia del crédito para cubrir gastos o emergencias, lo que agrava su situación financiera y limita sus oportunidades futuras.
Para prevenir el endeudamiento insostenible en los jóvenes, ambos profesionales defienden la implementación de algunas políticas, como educación financiera obligatoria desde la enseñanza media, regulación estricta de las instituciones que otorgan créditos a jóvenes, programas de apoyo al empleo juvenil, incentivos al ahorro y apoyo al emprendimiento con créditos accesibles.
A pesar de la importancia de la educación financiera, Pinto sostiene que no es suficiente por sí sola. “Un enfoque más amplio que aborde las condiciones laborales y socioeconómicas es esencial. Esto incluye mejorar el acceso a empleos de calidad, fortalecer la red de protección social y ofrecer alternativas accesibles para financiar la educación superior. Es necesario un enfoque integral que considere todos los factores que influyen en el endeudamiento juvenil, no solo la educación financiera”, subrayó.
Por último, Robles explica que la educación financiera debe comenzar a temprana edad, idealmente desde la educación básica o preescolar. “La educación por sí sola no es suficiente, pues debe ir de la mano con el crecimiento y desarrollo del país, tratando de generar más y mayores emprendimientos, con también más y mejores condiciones laborales. Pero para eso también debemos ser más conscientes de nuestros roles en la sociedad y mejorar nuestra productividad”, finalizó el académico de la ULS.
