Ediciones IPS publicó Debates y fundamentos sobre la lucha por el socialismo hoy, un libro de Emilio Albamonte y Matías Maiello que reúne reflexiones teóricas e históricas orientadas a recrear la perspectiva de un socialismo desde abajo en el siglo XXI. La obra ya se encuentra a la venta y próximamente estará disponible en las principales librerías del país.
En el prólogo, los autores sostienen que la crisis civilizatoria asociada al sistema capitalista vuelve urgente recuperar esa perspectiva socialista. Retoman la imagen del «freno de emergencia» formulada por Walter Benjamin y mencionan el concepto de «policrisis», recuperado por el historiador estadounidense Adam Tooze, para describir la interacción entre crisis económicas, climáticas y geopolíticas que tornan la situación más peligrosa que la suma de sus componentes.
Albamonte y Maiello proponen analizar el presente como una reactualización de una época de crisis, guerras y revoluciones. En ese marco, caracterizan el período actual como un interregno, en el sentido planteado por Antonio Gramsci: un tiempo en el que lo viejo muere, lo nuevo no logra nacer y emergen fenómenos mórbidos de distinta clase.
Entre esos fenómenos ubican el ascenso global de las denominadas nuevas derechas. El libro examina de forma crítica las caracterizaciones de Enzo Traverso, quien habla de «posfascismo», y de Maurizio Lazzarato, que utiliza la noción de «nuevo fascismo», además del uso extendido del término fascismo en el lenguaje político. Los autores cuestionan las miradas según las cuales estas fuerzas avanzan de manera incontenible y solo quedaría una resistencia defensiva, una tendencia de la que señalan a la revista Jacobin como vocera.
Según el prólogo, el panorama es más contradictorio: aunque surgieron numerosas variantes de extrema derecha, las que llegaron al gobierno por vía electoral no lograron consolidarse. Mencionan como ejemplos a Bolsonaro y Trump, y plantean que, si Trump fuera elegido por segunda vez, enfrentaría nuevamente las contradicciones de su primer mandato, ahora agravadas.
Los autores sitúan estos procesos dentro de un ecosistema de regímenes burgueses en crisis, integrado por fuerzas de derecha y ultraderecha, pero también por neorreformismos y populismos de izquierda. Desde su perspectiva, estas últimas corrientes actúan como válvulas de escape ante las movilizaciones y contribuyen a sostener un capitalismo incapaz de consolidar nuevas hegemonías. Por eso cuestionan a quienes proponen relegar el programa anticapitalista para confluir con esas fuerzas en una estrategia limitada a la resistencia.
El libro también aborda la intensificación de la lucha de clases en los últimos años. Desde la Primavera Árabe de 2011, destacan, se sucedieron decenas de revueltas en distintos países. Un primer ciclo se extendió por Grecia, el Estado español, Turquía y Brasil. El segundo, iniciado en 2018 y con un punto culminante en 2019, incluyó procesos en Francia, Chile, Colombia, Ecuador, Bolivia, Estados Unidos, Argelia, Sudán, Haití y Hong Kong, entre otros territorios.
Estas tendencias, afirman, no se han detenido y desplazaron su centro de gravedad hacia el sur y el sudeste asiático: desde el levantamiento en Myanmar contra el golpe militar de 2021 hasta la revuelta de Sri Lanka en 2022, que puso fin a la dinastía Rajapaksa, y la caída de Sheikh Hasina en Bangladesh durante 2024. También incorporan las recientes protestas de Kenia y Nigeria. De acuerdo con la advertencia citada de The Economist, detrás de buena parte de estos procesos se encuentran las políticas del FMI y el rechazo creciente que provocan.
En ese contexto, el texto plantea la necesidad de construir una izquierda anticapitalista y socialista capaz de intervenir en esos procesos y de aportar a su desarrollo revolucionario. Para los autores, la crisis de la hegemonía estadounidense es un elemento central de la situación mundial. Consideran que la guerra en Ucrania y el genocidio de Israel en Gaza expresan las perspectivas sombrías del imperialismo norteamericano.
El prólogo recupera los análisis de John Mearsheimer, quien considera que Estados Unidos ha asociado su reputación al desenlace de una guerra en Ucrania sin una salida visible y con riesgos crecientes de escalada. Sobre Palestina, citan su caracterización de que el gobierno y las élites israelíes recurrieron a la limpieza étnica a través del genocidio sin alcanzar sus objetivos, mientras el Ejército israelí permanece atrapado en Gaza y enfrenta, además, el conflicto con Hezbolá en el norte y los ataques hutíes. Los autores sostienen que el imperialismo no se rendirá por sí mismo y que solo la revolución puede detenerlo.
Historia argentina, táctica y estrategia
La primera parte del libro está dedicada a las interpretaciones de la historia argentina y a las conclusiones que los autores extraen para las luchas actuales. Cuestionan las dos visiones que consideran dominantes —la liberal y la peronista— porque, a su entender, ambas diluyen el papel decisivo de la insurgencia de la clase trabajadora y del movimiento de masas en la historia política nacional.
Con el ascenso de Javier Milei al gobierno, al que ubican dentro del fenómeno internacional de las nuevas derechas, sostienen que las grandes corporaciones y el capital financiero buscan reestructurar el país según sus intereses. Por ello vuelven sobre las conclusiones políticas y estratégicas del ciclo abierto por el Cordobazo y el ascenso de los años setenta.
Según Albamonte y Maiello, las estrategias guerrilleras y las políticas de colaboración con sectores de la denominada burguesía nacional tuvieron consecuencias catastróficas para el movimiento de masas e impidieron la emergencia de un gran partido de trabajadores que pudiera constituirse como alternativa al peronismo. Señalan que la falta de un balance estratégico profundo fue reemplazada, en el mejor de los casos, por un «setentismo platónico sin revolución».
También afirman que las corrientes trotskistas que actuaron en esa etapa no realizaron una evaluación general del proceso ni del papel de la izquierda. Para ese balance retoman el trabajo de Ruth Werner y Facundo Aguirre en Insurgencia obrera en la Argentina 1969-1976, junto con elaboraciones del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). A partir de aportes de León Trotsky y Gramsci, abordan problemas tácticos y estratégicos vinculados con la emergencia de la clase trabajadora como sujeto hegemónico.
Estas discusiones, explican, buscan aportar tanto a la pregunta por cómo derrotar el plan de gobierno de La Libertad Avanza como al interrogante sobre qué ocurrirá después de Milei. El libro examina, además, las últimas cuatro décadas de democracia capitalista, surgida luego de una doble derrota: la infligida por la última dictadura militar al movimiento de masas insurgente de los años setenta y la derivada de la política aventurera de la Junta Militar en Malvinas.
Para los autores, esos acontecimientos profundizaron los rasgos semicoloniales de Argentina y contribuyeron a sentar las bases del neoliberalismo nacional e internacional. Sin embargo, señalan que el régimen posterior estuvo atravesado por crisis recurrentes y dio lugar a procesos como las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre de 2001.
El prólogo sostiene que la izquierda trotskista argentina nunca había tenido una presencia nacional tan sostenida como la alcanzada por el Frente de Izquierda (FITU). Menciona una influencia electoral de entre 800.000 y 1,2 millones de votos, según la elección; referentes como Myriam Bregman y Nicolás del Caño, ambos del PTS; presencia en la mayoría de las provincias; y arraigo en sectores obreros, estudiantiles, feministas, ambientalistas, juveniles e intelectuales de izquierda.
Desde esa base, los autores plantean el desafío de construir un gran partido socialista de trabajadores que pueda ser una alternativa al peronismo en eventuales procesos de radicalización política. Frente a la idea de que no existe una salida al capitalismo —que atribuyen tanto al liberalismo como al peronismo, desde Milei hasta Cristina Kirchner—, defienden un programa para que la crisis sea pagada por los grandes empresarios.
Ese programa incluye romper con la subordinación al FMI, no pagar lo que definen como la estafa de la deuda, establecer una jornada laboral de seis horas en las 12.000 principales empresas, repartir las horas de trabajo para crear un millón de empleos con derechos sin reducir salarios y expropiar a las compañías que se nieguen. Según el texto, estas medidas requerirían grandes acciones de la clase trabajadora y el movimiento de masas, así como una huelga general que derrote el plan de Milei.
El proyecto de un socialismo desde abajo
La segunda parte de la obra analiza debates sobre las perspectivas del proyecto socialista. Los autores plantean que, tras los llamados «socialismos reales», a los que definen como dictaduras sobre las masas que malversaron conquistas de revoluciones como la rusa, resulta necesario reconstruir una propuesta de socialismo desde abajo.
En contraposición al individualismo y a la competencia de todos contra todos, el libro aborda a la clase trabajadora no solo como una masa asalariada o ciudadana, sino como la clase productora de la sociedad. Desde esa definición, le atribuye relaciones de cooperación y una capacidad creadora económica y política que podría abrir paso a una sociedad socialista. Para desarrollar este punto, los autores dialogan con Marx, Lenin, Gramsci y Trotsky, en contraste con los planteos del intelectual y político autonomista italiano Antonio Negri.
El texto destaca la expansión histórica de la cooperación y del conocimiento social general, o general intellect, concepto utilizado por Marx. Esa potencia productiva, sostienen, es indispensable para el funcionamiento de la sociedad, pero se encuentra expropiada por el capital. El proyecto socialista, en consecuencia, buscaría liberarla para que las personas puedan participar conscientemente en el gobierno y la planificación de lo colectivo.
Desde esa mirada, el libro aborda dos cuestiones que considera centrales: la democracia consejista y la planificación socialista. La primera es analizada en contraste con las bases de la democracia capitalista, en un momento en que esta se encuentra en crisis. Los autores plantean que la mayor complejidad y diversidad de las estructuras sociopolíticas actuales vuelve plenamente madura la discusión sobre la democracia de los consejos o soviets.
En cuanto a la planificación socialista, examinan cómo los avances científicos y tecnológicos permiten revisar problemas históricos bajo nuevas condiciones. Para ello recuperan aportes de Evgeny Morozov, Daniel Saros, Paul Cockshott y Maxi Nieto, entre otros autores.
Albamonte y Maiello proponen desarrollar una nueva ideología, no entendida como una simple novedad sino como una fuerza capaz de actuar sobre la realidad y de articularse con nuevas prácticas. Dirigen especialmente esta reflexión a las generaciones más próximas a la crisis capitalista de 2008 y a la caída de «Wall Street» que a la del Muro de Berlín, y que buscan alternativas frente a lo que definen como la barbarie capitalista.
Guerra, revolución y situación mundial
La tercera parte explora hipótesis estratégicas sobre la situación global, la guerra y la revolución. El prólogo describe un escenario marcado por militarismo, guerras, desigualdad, saqueo y destrucción ambiental, elementos que considera parte de una crisis civilizatoria. Los autores afirman que la lucha por el socialismo es nacional en su forma e internacional en su contenido.
En ese sentido, plantean la necesidad de construir un partido internacional para la revolución socialista. Señalan que el PTS participa junto con organizaciones de 14 países en la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) y en la Red Internacional de La Izquierda Diario. El internacionalismo, sostienen, adquiere especial urgencia ante la renovada presencia pública de la posibilidad de una tercera guerra mundial.
El libro organiza esta discusión a través de dos contrapuntos. El primero se centra en la obra de Maurizio Lazzarato, sus planteos sobre la guerra y la revolución y su apropiación crítica de autores como Michel Foucault y Gilles Deleuze. A partir de allí, analiza la guerra en Ucrania, el retorno de conflictos interestatales con grandes potencias en ambos bandos, la relación entre guerra y economía, y sus vínculos con los procesos de lucha de clases de la última década.
En el centro de este debate ubican las elaboraciones del general prusiano Carl Clausewitz, en particular su definición de la guerra como continuación de la política por otros medios. Para los autores, la apropiación de esa fórmula por Lenin y Trotsky conserva plena actualidad para comprender los acontecimientos contemporáneos y sus perspectivas.
El segundo contrapunto involucra al historiador australiano Christopher Clark y al marxista británico Perry Anderson. La discusión se ordena en torno a dos preguntas: si el clima político e ideológico actual guarda similitudes con el que precedió a las revoluciones de 1848, y si el auge del militarismo y de las disputas entre potencias puede compararse con el período previo a la Primera Guerra Mundial.
Estas analogías aparecen en los libros de Clark Primavera revolucionaria. La lucha por un mundo nuevo 1848-1849 y Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914, publicado en 2012. Ambos trabajos suscitaron un amplio debate retomado por Anderson en la edición de abril/mayo de 2024 de New Left Review.
Para los autores, las comparaciones con la Primavera de los Pueblos de 1848 y con la gestación de la Primera Guerra Mundial remiten a analogías inquietantes que deben considerarse seriamente. Enumeran, entre los rasgos actuales, la crisis de las democracias liberales, el avance autoritario de los regímenes, las divisiones entre burguesías imperialistas, el desarrollo del militarismo y la intensificación de las disputas geopolíticas y comerciales.
El prólogo concluye que esos procesos confirman la vigencia de una época atravesada por tendencias a crisis, guerras a gran escala y revoluciones, aunque hasta el momento estas últimas se hayan manifestado como revueltas. Según los autores, el militarismo y las guerras son productos directos del capitalismo y el imperialismo, mientras que la revolución constituye el freno de emergencia capaz de detener el rumbo hacia nuevas catástrofes.
El volumen reúne artículos publicados en el semanario Ideas de Izquierda, principalmente entre abril y julio de 2024. Incluye también textos aparecidos originalmente en marzo de 2021, febrero de 2023 y enero de 2024: «Trotsky, Gramsci y la emergencia de la clase trabajadora como sujeto hegemónico», «Más allá de la ‘Restauración burguesa’: la nueva etapa de la situación mundial» y «Lucha de ideologías: la democracia consejista y la planificación socialista en el siglo XXI».
Los artículos fueron editados y organizados temáticamente para esta publicación. Albamonte y Maiello aclaran que el libro no pretende ser más que un compendio de debates que consideran fundamentales. Aunque fueron escritos al calor de los acontecimientos, los presentan como ensayos que buscan aproximarse a algunas encrucijadas de la lucha por el socialismo contemporáneo, impulsar el debate y estimular la imaginación política. Finalmente, agradecen a Rossana Cortez y al equipo de Ediciones IPS por el cuidado de la edición.
Buenos Aires, 15 de septiembre de 2024.
