El panorama político de Israel permanece bloqueado e incierto después de las recientes elecciones legislativas para la Knesset. El bloque de ultraderecha encabezado por el primer ministro Benjamín Netanyahu y su partido, Likud, lidera el recuento con 53 escaños, frente a los 48 obtenidos por el bloque opositor. Sin embargo, está lejos de los 61 diputados necesarios en una cámara de 120 representantes para formar Gobierno sin apoyos externos, mientras mantiene sus ataques contra los partidos árabes.
Ante este escenario, la coalición oficialista de ultraderecha lanzó una ofensiva para procurar la impugnación o el bloqueo de los resultados oficiales. Sus cuestionamientos se concentran en el crecimiento histórico de las fuerzas palestinas con ciudadanía israelí. En una elección con una participación cercana al 78%, los partidos árabes consiguieron en conjunto 19 bancas: 12 para la Lista Conjunta y 7 para el partido islamista Ra’am.
A pesar de las denuncias de fraude impulsadas por sectores del Likud, el Comité Electoral Central confirmó la validez de los comicios. El organismo sostuvo que no hay fundamentos legales para impugnar la votación y remarcó que la decisión expresada en las urnas es vinculante.
En este contexto, el presidente israelí Isaac Herzog inició el miércoles por la tarde las consultas oficiales en la Residencia Presidencial de Jerusalén, comenzando por las formaciones más pequeñas. Ese día recibió al partido Sionismo Religioso, entre cuyas dirigentes se encuentra la ministra de Asentamientos y colona Orit Strock, quien, como parte de la coalición de Netanyahu, votará para que este intente formar gobierno.
Durante el inicio de estas conversaciones, Herzog lanzó severas advertencias a Netanyahu por la violencia ejercida por los colonos en la Cisjordania ocupada. Alertó que la impunidad de los colonos está creando una situación altamente explosiva, con riesgo de graves consecuencias para Israel, de un mayor aislamiento internacional y de una resistencia de la población cisjordana ante los ataques diarios.
En el plano de las alianzas parlamentarias, Ra’am ratificó formalmente su disposición a respaldar al opositor Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar, para que reciba el mandato de formar Gobierno. La Lista Conjunta, en cambio, todavía no fijó posición y existen altas probabilidades de que se abstenga de apoyar al bloque opositor encabezado por Eisenkot. Ese bloque, a su vez, incluye partidos que rechazan recibir apoyo de las fuerzas árabes.
Las disputas políticas también alcanzan a los servicios de inteligencia. El director del Shin Bet, David Zini, recibe fuertes cuestionamientos tanto de dirigentes opositores como de personal interno de la agencia de seguridad y de sectores del Mossad, después de pedir investigaciones e interrogatorios contra parlamentarios y partidos árabes. Sus críticos aseguran que actúa bajo la influencia política de Netanyahu.
Además, en sintonía con las advertencias de Herzog, quienes cuestionan a Zini señalan que impulsar una línea de persecución contra la población palestina con ciudadanía israelí, considerada de segunda categoría en el Estado colonialista, puede agotar la paciencia y vencer el temor de una comunidad que acudió masivamente a las urnas para expresar su voz.
Mientras continúan las negociaciones, persiste la violencia sionista. En Cisjordania siguen las incursiones del Ejército israelí y las agresiones de colonos armados contra habitantes palestinos. En Gaza, por su parte, la catástrofe humanitaria se profundiza después de tres años de operaciones militares y genocidio.
Este complejo escenario interno coincide con la contundente derrota de Donald Trump y el Partido Republicano en las elecciones de medio término de Estados Unidos, un resultado desfavorable para Netanyahu. Según el artículo, el voto estadounidense expresó rechazo al genocidio en Palestina, a la guerra con Irán y a sus graves consecuencias económicas internas.
