En mayo del 2023, apenas dos meses antes del final de su vida, la joven Antonia Lobos Rivera de 13 años, maniobraba su silla de ruedas para ingresar a su sala de clases en el Colegio Gerónimo Rendic de La Serena, Chile. A pesar de los dos años transcurridos desde el accidente que la había postrado en la silla, las burlas crueles de algunos compañeros de clase continuaban sin tregua.
Marcela Rivera, madre de Antonia, reveló con voz temblorosa cómo trató de persuadir a su hija para que dejara de asistir a la escuela y evitara la exposición. Sin embargo, Antonia se mantuvo firme en su decisión: no se escondería, no abandonaría la escuela donde estaban sus amigos, quería hacer la diferencia.
Antonia había sido una niña activa hasta un accidente en el colegio que le fracturó la rodilla. Necesitó usar muletas durante varios meses y no podía participar en los juegos como antes. A medida que pasaba el tiempo, las lesiones se volvían más frecuentes y Antonia se veía cada vez más aislada. Eventualmente, los médicos diagnosticaron a Antonia con Hoffitis, una severa inflamación del tendón de la rótula que la dejó en silla de ruedas.
Tristemente, a pesar de su condición, Antonia se convirtió en objeto de burlas y acoso. Los compañeros de clase, e incluso algunos profesores, se mofaban de ella. A pesar de todo, Antonia se mostraba fuerte, incluso se reía de su propia situación para disimular su dolor. La situación era tan difícil que incluso sus amigos temían defenderla.
El acoso no se limitó al ámbito escolar, sino que también se extendió al ciberespacio. Antonia comenzó a recibir amenazas de los estudiantes a través de WhatsApp y un grupo anónimo de Instagram empezó a publicar mensajes intimidantes dirigidos a ella. La última cosa que Antonia vio en su vida fueron las «confesiones» sobre ella en la página de Instagram.
El suicidio de Antonia en julio de 2023 dejó a su familia y amigos en shock y desesperación. La directiva del colegio inició charlas para hablar sobre cómo el curso estaba enfrentando la muerte de Antonia y levantó un altar en su memoria. Sin embargo, a pesar de estas acciones, el bullying no cesó y algunos estudiantes, incluyendo a los amigos de Antonia, optaron por abandonar el colegio.
El acoso es una de las razones más frecuentes que explican el abandono escolar en Chile. De acuerdo al sondeo del Instituto Nacional de la Juventud, titulado «Bullying en Establecimientos Educacionales», el 61% de los jóvenes entre 15 y 29 años encuestados, declaró haber sido intimidado o maltratado verbalmente con insultos, burlas o amenazas.
Chile lidera el ranking de suicidios por habitante en el continente y es la segunda causa de mortalidad adolescente en el país. Es alarmante que uno de cada tres niños o niñas entre 10 y 14 años en Chile desea acabar con su vida o hacerse daño. Expertos en el tema, como la psicóloga y magíster en Ciencias de la Familia, Pamela Cajales, señalan que los adultos no están preparados para acompañar a estos niños y es necesario estar alerta a todos los aspectos de la vida de los niños, desde su desempeño en el colegio, la relación que tienen con sus amigos y profesores, su salud, su autoestima, sus gustos y las rutinas que llevan.
La historia de Antonia es un llamado de atención sobre la necesidad de combatir el acoso escolar y de promover una cultura de inclusión y respeto en las escuelas. Es un recordatorio de la importancia de prestar atención a la salud emocional de los niños y adolescentes y de proporcionarles el apoyo necesario para enfrentar las dificultades de la vida.
