A finales de 2020 se realizó una serie audiovisual dedicada a examinar el chavismo desde una perspectiva marxista. El material abordó la relación de Hugo Chávez con la burguesía nacional, los sindicatos, las luchas obreras, el imperialismo y el tipo de sociedad que proponía su proyecto. A partir de aquellas exposiciones surgieron críticas, preguntas y debates sobre las estrategias de las distintas corrientes de izquierda.
Para profundizar en esas cuestiones, se entrevistó a Ángel Arias, dirigente de la LTS y responsable de presentar las ideas de la serie. Esta es la primera de dos partes de la entrevista.
¿Por qué hacer un balance del chavismo?
Arias sostiene que el balance es necesario porque el chavismo llegó al poder en un contexto de crisis y de amplio descontento con el régimen burgués previo. Según explica, el proyecto captó las expectativas de grandes sectores trabajadores y pobres, prometió una revolución social e incluso planteó la superación del capitalismo y la construcción del socialismo.
Sin embargo, dos décadas después, considera que la situación de trabajadores y sectores populares es muy grave; que el poder de los capitalistas no disminuyó y que, en lugar de un poder obrero o popular, se consolidó una casta cívico-militar privilegiada y autoritaria. Para Arias, esa evolución obliga a revisar cómo se llegó a la situación actual.
La reflexión, agrega, resulta especialmente importante para la izquierda, debido a que la mayoría de sus corrientes y partidos se integraron al chavismo de manera directa o mantuvieron organizaciones propias, aunque con respaldo político al proceso.
Balance histórico y unidad de acción
Ante la idea de que revisar el pasado podría distraer de las urgencias del presente, Arias afirma que una discusión histórica no impide la unidad para luchar. Señala que la LTS participa en espacios de frente único de clase y en instancias de articulación con otras organizaciones de izquierda.
Entre las demandas en las que ubica coincidencias menciona la lucha por salarios, contratos colectivos, contra los despidos, por la libertad de trabajadores presos, contra la ley antibloqueo y las sanciones imperialistas, por #VacunasParaTodasyTodos, un plan de emergencia ante la pandemia, contra la violencia machista y los femicidios, y por el derecho al aborto. También destaca la defensa de los derechos democráticos de sectores como la APR, aunque su organización no forme parte de ese espacio.
Para Arias, la izquierda revolucionaria debe aspirar no solo a acciones comunes, sino también a formas de unidad política que podrían abarcar campañas, frentes políticos o una nueva organización revolucionaria unitaria. Pero considera que ese reagrupamiento exige una comprensión compartida de aspectos fundamentales de las últimas dos décadas, además de acuerdos sobre la actuación en el presente.
La discusión sobre Chávez, Maduro y la continuidad del proceso
El dirigente cuestiona la interpretación según la cual todo se explica porque Nicolás Maduro habría traicionado el legado de Chávez. A su juicio, esa formulación describe algunas políticas neoliberales y entreguistas del actual Gobierno, pero no explica las causas de la degeneración del proceso.
Arias reconoce diferencias entre los períodos de Chávez y Maduro, y señala que su corriente denunció desde temprano el curso regresivo, ajustador, represivo y neoliberal del Gobierno de Maduro. No obstante, afirma que las condiciones que hicieron posible esa orientación ya existían durante el mandato de Chávez.
Entre esos elementos menciona problemas económicos que luego se agravaron, vulnerabilidad frente al capital imperialista, el creciente peso de los militares en el Estado y la vida social, el control estatal sobre organizaciones de trabajadores, campesinos y sectores populares, y respuestas represivas contra luchas que no se subordinaban al Gobierno.
Deuda externa, petróleo y fuga de capitales
Según Arias, las contradicciones económicas que estallaron bajo Maduro se incubaron durante el período anterior. Señala dos hechos decisivos: el desplome de los precios petroleros y el vencimiento de pagos de una cuantiosa deuda externa adquirida durante el Gobierno de Chávez.
También vincula la crisis con la fuga de capitales durante los años de altos ingresos petroleros. Su argumento es que, mientras el país recibía una elevada renta petrolera, una parte importante de esos recursos salía al exterior. En ese marco, sostiene que el endeudamiento externo aumentó de manera drástica desde 2007 y comprometió pagos hasta, como mínimo, 2027.
Para Arias, es falso justificar ese endeudamiento exclusivamente en obras sociales o misiones. Afirma que el país se endeudó pese a atravesar uno de los mayores ciclos de ingresos petroleros de su historia y que la renta petrolera, junto con los préstamos externos, terminó facilitando la fuga de capitales.
Al referirse al inicio de la crisis bajo Maduro, sostiene que el Gobierno privilegió el pago de la deuda al capital financiero internacional, incluso a costa de importaciones de alimentos y medicinas. Considera que ese fue uno de los primeros ajustes antipopulares aplicados desde 2014.
Arias también cuestiona la idea de que el pago de deuda bajo Maduro supusiera una ruptura con Chávez. Recuerda que Chávez pagó puntualmente la deuda externa, incluida la heredada del puntofijismo, y presentaba al país como un pagador confiable ante el capital internacional. Para el entrevistado, esa fue una enseñanza política que continuó bajo Maduro.
Además, plantea que durante la caída de ingresos petroleros de 2009 y 2010 Chávez aplicó ajustes: recortes presupuestarios en universidades y áreas de la administración pública, despidos de contratados, congelamiento o incumplimiento de contratos colectivos y enfrentamientos con reclamos salariales de trabajadores públicos. Según Arias, Chávez llegó a contraponer recursos para las misiones a las exigencias sindicales, en lugar de cuestionar los pagos a acreedores internacionales.
El papel de las Fuerzas Armadas
Otro aspecto que Arias identifica como antecedente del actual régimen es el lugar de las Fuerzas Armadas en el Estado. Asegura que su creciente presencia en puestos de Gobierno, empresas públicas, administración de la renta petrolera y control social no comenzó con Maduro, sino que fue promovida por Chávez.
Explica que Maduro, al no contar con el liderazgo de Chávez dentro de las Fuerzas Armadas y enfrentar desde el inicio una crisis política y económica, se apoyó cada vez más en el aparato militar y represivo. En esa dinámica, sostiene, las Fuerzas Armadas fueron acumulando espacios de poder y posiciones en sectores estratégicos de la economía y del Estado.
Arias define la situación actual como un cogobierno entre Maduro y las Fuerzas Armadas, al que caracteriza como un gobierno cívico-militar. No obstante, subraya que el ejército ya era uno de los pilares centrales del chavismo durante el mandato de Chávez.
Desde su perspectiva marxista, sostiene que una revolución verdadera debería destruir el Estado capitalista y su ejército. Por el contrario, afirma que Chávez buscó recuperar la legitimidad de las Fuerzas Armadas ante la población después del Caracazo de febrero de 1989 y convertirlas en una base esencial del nuevo régimen.
Bonapartismo sui generis y nacionalismo burgués
Para caracterizar al chavismo, Arias recurre al concepto de bonapartismo sui generis desarrollado por León Trotsky. Considera que esta categoría permite comprender mejor el fenómeno que términos como populismo o socialreformismo.
Explica que el bonapartismo alude a regímenes en los que el Estado aparece como mediador entre las clases, adquiere cierta independencia momentánea y se concentra en torno a un Gobierno fuerte, habitualmente apoyado en sectores militares. Aunque la clase económicamente dominante pueda perder control directo sobre el régimen político, este continúa defendiendo sus intereses de clase.
El carácter sui generis, según explica, refiere a países dependientes, sometidos a la influencia económica y política de capitales y potencias imperialistas. En esos casos, el Estado bonapartista arbitra entre las clases nacionales y también entre intereses nacionales y extranjeros.
Arias menciona dos variantes planteadas por Trotsky: una subordinada al capital extranjero mediante dictaduras policiales, como varias dictaduras militares latinoamericanas de las décadas de 1960 y 1970; y otra que mantiene roces con el imperialismo, realiza concesiones a trabajadores y campesinos y se apoya parcialmente en su movilización. Ubica a los gobiernos de Lázaro Cárdenas, Juan Domingo Perón, Juan Velasco Alvarado y, en buena medida, al régimen encabezado por Chávez dentro de esta segunda variante.
El entrevistado reconoce que el chavismo tuvo componentes nacionalistas y planteó límites a la expoliación imperialista. Sin embargo, sostiene que su naturaleza fue la de un nacionalismo burgués, pues procuró el desarrollo nacional sin superar la estructura capitalista ni la supremacía social de capitalistas y banqueros privados.
En esa interpretación, el objetivo de estos proyectos no es una revolución social dirigida por la clase trabajadora, sino la colaboración entre explotados y explotadores en nombre del desarrollo nacional, además del control y la subordinación de las luchas sociales al Estado.
Los discursos de Chávez y el control de la conflictividad
Arias recuerda que Chávez afirmó en su discurso de toma de posesión de 1999 que no quería más rebeliones y que era necesario dar un cauce pacífico y democrático a la revolución venezolana para evitar que esta pasara por encima de sus dirigentes.
También cita intervenciones de Chávez ante empresarios en 2004, cuando planteó que las misiones y los aumentos salariales ayudaban a reducir las presiones sociales y contribuían a la estabilidad del país, salvaguardando igualmente los intereses del sector privado nacional. En 2009, Chávez sostuvo que sin el proceso de revolución democrática y pacífica podría haber habido más Caracazos y que los burgueses no vivirían tranquilamente.
Para Arias, esas declaraciones expresan una continuidad: el uso de políticas sociales y del discurso revolucionario para encauzar y contener la conflictividad popular dentro de los límites del Estado y del capitalismo.
Represión de luchas obreras y leyes criminalizadoras
El dirigente de la LTS afirma que, pese a los discursos de Chávez sobre el poder obrero, su Gobierno fue intolerante frente a luchas independientes de trabajadores que entraban en conflicto con sus políticas. Señala que Chávez cuestionó y descalificó huelgas, amenazó con militarizar el Metro de Caracas y las empresas básicas, y dio instrucciones públicas a la entonces Dirección de Inteligencia Militar, DIM, para actuar contra sindicalistas.
Arias menciona represiones contra conflictos de trabajadores de Sidor, Ferrominera, Sanitarios Maracay, Petrocasa, el sector petrolero, Mitsubishi y Fundimeca. También recuerda que en la represión a trabajadores de Mitsubishi hubo muertes obreras.
Asimismo, sostiene que durante el período de Chávez se conformó un entramado legal para criminalizar acciones de lucha obrera, campesina y popular, y que esas normas no solo fueron aprobadas, sino aplicadas contra decenas de trabajadores y campesinos.
Desde esa perspectiva, Arias rechaza que la represión estatal contra la clase trabajadora sea una novedad exclusiva del Gobierno de Maduro. Aunque reconoce que la represión actual tiene una extensión y una intensidad mucho mayores, sostiene que existían antecedentes, prácticas y leyes durante el chavismo de Chávez.
La discusión central, concluye, no consiste en determinar si Chávez habría actuado exactamente igual que Maduro en circunstancias distintas, sino en evaluar el legado político dejado por el chavismo: pago de deuda externa, ajustes, fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, subordinación de las organizaciones populares y respuestas represivas frente a luchas obreras independientes.
La segunda y última parte de la entrevista abordará la relación de Chávez con la burguesía venezolana, las estrategias de la izquierda dentro del chavismo, sus resultados y las propuestas para posibles reagrupamientos de la izquierda revolucionaria en Venezuela.
