CRYPTO BRO, segunda parte del denominado «díptico del genocidio» de Sebastián Fanello, narra la historia de un joven que, desde estas latitudes, esperaba el triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, que ayer perdió por amplia diferencia.

Con dramaturgia y dirección de Fanello e interpretación de Ismael Azcurra, la obra fue estrenada en Deriva Teatro, en Neuquén, y actualmente se encuentra de gira. Junto a VIL, integra un doble programa que aborda aspectos centrales de las extremas derechas contemporáneas, como el sionismo y el antifeminismo.

Sangre sobre el escenario

La obra se presenta con una advertencia contundente: «¿Querés ver actuación sin sangre en la escena? Entonces no vengas a ver CRYPTO BRO». La presencia de sangre en el escenario funciona, precisamente, como uno de los principios que impulsa la puesta.

El protagonista es un influencer de extrema derecha que promueve inversiones en criptomonedas, la vida saludable y el cuidado de la imagen. A través de sus intervenciones, expone su adhesión al libre mercado y su rechazo visceral a la llamada «ideología de género», a las mujeres y a otros sectores.

Como es habitual en las producciones de Fanello, CRYPTO BRO apela a distintos mecanismos de impacto sobre el público. La exigencia física para el actor es intensa: extensos monólogos casi sin respiración, burpees y movimientos propios de la lucha se desarrollan en un estado permanente de euforia que reproduce el tono de los personajes parodiados.

La propuesta también incorpora una pantalla con imágenes del genocidio en Gaza, videos realizados con inteligencia artificial en los que Trump y Netanyahu bailan con medias de red, y fragmentos de programas periodísticos de derecha. Ese recurso, habitualmente asociado a la alienación de millones de personas, adquiere en la obra un sentido de denuncia visual y sonora.

El texto, además, busca interpelar al público sin concesiones. La puesta propone sacudir incluso a quienes ya se consideran solidarios con las causas que allí se plantean.

Monstruos y «hijos sanos»

Al igual que VIL, CRYPTO BRO retrata la articulación que las ultraderechas actuales establecen entre imaginarios arcaicos y reaccionarios, por un lado, y dinámicas de modernización, por otro. De esa combinación surgen los «sótanos digitales»: espacios donde se expresa odio hacia las mujeres, el movimiento LGBT, la clase trabajadora, las personas diferentes y quienes no reivindican la dictadura del capital.

La obra plantea que las ideas más retrógradas y terraplanistas pueden convivir con un tecnooptimismo extremo. A la vez, recupera los cuestionamientos de VIL al teatro desvinculado de la realidad social y política, a la impotencia de las ideas progresistas frente a la extrema derecha y a la coincidencia de intereses, en última instancia, entre las posiciones neutrales y las reaccionarias. También cuestiona a los feminismos subordinados al Estado.

Uno de los puntos polémicos que señala la obra es la posición de los varones frente a la lucha feminista. «El hombre que no se expresa feminista es un crypto bro», se repite en distintas oportunidades. La frase remite a que los actuales militantes de la misoginia no son consecuencia de errores o excesos, sino los llamados «hijos sanos del patriarcado».

Al mismo tiempo, plantea hasta qué punto los varones pueden participar de la lucha feminista sin intentar reemplazar a su sujeto. Estos dilemas se vinculan con las perspectivas para articular a los distintos movimientos y sectores oprimidos y explotados bajo el capitalismo, que constituye el trasfondo del genocidio discutido en este díptico.

Teatro en un mundo bajo fuego

Así como VIL expone el vínculo directo entre sionismo y capitalismo, CRYPTO BRO presenta la reacción patriarcal y el antifeminismo de la ultraderecha como fenómenos inseparables de ese sistema.

Mientras Trump procesa su derrota, los demócratas evalúan cómo llevar adelante una nueva frustración de las expectativas de sus votantes y la televisión iraní difunde videos sobre cómo actuar frente a posibles ataques nucleares, millones de jóvenes se movilizan en Europa y en otras partes del mundo contra figuras similares. El mundo de los crypto bro, sostiene la obra, no desaparecerá de manera pacífica. CRYPTO BRO busca mantener presente esa advertencia.

Fotos: Magda Azcazuri.