El crecimiento del Partido Liberal (PL) en las elecciones parlamentarias y en los gobiernos estatales, junto con la ventaja de Flávio Bolsonaro sobre Lula en la primera vuelta, modificó de forma profunda el escenario político brasileño. En ese contexto, el PL se consolidó como la principal estructura partidaria de la familia Bolsonaro, aunque continúa ligado a la maquinaria política encabezada por Valdemar da Costa Neto.
El bolsonarismo y su bloque de apoyo, compuesto principalmente por el PL y Republicanos, avanzaron sobre espacios antes ocupados por el Centrão tradicional, especialmente en gobiernos estaduales y en el Senado. Sin embargo, el panorama de la Cámara de Diputados presenta matices. La politóloga María Hermínia Tavares, en su columna Las metamorfosis de la derecha publicada por Folha, sostuvo que, pese a los análisis sobre una gran ola derechista, el PT y los pequeños partidos de izquierda mantuvieron prácticamente el mismo número de bancas. El PT, que contaba con 65 diputados en 2022, pasará a tener 70 en la próxima legislatura.
El cambio más relevante, según esta lectura, fue la expansión del PL como partido del bolsonarismo, en perjuicio de las fuerzas tradicionales del centro. Para María Hermínia, el ascenso del PL al liderazgo de la extrema derecha responde tanto al voto como a decisiones de las élites partidarias. El texto también señala que este proceso está condicionado por la crisis de legitimidad de los partidos surgidos del régimen de 1988. Desde 2018, las élites políticas intentaron construir una alternativa de derecha al bolsonarismo, pero la pérdida de fuerza de los partidos tradicionales se profundizó: primero con el debilitamiento del PSDB y luego con el crecimiento del PL frente al centro tradicional.
El clan Bolsonaro convirtió al PL en su principal partido mediante un acuerdo con la estructura tradicional liderada por Valdemar da Costa Neto, después del fracaso de la tentativa de crear un partido bolsonarista desde cero a partir del PSL. La votación en bloque para presidente, gobernadores y senadores contribuyó a dar cohesión al partido y a su alianza con los republicanos vinculados a Tarcísio. No obstante, el PL actual no debe ser entendido como una organización bolsonarista completamente consolidada, sino como el resultado de la convivencia entre la familia Bolsonaro y una estructura partidaria de perfil pragmático.
De ARENA al Centrão: las continuidades de la derecha
La historia del PL se vincula con los cambios de la derecha brasileña después de la dictadura. Durante el régimen militar, ARENA fue la organización que respaldó políticamente al gobierno. Tras el fin del bipartidismo, sus dirigentes, redes regionales y estructuras se repartieron entre diferentes partidos. El PDS asumió la continuidad formal de la antigua base oficialista, mientras que el PFL surgió de una disidencia del PDS y se transformó en una de las principales fuerzas de derecha de la Nueva República.
La redemocratización no implicó una sustitución completa de las élites políticas anteriores. Parte importante de los dirigentes, las redes locales y las estructuras de poder formadas bajo el régimen autoritario fue incorporada al sistema de la Nueva República, surgido, según el artículo original, de un pacto de impunidad durante la transición. Algunos referentes permanecieron en partidos vinculados directamente a la antigua base gubernamental, mientras que otros migraron a organizaciones con mejores condiciones electorales o mayor acceso a los gobiernos estaduales y federal.
En la Asamblea Constituyente de 1987 y 1988, la dispersión de antiguos parlamentarios de ARENA ya era evidente. Un estudio sobre la transición identificó 97 exintegrantes de ARENA en el PFL, 32 en el PDS y decenas en el PMDB.
La Asamblea Nacional Constituyente también dio lugar a una articulación de sectores conservadores denominada Centrão. Este grupo reunió a parlamentarios de PFL, PDS, PTB y PL, además de disidentes del PMDB y de otras fuerzas. Defendía un mayor poder de decisión para el pleno y cuestionaba lo que consideraba un predominio de sectores progresistas en la elaboración de la Constitución.
Desde la década de 2010, el término Centrão adquirió un sentido más amplio. Investigaciones publicadas en Cadernos CRH sostienen que el Centrão contemporáneo no puede definirse únicamente por posiciones conservadoras o liberales en economía. El clientelismo, la distribución de recursos y la negociación de intereses individuales y partidarios ocupan un lugar decisivo en su funcionamiento. El PL es presentado como un caso en el que se superponen una identidad de derecha o extrema derecha y una maquinaria pragmática de negociación.
La relación entre el Centrão y la derecha no ha sido de identidad absoluta. En ese espacio conviven conservadores ideológicos, liberales económicos, representantes empresariales, dirigentes ligados a estructuras estatales, líderes religiosos y parlamentarios interesados principalmente en recursos y capacidad de negociación. Esa flexibilidad explica su presencia en los distintos gobiernos brasileños desde 1988.
La evolución del Partido Liberal
El Partido Liberal fue fundado en junio de 1985 bajo el liderazgo de Álvaro Valle. Su origen inmediato estuvo relacionado con disputas por cargos y candidaturas dentro del PFL. Con Guilherme Afif Domingos como figura central, el partido buscó construir un espacio propio con una identidad liberal que pretendía diferenciarse tanto del socialismo como del liberalismo económico considerado reaccionario.
Afif fue elegido diputado federal en 1986 y fue candidato presidencial en 1989, cuando el PL aún intentaba afirmarse como una fuerza nacional relativamente autónoma. También participó del Centrão durante la Asamblea Constituyente. En los años noventa, el partido buscó distintos espacios políticos, presentó candidaturas presidenciales y apoyó alianzas variables según la coyuntura. Su supervivencia dependió en gran medida de la adaptación a las oportunidades electorales y a las negociaciones políticas.
Tras la muerte de Álvaro Valle en 2000, Valdemar Costa Neto asumió la conducción partidaria. Bajo su dirección, se reforzó la importancia de las negociaciones parlamentarias, las alianzas electorales y la expansión de la estructura partidaria.
Un momento clave se produjo en 2002, cuando el PL integró la coalición que llevó a Luiz Inácio Lula da Silva a la Presidencia. El empresario José Alencar, afiliado al partido, fue elegido vicepresidente en la fórmula del PT. La alianza ayudó a acercar al PT a sectores empresariales y a transmitir que un gobierno petista no supondría una ruptura indiscriminada con el empresariado. Para el PL, el episodio demostró su capacidad de participar de un proyecto nacional de centroizquierda sin abandonar su propia estructura, intereses y orientación conservadora.
El partido también alojó corrientes religiosas y parlamentarios de distintos perfiles. Su aproximación a dirigentes vinculados a la Iglesia Universal amplió su presencia evangélica, aunque posteriormente parte de ese sector participó en la creación del PRB, hoy Republicanos.
El escándalo del Mensalão, en 2005, afectó directamente al PL y a Valdemar Costa Neto, quien renunció a su cargo y posteriormente fue condenado en el proceso. En 2006, el partido se fusionó con el PRONA y formó el Partido de la República (PR), en un intento de reorganizarse y superar la cláusula de barrera. Pese a la crisis, el grupo dirigente mantuvo su trayectoria: el partido cambió de nombre, incorporó otras estructuras y siguió participando en coaliciones de gobierno. El PR apoyó a los gobiernos del PT y conservó un perfil pragmático, capaz de negociar con distintas fuerzas.
La incorporación de PRONA y el regreso al PL
La integración del PRONA, partido fundado por Enéas Carneiro, requiere una distinción particular. El Partido de Reedificación del Orden Nacional tenía una identidad nacionalista y de extrema derecha más marcada que la tradición pragmática del PL. Enéas defendía la soberanía nacional, el fortalecimiento del Estado y una crítica dura al sistema político y a la dependencia externa. Su discurso combinaba nacionalismo, anticomunismo y una visión autoritaria del orden.
La fusión de 2006 no debe interpretarse como una síntesis doctrinaria entre tradiciones equivalentes. Tuvo principalmente una dimensión electoral y pragmática, ya que ambas organizaciones necesitaban superar el umbral electoral. El PL poseía una estructura partidaria más amplia, pero estaba debilitado por el Mensalão; PRONA contaba con una marca política radicalmente anticomunista y militarista, aunque dependía en gran medida de un Enéas ya debilitado.
La presencia de PRONA en la genealogía institucional del PL contemporáneo no prueba por sí misma una continuidad orgánica entre los militantes de Enéas y las corrientes bolsonaristas actuales. Según el texto, PRONA forma parte de las tradiciones políticas que atravesaron la trayectoria institucional del partido, pero la fusión no basta para demostrar que sus redes se hayan mantenido organizadas dentro del PL.
En 2019, el PR recuperó el nombre de Partido Liberal. Dos años después, en noviembre de 2021, Jair Bolsonaro se afilió a la organización. La decisión transformó la posición pública del partido. Bolsonaro aportó una identidad política asociada a sus años como diputado, las agendas de seguridad pública, el conservadurismo moral, la valoración de las Fuerzas Armadas y una oposición cada vez más radicalizada al PT y a otras instituciones.
El PL, por su parte, le ofreció estructura nacional, directorios, experiencia electoral, financiamiento y capacidad para organizar candidaturas. El acuerdo permitió a Bolsonaro contar con una maquinaria partidaria de alcance nacional, mientras que el partido obtuvo un líder con capacidad de movilización electoral, visibilidad y una base de seguidores con fuerte identificación ideológica.
La afiliación no convirtió automáticamente a todos los dirigentes y parlamentarios del PL en bolsonaristas ni eliminó la trayectoria previa de Valdemar Costa Neto. Lo que ocurrió fue la superposición de una identidad bolsonarista sobre una organización ya existente. Desde entonces, el partido reúne a dirigentes interesados en preservar la maquinaria partidaria, parlamentarios conservadores de larga trayectoria, líderes religiosos, representantes de sectores de seguridad pública y políticos cuya proyección depende directamente de la movilización bolsonarista.
El PL contemporáneo: coalición y tensiones internas
El PL es definido como una coalición antes que como un bloque homogéneo. Su organización gira alrededor de dos grandes vértices: el movimiento bolsonarista y la estructura pragmática, fisiológica y clientelista conducida por Valdemar da Costa Neto. Durante las campañas electorales, el liderazgo bolsonarista puede determinar la orientación general del partido. Sin embargo, en la vida parlamentaria cotidiana, donde resultan decisivas las alianzas en el Congreso, la estructura partidaria puede influir incluso sobre la política de Bolsonaro. En situaciones de desgaste o presión, ambos polos podrían entrar en conflictos abiertos o velados.
El primer polo está integrado por dirigentes y parlamentarios vinculados a la preservación de la estructura partidaria, el control de los fondos, la organización de directorios, la negociación institucional y la construcción de alianzas. Valdemar Costa Neto es la figura más visible de este sector. Su vínculo con el Centrão se expresa en la negociación de apoyos, recursos, espacios institucionales y mayorías parlamentarias.
El segundo es el núcleo bolsonarista y familiar, integrado por actores cuya identidad política se encuentra directamente asociada a Jair Bolsonaro, su familia y la continuidad del movimiento consolidado desde 2018. La pertenencia a este núcleo puede reconocerse por declaraciones públicas, alianzas electorales, acciones coordinadas, defensa explícita del liderazgo y participación en iniciativas comunes, no solamente por la afiliación al PL.
La familia Bolsonaro actúa como una importante captadora de votos y una referencia simbólica y política para sectores de la judicatura, aunque el campo bolsonarista es más amplio que la propia familia. Existen parlamentarios identificados con Bolsonaro que mantienen bases electorales, agendas y estrategias propias. Por ello, debe distinguirse entre afinidad ideológica, dependencia electoral y participación real en redes de coordinación.
La expansión electoral de 2026
En las elecciones de 2026, el PL eligió 121 diputados federales y se convirtió en el bloque más grande de la Cámara por segunda elección consecutiva. El resultado representó un aumento de 24 escaños respecto de la elección anterior. Minas Gerais y São Paulo fueron los estados con mayor número de electos del partido, con 21 y 19 bancas, respectivamente.
La votación también reforzó el peso de dirigentes con gran capacidad individual para atraer sufragios. Nikolas Ferreira, en Minas Gerais, y Lucas Pavanato, en São Paulo, superaron los tres millones de votos cada uno, según los resultados citados de la Cámara y encuestas electorales. En el sistema proporcional de lista abierta, una votación elevada de determinados candidatos puede contribuir a la elección de otros nombres de la misma fuerza, aunque ello no implica que todos compartan idénticas redes, agendas o proximidad política.
La fuerza obtenida en gobiernos estaduales y en el Senado también crea nuevos polos de liderazgo y atracción institucional, además de fortalecer a las bancadas regionales. Este proceso puede reorganizar las relaciones internas del PL durante el próximo período.
Los principales polos de influencia
Dentro de la bancada conviven varios polos cuya clasificación se considera provisoria, ya que las categorías pueden superponerse y la documentación disponible es desigual. Entre ellos se encuentran la derecha digital, el sector evangélico y religioso conservador, los representantes de seguridad pública, las corrientes militares, los grupos intelectuales conservadores y las redes de mujeres conservadoras.
La derecha digital agrupa a parlamentarios y activistas cuya proyección depende de las redes sociales, la comunicación directa con seguidores, los videos breves y las campañas digitales. Nikolas Ferreira es presentado como una figura central de este espacio, mientras que Lucas Pavanato exhibió en 2026 una capacidad electoral excepcional. Sin embargo, la derecha digital no constituye una doctrina uniforme: puede incluir liberalismo económico, conservadurismo moral, antipetismo, activismo religioso, agendas punitivas y discursos radicalizados.
El polo evangélico tiene una presencia anterior al bolsonarismo. Las iglesias y sus líderes ampliaron su actividad electoral y parlamentaria durante las últimas décadas sin concentrarse en un único partido. Dentro del PL existen diferencias denominacionales, disputas entre dirigentes y distintas prioridades. El artículo remarca que el respaldo de una iglesia a un parlamentario no permite concluir que represente a toda una denominación ni al conjunto de los evangélicos.
El sector de seguridad pública incluye a parlamentarios provenientes de la policía, las Fuerzas Armadas u otras instituciones de seguridad, así como a dirigentes que impulsan el endurecimiento penal, la valorización policial y la ampliación de instrumentos represivos. La trayectoria profesional, sin embargo, no constituye una prueba automática de coordinación política.
El polo militar se relaciona con una defensa de concepciones autoritarias del orden, pero no debe confundirse con todos los miembros de las Fuerzas Armadas ni con todos los legisladores de carrera militar. Para identificar vínculos de este tipo, el texto plantea la necesidad de examinar cargos públicos, participación en organizaciones, diálogo con dirigentes e iniciativas políticas documentadas.
También se mencionan corrientes como el conservadurismo asociado a Olavo de Carvalho, el tradicionalismo católico, el monarquismo y el nacionalismo próximo a la antigua PRONA. Aunque pueden compartir anticomunismo, críticas al liberalismo cultural o la defensa de una jerarquía social, difieren en materia económica, estatal, religiosa y estratégica. Luiz Philippe de Orleans e Bragança es citado como referente parlamentario del monarquismo contemporáneo y de algunas corrientes conservadoras, sin que ello implique la existencia de una bancada monárquica.
Las redes de mujeres conservadoras constituyen otro eje de acción. Reúnen a parlamentarias, influencers, líderes religiosas y organizaciones que movilizan temas vinculados con la familia, el aborto, la educación, el género, los derechos parentales y la crítica a políticas consideradas progresistas. Estas redes pueden desarrollar bases electorales y circuitos religiosos y digitales propios, aunque tampoco conforman un bloque uniforme.
Por último, el texto diferencia los polos parlamentarios de las organizaciones extremistas. Agrupaciones neointegralistas, neonazis, supremacistas y de otras vertientes de extrema derecha poseen historias, estructuras y objetivos propios. Pueden converger con el bolsonarismo en determinados temas, participar de circuitos digitales comunes o apoyar movilizaciones políticas, pero esto no demuestra que hayan sido incorporadas al PL ni que exista coordinación directa con la conducción partidaria.
El artículo de Kaysel y Bianchi propone comprender al bolsonarismo como una coalición discursiva que articula neofascismo, ultraliberalismo, conservadurismo cristiano y autoritarismo militar. Este enfoque permite analizar coincidencias ideológicas sin asumir que todas esas corrientes se hayan convertido en una sola organización.
La relación entre los distintos polos del PL combina competencia, cooperación y dependencia mutua. Cada uno dispone de recursos diferentes: estructura partidaria, financiamiento, votos, comunicación, organización territorial, legitimidad religiosa, acceso institucional o capacidad de movilización. Esa diversidad explica cómo el PL puede operar al mismo tiempo como partido del bolsonarismo y como organización con rasgos propios del Centrão. Las disputas por candidaturas, recursos, cargos o estrategias electorales pueden enfrentar a estos sectores, mientras que una agenda moral, una elección o una crisis política puede acercarlos.
La cuestión central será determinar si esta estructura heterogénea, que funcionó con eficacia en la oposición, podrá conservar su cohesión una vez que ejerza funciones de gobierno.
