Los períodos con escaso sol, los cielos cubiertos y los cambios bruscos del tiempo impulsan teorías sobre una presunta manipulación del clima. Expresiones como “nos están tapando el sol”, “están creando nubes artificiales” o “esto nunca se había visto” circulan cada vez con más frecuencia.
Estas versiones sostienen que alguien altera deliberadamente las condiciones meteorológicas, ya sea para beneficiar o perjudicar a la actividad agrícola o para controlar a la población. Incluso se comercializan supuestas soluciones, como tubos de cobre o aluminio: un autodenominado investigador del mundo espiritual y energético recomienda el cloud buster para combatir las denominadas nubes artificiales.
Una investigación publicada el año pasado por El Sabueso, un sitio de fast checking, detectó 20 cuentas verificadas en X que difunden de forma sistemática desinformación sobre manipulación climática. De las 166 publicaciones examinadas, 19 contenían imágenes o videos creados con inteligencia artificial.
Qué se sabe sobre la siembra de nubes
La siembra de nubes es una práctica existente, aunque no explica el clima actual. Consiste en introducir partículas, como el yoduro de plata, en determinadas nubes con el objetivo de intentar modificar la formación de lluvia, nieve o granizo.
Se aplica con fines como incrementar las precipitaciones, disminuir los daños provocados por el granizo o dispersar la niebla. La Organización Meteorológica Mundial reconoce la existencia de programas de modificación meteorológica en más de 50 países y, en una declaración de 2025, señaló que no promueve ni desalienta estas prácticas.
Sin embargo, sus posibilidades son limitadas y su eficacia continúa siendo objeto de debate. La siembra de nubes requiere condiciones atmosféricas específicas: no permite crear sistemas nubosos a voluntad. Tampoco existen métodos comprobados para causar inundaciones o controlar tormentas de gran escala mediante esta técnica. Sus resultados dependen de los procedimientos empleados y de las condiciones existentes en cada caso.
Modificación meteorológica y geoingeniería no son lo mismo
La modificación meteorológica apunta a intervenir en condiciones locales o regionales. En cambio, la geoingeniería climática reúne propuestas orientadas a intervenir en el sistema climático global, como técnicas para modificar la radiación solar o eliminar dióxido de carbono de la atmósfera.
Se trata de tecnologías diferentes, aunque suelen aparecer confundidas en los relatos conspirativos.
Otras teorías vinculadas
Entre las narrativas más difundidas se encuentra la referida al Proyecto HAARP, un programa estadounidense de investigación de la ionosfera al que se le atribuye, sin fundamento, la capacidad de causar fenómenos meteorológicos extremos.
También está la teoría de los chemtrails, que interpreta las estelas de condensación dejadas por los aviones como supuestas fumigaciones secretas. Estas explicaciones suelen tomar tecnologías, programas o investigaciones reales, pero les asignan capacidades que no han sido demostradas.
Por qué estas explicaciones se vuelven virales
Las teorías conspirativas proponen vínculos de causa y consecuencia simples y directos frente a fenómenos complejos e inciertos. Ofrecen una explicación clara, señalan responsables y, en algunos casos, presentan soluciones igualmente sencillas que dan una sensación de control.
Para muchas personas puede resultar más atractivo pensar que alguien domina las lluvias que aceptar la complejidad de una crisis climática. Algunas de estas ideas son negacionistas del cambio climático, mientras que otras responsabilizan a multimillonarios, empresas o potencias internacionales por intervenir sobre el tiempo.
Parte de esa desconfianza se apoya en cuestionamientos legítimos a la concentración del poder económico y en antecedentes de ocultamiento de contaminación y desastres ambientales por parte de gobiernos y empresas. Pero la existencia de intereses económicos no justifica aceptar explicaciones sin evidencias.
La transformación del clima tiene causas reales
El clima está siendo modificado por la acción humana, pero no de la forma que afirman estas teorías. La intervención humana es mucho más profunda y compleja que una supuesta operación secreta para producir nubes.
La quema de combustibles fósiles, la deforestación y otras actividades económicas elevan la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y causan el calentamiento global. Este proceso altera las condiciones en las que se desarrollan numerosos fenómenos meteorológicos, incrementa la probabilidad de determinados eventos extremos y puede agravar los efectos de fenómenos naturales como El Niño.
Esto no implica que cada jornada nublada o cada tormenta responda directamente al cambio climático. Sí se sabe que el calentamiento global está alterando los patrones de temperatura y precipitaciones, y que muchos fenómenos extremos se vuelven más frecuentes o intensos.
El problema de las versiones conspirativas no se limita a que proponen explicaciones falsas. También pueden desviar la atención de las causas reales de la transformación climática y de las responsabilidades políticas sobre las que es posible actuar.
Frente a inundaciones y emergencias, es necesario analizar las obras que no se realizaron, los sistemas de alerta temprana, los recortes en los presupuestos de prevención y la exposición de las poblaciones afectadas. En lugar de combatir supuestas nubes artificiales, se requieren medidas de prevención, obras públicas y organización comunitaria para exigirlas.
