EE. UU.: el debate entre una nueva “ola azul” y una alternativa obrera independiente frente a la extrema derecha

De cara a las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, la dirigencia del Partido Demócrata apuesta a una posible “ola azul”. Con Donald Trump en una situación de impopularidad, las encuestas citadas apuntan a que los demócratas podrían imponerse el 3 de noviembre. Sin embargo, el artículo sostiene que trabajadores y jóvenes no deberían esperar hasta esa fecha para enfrentar las deportaciones, la guerra y la austeridad.

El texto señala a Francia como uno de los principales escenarios de una nueva oleada de lucha de clases, protagonizada por la juventud. Allí, sectores amplios se movilizan contra el encarecimiento de la vida y el deterioro de los centros de estudio, mientras el Gobierno invoca la deuda pública para aplicar austeridad y ampliar la militarización. Según esta mirada, las familias trabajadoras y las comunidades inmigrantes cargan con el costo de esas políticas, agravadas por el aumento de los precios energéticos en el contexto de la guerra contra Irán.

En Francia comenzaron a organizarse asambleas para discutir reivindicaciones y definir de forma colectiva cómo continuar las protestas. El artículo vincula esa dinámica con la experiencia de Minneapolis, donde trabajadores y comunidades se organizaron contra los ataques a inmigrantes y los asesinatos policiales de quienes los defendían.

La crisis capitalista y del orden imperialista, advierte el texto, no solo alimenta expresiones de izquierda. En Brasil, la extrema derecha busca capitalizar la insatisfacción con el tercer gobierno de Lula y el surgimiento de una nueva ola de bolsonarismo. El artículo cuestiona que el gobierno de Lula haya modificado de manera sustancial la situación de las mayorías en uno de los países más desiguales del mundo y afirma que, finalmente, responde al capital imperialista.

En Estados Unidos, el texto considera que la guerra con Irán profundizó las contradicciones de la administración Trump. No obstante, plantea que una crisis en las alturas no fortalece automáticamente a quienes están abajo: sin una intervención independiente de la clase trabajadora, Trump podría recuperar la iniciativa mediante nuevos ataques contra trabajadores y sectores oprimidos.

La administración, según el artículo, intensifica la ofensiva del ICE, mientras los medios hegemónicos especulan con nuevos ataques contra Irán y se preparan amenazas de injerencia abierta en las elecciones posteriores al 3 de noviembre. Aunque reconoce que existe un interés inmediato en derrotar electoralmente a Trump, el texto cuestiona que las luchas contra la guerra, el genocidio, las deportaciones, la austeridad y la violencia policial queden subordinadas al Partido Demócrata.

La respuesta frente al ICE y la extrema derecha

Nueva York aparece como una prueba inmediata de cómo enfrentar a la extrema derecha. El artículo menciona el tiroteo contra Oscar Belgal en el marco de operaciones del ICE y cuestiona la actuación del gobierno municipal. Mientras vecinos se movilizaban para defender a inmigrantes, sostiene que la Policía de Nueva York, bajo la dirección de Zohran Mamdani, desalojó una protesta y detuvo manifestantes.

El texto afirma que Mamdani condenó públicamente al ICE, pero defendió a Jessica Tisch, comisaria de la Policía de Nueva York. Para el artículo, esta decisión expresa los límites del socialismo municipal, al considerar que el Estado burgués no puede administrarse contra su propio aparato coercitivo.

La experiencia de Minneapolis vuelve a ser presentada como referencia. Las redes vecinales permitieron rastrear al ICE y organizar la defensa mutua, pero el equilibrio cambió cuando sindicatos y organizaciones barriales convocaron una huelga en toda la ciudad, integrando a trabajadores, estudiantes y comunidades en una misma lucha.

Tras la muerte de Alex Pretti a manos de agentes de la Patrulla Fronteriza el 24 de enero, estudiantes de la Universidad de Minnesota convocaron una nueva jornada de acción para el 30 de enero. Los sindicatos que habían contribuido a movilizar la huelga del 23 de enero no apoyaron esa convocatoria, una situación que, según el texto, mostró la necesidad de que estudiantes y trabajadores siguieran presionando a las dirigencias sindicales.

El artículo cuestiona que dirigentes sindicales y del movimiento recomienden soportar las redadas y concentrarse en las elecciones de noviembre. En su lugar, propone unir a redes de defensa de inmigrantes, activistas inquilinos, feministas, el movimiento por Palestina, sindicatos, estudiantes y trabajadores durante el desarrollo de los ataques.

Como forma organizativa, plantea la construcción de un frente único que reúna a sindicatos, organizaciones de inmigrantes, estudiantes y sectores de izquierda en acciones comunes contra las redadas y la represión, sin anular sus diferencias políticas. La propuesta contempla asambleas y redes de base que permitan coordinar acciones, disputar decisiones dentro de sindicatos y movimientos, y presionar para que sus integrantes sean movilizados contra el ICE y la extrema derecha.

El Democratic Socialists of America (DSA), sostiene el artículo, dispone de afiliados, recursos y visibilidad pública para ayudar a levantar estas redes en barrios, lugares de trabajo y universidades. Durante una campaña electoral, podría orientar esos recursos hacia movilizaciones, acciones laborales y universitarias y la defensa de inmigrantes. Sin embargo, el texto remarca la contradicción entre impulsar una política independiente de la clase trabajadora y movilizar a la población como base electoral demócrata.

La izquierda, añade, debería reclamar que sindicatos, movimientos sociales y las organizaciones vinculadas a las protestas “No Kings” promuevan acciones concretas —manifestaciones masivas, defensa colectiva frente a redadas y preparación de paros y huelgas— en vez de transformar la oposición a Trump en respaldo electoral demócrata hasta 2028.

También propone aprovechar el llamado de la United Auto Workers (UAW) a una “huelga general” en 2028 para impulsar medidas de lucha en el presente, ante las redadas, detenciones y deportaciones que enfrentan trabajadores migrantes. La unidad de acción, sostiene, debe preservar la independencia política y el derecho a cuestionar a Mamdani, a los demócratas y a las dirigencias sindicales cuando frenen la movilización.

Las elecciones y una política de clase independiente

El artículo no plantea abandonar el terreno electoral. Señala que las elecciones de mitad de mandato se desarrollan en un contexto de desilusión con el bipartidismo y recuerda que una encuesta de Gallup de 2025 indicó que el 62 % de los estadounidenses considera necesario un tercer partido.

Ese descontento, afirma, abre una oportunidad para defender una alternativa independiente de la clase trabajadora frente a demócratas y republicanos. La propuesta consiste en impulsar candidaturas independientes que rompan con ambos partidos y que presenten un programa contra las deportaciones, la guerra y el aumento del costo de vida.

Según el texto, esas campañas deberían surgir de las estructuras de autoorganización construidas en barrios, campus y lugares de trabajo. Los candidatos tendrían que rendir cuentas ante quienes organizan las luchas, y no ante dirigentes demócratas o grandes donantes. El objetivo no sería simplemente elegir nuevos representantes, sino construir una fuerza política propia: un partido de la clase trabajadora por el socialismo, capaz de intervenir tanto desde cargos electivos como desde las luchas sociales.

Como ejemplo, el artículo menciona los comités que organizaron apoyo desde abajo a Myriam Bregman, a un partido para una nueva clase trabajadora y a la resistencia contra el gobierno de Javier Milei. Para el texto, esta orientación podría servir al DSA de cara a 2028, en contraste con respaldar a Alexandria Ocasio-Cortez dentro del Partido Demócrata.

El sistema de primarias y las trabas para acceder a las boletas electorales son reconocidos como obstáculos reales para una política independiente. No obstante, el artículo sostiene que esas limitaciones no deben definir por sí mismas la estrategia, sino que deben ser enfrentadas mediante una fuerza organizada y arraigada en luchas capaces de sostener campañas independientes.

La conclusión plantea una disyuntiva para la izquierda: colaborar con una nueva “ola azul” que mantenga a trabajadores y jóvenes dependientes del Partido Demócrata, o utilizar las elecciones para organizar una ruptura con esa dependencia. Para ello, el DSA debería destinar sus recursos a construir órganos de autoorganización y a promover candidatos independientes controlados por esos organismos. La estrategia electoral, concluye el texto, debería fortalecer la capacidad de acción propia de la clase trabajadora en vez de canalizarla hacia un partido al que luego deberá enfrentar.

Traducción: Maximiliano Olivera