Graciela Lescano reclama a Rafecas una investigación profunda por la desaparición de su hermano Gustavo

Roberto Gustavo Luis Lescano fue secuestrado y desaparecido el 9 de febrero de 1977 en San Justo, La Matanza, cuando tenía 17 años. Había cursado parte de sus estudios secundarios en el Normal de San Justo y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios.

Según el legajo 5129 de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), Gustavo fue visto con vida por última vez en 1977 en el centro clandestino de detención que funcionó en la Comisaría de Haedo.

Su hermana, Graciela B. Lescano, difundió una carta pública dirigida al juez federal Daniel Rafecas. Allí cuestiona que la investigación no haya determinado qué ocurrió con su hermano durante su paso por esa dependencia policial, ni dónde se encuentran sus restos.

La presentación se refiere a la resolución del 3 de marzo de 2026, dictada en la causa CFP 7273/2006, que reconoce el paso de Gustavo Lescano por la Comisaría de Haedo. Para la familia, sin embargo, esa decisión no brinda respuestas sobre lo sucedido allí ni permite avanzar suficientemente hacia la verdad y la justicia.

Graciela sostiene que la resolución plantea que el expediente podría tener nuevos avances si se aportan pruebas, datos de sobrevivientes o información de familiares. No obstante, cuestiona que el juzgado se haya desentendido del pedido de investigar el caso de manera integral y de juzgar a los responsables, aun cuando hayan fallecido.

En su carta, fechada el 2 de octubre de 2026 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Graciela identifica a su hermano como detenido desaparecido, consigna la fecha y el lugar de su secuestro, su DNI 13.158.854 y las referencias de la CONADEP y del Parque de la Memoria.

La mujer señala que comprende la complejidad de impartir justicia en causas vinculadas con los crímenes cometidos durante la dictadura, pero reclama una mirada más amplia, humana y comprometida con las familias de las víctimas. Considera que el fallecimiento de excomisarios o subcomisarios no debería cerrar la investigación, ya que podrían existir otros integrantes de aquellas dependencias policiales en condiciones de ser indagados para reconstruir qué ocurrió y adónde fue trasladado Gustavo.

“Queremos saber cómo murieron, dónde están sus restos, saber que compartimos nuestro ADN con sus restos y entonces morir con algo de paz luego de tanta angustia, dolor y negacionismo. ¿Es tan difícil de entender?”, expresa Graciela en la carta.

También afirma que, aunque hubo responsables condenados —y menciona que Jorge Rafael Videla murió detenido—, eso no alcanza para las familias si no se esclarece el destino de cada persona desaparecida. A 50 años del golpe cívico-militar, reclama mayor consideración, empatía e interés por parte de la Justicia.

La carta concluye con un pedido a Rafecas para que revise la situación de Gustavo Lescano y la posición adoptada en la causa. Para Graciela, una respuesta judicial debe ir más allá de una resolución formal y contribuir al cumplimiento del deber de hacer justicia por las víctimas de la dictadura.

Foto: Gustavo Lescano y su hermana Graciela.