En un giro significativo de eventos, Doc Rivers, dejó en claro a Danny Ainge, el gerente general de los Boston Celtics en 2013, que no estaba dispuesto a gestionar la «guardería» que se avecinaba en el equipo. Los Celtics habían sido eliminados por los New York Knicks en la primera ronda después de una fase regular tediosa y poco destacable. Rivers, agotado por gestionar un equipo lleno de veteranos y enfrentarse a varios desafíos, tomó la decisión de no seguir como entrenador.
Ainge, por consiguiente, se vio obligado a buscar un sustituto. En la historia de los Celtics, un equipo que solo había tenido 16 entrenadores desde su debut en 1946, encontrar un sustituto no era cualquier cosa. El escogido para reemplazar a Rivers fue Brad Stevens, un nombre que, contrario a una percepción superficial de desconocido, ya gozaba de reconocimiento en la NBA.
Stevens, un graduado en economía que había trabajado en una farmacéutica, había llevado a la universidad Butler a lo más alto del baloncesto universitario entre 2010 y 2011. Su capacidad para transformar la piedra en oro a través de un inmenso playbook había atraído la atención de todas las universidades de renombre. Sin embargo, fue en la NBA donde encontró su gran oportunidad.
Stevens, a través de su relación con Ainge, se convirtió en el entrenador de los Celtics, una oportunidad que solo se presenta una vez en la vida. Ainge tenía una visión, creía en Stevens como el hombre para liderar la reconstrucción del equipo. Sin embargo, Stevens no solo se limitó a entrenar el equipo sino que también se involucró en las decisiones de la gerencia, llamando personalmente a los general managers de las franquicias cada vez que uno de sus jugadores tenía alguna opción de ser seleccionado en el Draft.
El camino de Stevens en los Celtics no estuvo exento de desafíos. Aunque logró llevar al equipo a los playoffs y las finales de conferencia en varias temporadas, la presión y las expectativas tomaron un peaje. En la temporada 2020-21, enfrentó una serie de desafíos, desde lesiones de jugadores clave hasta la pandemia de COVID-19, que afectaron su capacidad para dirigir al equipo.
En un giro sorprendente, Stevens decidió dar un paso atrás y dejar el cargo de entrenador. Sin embargo, los propietarios del equipo, reconociendo su habilidad para el baloncesto, le ofrecieron el puesto de general manager. Este fue un reto aún más desconocido para Stevens, pero decidió aceptarlo.
Como general manager, Stevens demostró su astucia y visión estratégica. Realizó una serie de movimientos que mejoraron significativamente la plantilla del equipo, llevándola a las finales de la NBA y quedándose a solo dos victorias del anillo. A pesar de no lograr el campeonato, los movimientos de Stevens posicionaron a los Celtics como un contendiente serio en la liga.
Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Stevens tuvo que lidiar con una serie de crisis dentro del equipo, incluyendo la suspensión del entrenador Ime Udoka por una relación inapropiada con una subordinada y la salida de Marcus Smart, un jugador querido por la afición. A pesar de estos desafíos, Stevens demostró una vez más su habilidad para tomar decisiones difíciles y mantener al equipo en el camino correcto.
Hoy, los Celtics son un equipo contendiente en la NBA, y mucho de eso se debe a la visión y la habilidad de Brad Stevens. Desde su tiempo como entrenador hasta su actual papel como general manager, Stevens ha demostrado ser un activo invaluable para los Boston Celtics, llevando al equipo a nuevas alturas y sentando las bases para un futuro exitoso. No cabe duda de que Stevens ha dejado una huella imborrable en la historia de los Celtics, y su legado seguirá sintiéndose en el equipo durante muchos años por venir.
