Alejandro Gómez, dueño y conductor de un Toyota Yaris que trabajaba como colectivo en la comuna de Ovalle, vive una pesadilla desde el pasado viernes 24 de mayo. Ese día, su vehículo fue robado, y lo único que quedó de él fueron unas latas, encontradas en el sector de El Manzano.
Gómez, quien también es presidente de la Línea 43, confirmó que los restos hallados el sábado y que circulaban por las redes sociales, pertenecen a su vehículo. «Era como si hubieran cortado el auto por la mitad, le sacaron las puertas y ventanas, dejaron las latas y las quemaron», comentó.
El robo ocurrió mientras Gómez realizaba su recorrido habitual. Al detenerse para ayudar a un hombre que aparentaba tener problemas motrices y necesitaba ayuda con unos paquetes, el supuesto pasajero cambió de asiento y se llevó el vehículo. A pesar de los intentos de persecución, el ladrón logró escapar.
Desde entonces, Gómez ha estado en un verdadero torbellino. Acudió a Carabineros para denunciar el robo, pero tuvo que esperar hasta el lunes para que los documentos llegaran a la Fiscalía. Cuando fue a las oficinas del Ministerio Público el lunes, le informaron que su denuncia aún no había llegado, aunque Carabineros le aseguró que sí la habían enviado.
«Perdimos sábado, domingo, lunes y martes. Carabineros me dijo ‘si sabe algo nos avisa’ y esa fue toda la asistencia de las autoridades», expresó Gómez.
Una vez que su denuncia fue tramitada, tuvo una reunión con un fiscal que le informó que la SIP de Carabineros estaba a cargo de las diligencias. «Ahora esperar que la investigación siga y no quede todo en nada», dijo.
Los restos del vehículo fueron encontrados cerca de la cuesta El Altar y ahora están en manos de la policía, que debe realizar las pericias necesarias para identificar a los responsables.
Gómez lamentó que el vehículo no tenía seguro, ya que según él, las aseguradoras cobran muy caro. La pérdida del colectivo ha representado un gran golpe para él y su familia, que dependen de su trabajo como colectivero.
«Esto me ha afectado profundamente, tanto en la parte anímica como económica, porque yo vivo del vehículo y con mi familia dependemos de mi trabajo con el colectivo. Ahora quedo de brazos cruzados, sin saber cómo me voy a manejar de aquí en adelante», lamentó.
Además, reflexionó sobre el peligro que representa tratar de dar un buen servicio y la creciente ola de robos de autos en la comuna. «Nuestra política es atender bien y ahora uno cae en ese error. Son casos excepcionales, pero que ocurren», dijo.
Finalmente, expresó su descontento con la falta de respaldo por parte de las autoridades ante estos incidentes. «Son varios autos que han sido robados y la cosa sigue aumentando. No fuera nada uno de vez en cuando, es algo común y no tenemos respaldo de las autoridades, nadie hace nada, más allá de amigos y conocidos que lo ayudan a uno. Del Estado, nada», concluyó.
