Más de 500.000 manifestantes salieron este sábado 31 de octubre a las calles de distintas ciudades de Francia, según las organizaciones juveniles. La movilización, denominada III Acto y centrada en el rechazo al alto costo de vida, se desarrolló pese a un amplio despliegue represivo y a las restricciones impulsadas por el Gobierno de Emmanuel Macron.
Las autoridades prohibieron algunas manifestaciones o las alejaron de los centros urbanos. Durante la jornada se realizaron 40.000 controles, hubo cerca de 300 detenciones y se desplegaron 70.000 policías y gendarmes, además de unidades antiterroristas y vehículos blindados. También se denunciaron acciones de intimidación y censura en TikTok. A pesar de estas medidas, las protestas tuvieron una participación masiva en todo el país.
En París, más de 200.000 personas participaron de las marchas. En Rennes, la intersindical contabilizó 20.000 asistentes. También se registraron movilizaciones numerosas en otras ciudades. En Le Mans, cientos de personas se reunieron frente al hospital para celebrar una asamblea general y definir los siguientes pasos. En Marsella, la protesta desafió las prohibiciones de la Prefectura, mientras que en Toulouse la Policía dispersó las marchas apenas comenzaron.
La manifestación parisina recorrió el trayecto entre Porte de Bagnolet y Porte de Charenton pese a las prohibiciones oficiales. A diferencia de la jornada del 24 de octubre, varios cientos de estudiantes respondieron a la convocatoria de la Coordinación Regional de Estudiantes de Île-de-France y desafiaron las restricciones. Tras un breve cerco, la Policía permitió que cerca de mil jóvenes se sumaran a la movilización principal en las puertas de París. Además, se realizaron protestas no oficiales en Montmartre y en el distrito 9.
Muchas personas acudieron disfrazadas por Halloween y repitieron las consignas presentes en las movilizaciones del 17 y 24 de octubre. Las marchas estuvieron atravesadas por reclamos contra el deterioro de los servicios públicos, la austeridad y la violencia policial. En Marsella, Antoinette, de 86 años, recibió el aplauso de la multitud tras reclamar por el derecho de los jóvenes a vivir dignamente, alimentarse y estudiar en buenas condiciones. En París, Révolution Permanente encabezó un contingente que planteó una huelga general escalonada contra Macron y sus políticas.
El impacto del atentado de extrema derecha ocurrido en Trappes el viernes 23 de octubre también estuvo presente en las protestas. En Lyon se guardó un minuto de silencio en homenaje a Pengo Bossio Wangi, después de la concentración realizada en su memoria en Trappes. En París se convocó un bloque antirracista contra la islamofobia y el racismo dirigido a personas de origen africano. Según testimonios recogidos durante la jornada, las restricciones al derecho a la protesta llevaron a más trabajadores a incorporarse a las movilizaciones.
La convocatoria a la huelga del 5 de noviembre fue uno de los principales temas de la jornada. Un integrante de la CFDT en Lille sostuvo que empleados y trabajadores públicos saldrán a las calles ese día. En Lyon, Cyrille, del sindicato CGT Michelin, cuestionó la inacción de las direcciones sindicales y afirmó que deben responder al llamado estudiantil. En Le Havre, Jenny, trabajadora de Safran, explicó que repartieron folletos junto a estudiantes secundarios para impulsar la movilización.
En varias ciudades comenzaron a organizarse asambleas interprofesionales que reúnen a estudiantes universitarios, alumnos secundarios y trabajadores de distintos sectores. Hugo, trabajador sanitario del Hospital Tenon y militante de la CGT, señaló que estas asambleas, surgidas en barrios de Francia durante las últimas semanas, permiten coordinar acciones colectivas y debatir cómo dar continuidad a la lucha.
En algunas localidades, los participantes permanecieron en las calles hasta entrada la noche. En París, la jornada continuó en un clima festivo por Halloween. El Gobierno esperaba que las vacaciones escolares, la represión policial y judicial y el diálogo con organizaciones estudiantiles ayudaran a desactivar el movimiento, pero las organizaciones de secundaria y universidad ya reclaman retomar los bloqueos. Entre otros casos, la Asamblea General del campus de Mirail exige suspender por completo el inicio del curso en la Universidad de Toulouse.
Ante el regreso a clases del lunes, que podría reactivar la participación estudiantil en las escuelas secundarias, el texto plantea la necesidad de que el movimiento obrero se sume masivamente. Para ello, propone ampliar la organización desde la base mediante asambleas generales y encuentros interprofesionales en numerosas ciudades, con el objetivo de impulsar una huelga general contra Macron, Núñez y Lecornu, así como contra sus políticas de austeridad y autoritarismo.
