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El calendario FIFA de selecciones es un sinsentido. Esta afirmación se pone de manifiesto con mayor claridad al observar lo que sucede con las eliminatorias sudamericanas para el Mundial 2026, que regresan esta semana después de diez meses de inactividad. La falta de continuidad y la irregularidad en el calendario afectan tanto a los jugadores como a los aficionados, quienes deben adaptarse a un esquema que carece de lógica y coherencia.

En diversas oportunidades, entrenadores y jugadores han expresado su descontento con un calendario que no solo afecta el rendimiento de los equipos, sino que también pone en riesgo la salud de los futbolistas. Lionel Scaloni, director técnico de la selección argentina, ha señalado que “es imposible mantener un ritmo y una cohesión de equipo con parones tan largos”. Sus palabras subrayan una preocupación generalizada en el ámbito del fútbol sudamericano.

Desde la última jornada de eliminatorias en noviembre del año pasado, las selecciones han tenido que lidiar con una pausa prolongada que no solo rompe el ritmo competitivo, sino que también genera incertidumbre y ansiedad en los jugadores. Durante este tiempo, muchos futbolistas han tenido que concentrarse en sus compromisos con clubes, lo que aumenta el riesgo de lesiones y fatiga. La falta de actividad continuada en las competiciones internacionales crea un vacío que termina afectando el desempeño en el terreno de juego.

El calendario de la FIFA parece ser diseñado sin considerar las particularidades de cada confederación. Las eliminatorias sudamericanas, en particular, se caracterizan por su alta competitividad y la exigencia física y mental que suponen para los jugadores. A diferencia de otras regiones, en Sudamérica, cada partido es una batalla que puede definir el destino de una selección. Sin embargo, la FIFA parece no tomar en cuenta estas diferencias al estructurar un calendario que afecta negativamente a los equipos de esta región.

El regreso de las eliminatorias sudamericanas para el Mundial 2026 trae consigo una serie de desafíos adicionales. En primer lugar, los equipos deben recuperar el tiempo perdido y ajustar sus estrategias en un corto período. La falta de continuidad también afecta la química y cohesión de los equipos, algo crucial en competiciones de tan alto nivel. Además, los entrenadores deben lidiar con la presión de obtener resultados inmediatos, lo que a menudo lleva a decisiones precipitadas.

El seleccionador brasileño, Tite, ha expresado su frustración con el calendario, señalando que “es difícil para los jugadores mantener el mismo nivel de rendimiento cuando hay interrupciones tan largas”. La opinión de Tite resuena en toda la región, donde la planificación y preparación se ven constantemente interrumpidas por un calendario que parece no tener en cuenta las necesidades de las selecciones.

El impacto de estas decisiones no se limita a los entrenadores y jugadores. Los aficionados, quienes son el alma del fútbol, también sufren las consecuencias de un calendario irregular. La falta de partidos internacionales durante largos períodos reduce el interés y la emoción, elementos fundamentales para mantener viva la pasión por el fútbol. Los aficionados sudamericanos son conocidos por su fervor y dedicación, y el calendario actual no hace justicia a esa pasión.

La Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) ha intentado en varias ocasiones dialogar con la FIFA para buscar una solución más adecuada. Sin embargo, hasta ahora, no se ha logrado un acuerdo que satisfaga las necesidades de todas las partes involucradas. La falta de consenso y la rigidez en la planificación impiden avances significativos en este aspecto.

Las eliminatorias para el Mundial 2026 no solo representan un desafío deportivo, sino también logístico. Los equipos deben viajar largas distancias, lo que añade un desgaste físico y mental considerable. La selección de Uruguay, por ejemplo, tiene que recorrer miles de kilómetros para disputar sus partidos, algo que no es tomado en cuenta adecuadamente en el calendario actual. Este desgaste afecta no solo el rendimiento en los partidos, sino también la recuperación y preparación de los jugadores.

El caso de las eliminatorias sudamericanas es un reflejo de un problema más amplio en el fútbol internacional. La globalización del deporte ha traído consigo numerosos beneficios, pero también desafíos que requieren una planificación cuidadosa y equilibrada. El calendario de la FIFA debería ser revisado con una perspectiva más inclusiva y equitativa, considerando las particularidades y necesidades de cada región.

La irregularidad y los parones prolongados en las competencias internacionales subrayan la necesidad de una reforma en el calendario. Para que el fútbol siga siendo un deporte competitivo y atractivo, es crucial que las decisiones administrativas se alineen con las realidades y exigencias del juego. La falta de continuidad en las eliminatorias sudamericanas para el Mundial 2026 es un claro ejemplo de cómo un calendario mal estructurado puede tener efectos negativos en todos los niveles del deporte.

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