La gira del papa León XIV por Uruguay, Argentina y Perú tendría un impacto económico estimado en cerca de USD 500 millones. Según el planteo del artículo original, el viaje excede el plano religioso: se inserta en la geopolítica regional y ocurre tras la derrota de Trump en el Congreso, un escenario que, sostiene, revitaliza la influencia del Vaticano y su doctrina como herramienta para contener el descontento social. La visita también reabre el debate sobre la efectiva separación entre la Iglesia y el Estado.

Robert Francis Prevost y la continuidad del bergoglismo

La elección de Robert Francis Prevost, estadounidense vinculado al mundo latinoamericano, es presentada como una decisión de supervivencia política del Estado Vaticano. Exdirector del Dicasterio para los Obispos, el organismo encargado de designar y acompañar a los obispos en todo el mundo, León XIV es caracterizado como una continuidad pragmática del bergoglismo.

En su última audiencia general antes de la gira latinoamericana, el Papa afirmó que son “más actuales que nunca” los llamados a eliminar las discriminaciones contra los sectores sociales más débiles y las personas migrantes. También cuestionó el avance del tecnocapitalismo y del colonialismo digital. El texto interpreta estas posiciones como un progresismo discursivo que busca amortiguar los efectos del orden neoliberal sin cuestionar la propiedad privada ni el capital financiero.

La elección del nombre León XIV remite a León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum de 1891. El artículo vincula aquella doctrina social católica, surgida en un contexto de expansión de los movimientos obreros socialistas y anarquistas, con la actual apelación a la paciencia, la caridad y el diálogo social. Desde esa perspectiva, se cuestiona que se desplacen reclamos por derechos estructurales hacia mecanismos de asistencia privada o estatal, mientras persisten denuncias históricas de abusos dentro del clero y de impunidad institucional.

Antecedentes de la diplomacia vaticana en Argentina

El papel de la jerarquía eclesiástica como factor de paz social tiene antecedentes en el país. En 1982, Juan Pablo II visitó Argentina en medio de la inminente derrota en Malvinas, la disputa con Inglaterra y una dictadura militar en crisis. Fue la primera visita de un Papa al país.

El artículo sostiene que la misión vaticana no estuvo orientada a condenar los crímenes del terrorismo de Estado ni la colaboración de sectores de la jerarquía eclesiástica local, sino a promover una pacificación que evitara el colapso del régimen. Quienes impulsaban aquella intervención recordaban la mediación del Vaticano en el conflicto del Beagle con Chile, a fines de 1978. Tras su llegada, Juan Pablo II llamó a la paz, la reconciliación y a considerar “el patriotismo de los otros, así ambos podrán comunicarse pacíficamente”.

Durante su segunda visita, en 1987, en un contexto marcado por la crisis económica y las consecuencias del plan Austral, su presencia fue interpretada como una intervención contra la secularización y las libertades civiles. Un año antes, la Iglesia católica había trasladado en procesión la imagen de la Virgen de Luján a Plaza de Mayo para presionar al Congreso frente al debate sobre el proyecto de divorcio vincular.

En esa segunda visita, Juan Pablo II celebró la misa de Domingo de Ramos en la avenida 9 de Julio, recorrió diez provincias y presidió la Jornada Mundial de la Juventud. Además, expresó una condena al divorcio al preguntarse por qué se debería seguir exigiendo lealtad a la patria, a los compromisos laborales y al cumplimiento de leyes y contratos. El texto presenta su papado como una muestra del rol político estratégico de la Iglesia Católica a escala mundial.

Una visita que alcanza a oficialismo y oposición

La diplomacia vaticana llega, según el artículo, con una propuesta centrada en la “comunión” frente a la desigualdad y en la búsqueda de disolver las contradicciones de clase. Esta orientación es cuestionada por exigir sacrificios a los sectores más afectados por el ajuste económico y social.

La visita también es considerada un respaldo para un sistema político atravesado por una crisis de representación. Por un lado, se menciona a la presidencia de Javier Milei, cuestionada en el texto por su alineamiento con el sionismo israelí en el contexto de Gaza y por su posición frente a los derechos sociales. En ese marco, se plantea que el Gobierno busca aprovechar la imagen papal en un país mayoritariamente católico para moderar su discurso y evitar que la oposición capitalice el evento.

El Papa tiene previsto reunirse con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al que el artículo atribuye persecución y represión contra feriantes, vendedores ambulantes y jubilados. También recuerda que, poco más de un mes antes, Jorge Macri intentó suspender la Marcha del Orgullo debido a la visita papal.

Asimismo, León XIV se reunirá con el Gobierno de Córdoba, señalado por el texto por las acciones policiales contra organizaciones sociales, y con el peronismo bonaerense. En este último caso, se recuerda el desalojo de Guernica, del que recientemente se cumplieron seis años, y la represión contra familias que reclamaban por el acceso a la vivienda.

La llegada del Papa también vuelve a situar en el debate el papel de la Iglesia frente a los derechos de las mujeres y las diversidades. El artículo afirma que la jerarquía eclesiástica hizo lobby contra derechos conquistados y continúa obstaculizando la Educación Sexual Integral. En ese marco, menciona los discursos de Clara Muzzio, vicejefa de Gobierno porteña, a quien atribuye negar la existencia de las personas trans y contribuir a legitimar ataques de odio.

Organización oficial y respaldo empresarial

El canciller Pablo Quirno y la cúpula eclesiástica organizan la recepción de León XIV en el Palacio Libertad, con la presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel y gobernadores. Por su parte, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, sostuvo que la visita tiene motivaciones “estrictamente pastorales”.

Sin embargo, el artículo considera que la propia organización del viaje pone de manifiesto su dimensión política. Señala que, aunque León XIV mantenga discursos críticos contra Trump o Peter Thiel, su posición concluye en llamados a la paz social y a la negociación con Milei.

La gira cuenta además con el respaldo de sectores del empresariado local. De acuerdo con una información atribuida a Letra P, se habrían reunido unos US$3 millones para financiarla. Entre las firmas y grupos mencionados figuran Edenor, Santander, Toyota Kansai, Techint, empresas de Eduardo Eurnekian y compañías vinculadas a José Luis Manzano.

Disputa por la representación de las demandas sociales

El obispo de La Rioja y presidente de la Pastoral Social, Dante Braida, afirmó que la visita encontrará a un país “que padece necesidades”. El texto interpreta esa definición como una oportunidad para que el peronismo capitalice políticamente la gira en un contexto de campaña electoral no declarada.

Con Axel Kicillof como figura central y la Basílica de Luján como referencia, el peronismo buscaría convertir el viaje papal en un contrapeso moral frente a los valores reaccionarios que el artículo atribuye al Gobierno de La Libertad Avanza. Kicillof elogió al Papa al afirmar que “no podemos acostumbrarnos a la injusticia”, aunque el texto cuestiona las políticas de ajuste de su gestión en la provincia de Buenos Aires.

También se menciona el pedido de reunión con el Papa realizado por el sacerdote Christian von Wernich, condenado a prisión perpetua por secuestros, torturas y asesinatos durante la dictadura. Según el artículo, no obtuvo respuesta. En cambio, Alberto Bochatey, obispo auxiliar de La Plata y anfitrión de León XIV, acompañará al pontífice durante la gira. El texto, citando al periodista Daniel Satur, le atribuye antecedentes de encubrimiento y protección de miembros del clero denunciados o condenados por delitos sexuales contra niños y adolescentes.

El artículo también recoge el rechazo de organizaciones de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Portugal. Tras el anuncio de la visita, estas agrupaciones señalaron que el monarca del Vaticano no será bienvenido por víctimas y familiares que denuncian la impunidad y la protección de la jerarquía católica ante abusos cometidos por integrantes del clero.

Iglesia y Estado

La visita de León XIV expone, según el texto, las limitaciones del carácter laico del Estado argentino. Detrás de la libertad de cultos, señala, persiste una estructura confesional arraigada que incluye subsidios millonarios a la educación privada y religiosa, además de importantes exenciones impositivas.

Desde esta mirada, el Vaticano vuelve a América Latina como un actor ideológico y material que, en nombre de la fe, contribuye a preservar el orden capitalista mientras se profundiza la precariedad de la vida.