El ordenamiento urbano es un componente esencial de la calidad de vida en las ciudades. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 88.6% de la población chilena reside en áreas urbanas y aproximadamente el 61.5% vive en conurbaciones con más de 250.000 habitantes. En medio de este contexto, surge una interrogante crucial: ¿Cómo garantizan las grandes ciudades su acceso a recursos vitales como agua, alimentos, energía y áreas verdes?
Para el Director del Departamento de Arquitectura de la Universidad de La Serena (Userena), Alejandro Orellana, las ciudades son grandes consumidoras de energía y recursos, además de ser grandes productoras de residuos. En palabras de Orellana, «es innegable que debemos avanzar hacia nuevas concepciones que las hagan más sostenibles».
Uno de los ejemplos que Orellana menciona es la falta de protección de la agricultura como uso de suelo estratégico. Según él, este uso de suelo se considera de segundo orden frente al uso urbano en constante crecimiento. Este enfoque unidireccional del cambio de uso del suelo no considera la posibilidad de convertir áreas urbanas en zonas agrícolas, a pesar de la importancia vital de la agricultura para la vida en las ciudades.
En relación a este asunto, Orellana añade que “con la expansión urbana estamos sacrificando los mejores suelos y, por lo tanto, hipotecando nuestra capacidad de producción de alimentos. El mejor ejemplo de esto es Santiago, que ha consumido algunos de los mejores suelos de Chile. En el caso de La Serena-Coquimbo está sucediendo algo similar”.
Por otro lado, Rodrigo Tapia, arquitecto, doctor y consultor experto en urbanismo sustentable, sugiere que la problemática del consumo de suelo no debe enfocarse únicamente en la capacidad productiva. Según Tapia, debería considerarse el amplio espectro de servicios ecosistémicos que un suelo puede brindar. Como posible solución, propone la necesidad urgente de un marco regulatorio a nivel territorial con capacidad de fiscalización, que rompa los paradigmas de la urbanización basada en la rentabilidad neta del suelo y lo reemplace por nuevos modelos de urbanismo sustentable.
Carlos Moreno, arquitecto y Magíster en Economía Urbana, quien también es académico de la ULS, añade que “la ciudad se extiende más allá de su capacidad de brindar servicios básicos y se extiende sobre terrenos cultivables. La razón de esto radica en que la producción no es lo suficientemente rentable y hay problemas de disponibilidad de agua, por lo que los propietarios ven como una oportunidad subdividir y destinar a otros usos que no son agrícolas”.
Moreno propone aumentar la densidad de las áreas urbanas y facilitar la transición a viviendas multifamiliares en terrenos bien localizados para evitar la demanda en la periferia. También señala que el costo de vivir en las ciudades y la problemática de los procesos de adquisición de un inmueble pueden ser un incentivo para que la gente opte por vivir en zonas rurales, donde adquirir un suelo es mucho más barato y con una mayor superficie.
En cuanto a la problemática de fondo, el seremi de Vivienda y Urbanismo de Coquimbo, José Manuel Peralta, asegura que los privados han vendido derechos fuera de la planificación urbana durante mucho tiempo. Una de las principales problemáticas asociadas a esto son los asentamientos irregulares. Para combatir esto, Peralta asegura que están en la revisión de los Planes Reguladores Intercomunales (PRI) y que los actualizarán en el corto plazo.
Además, Peralta sugiere que las áreas verdes requieren inversión y gestión de los municipios y destaca la propuesta preliminar de los parques urbanos El Sauce y Ciudad Justa Maestranza en Coquimbo; Villa El Bosque de Salamanca; y en el Liceo Agrícola de Ovalle.
