El 30 de julio de 1966 es una fecha que quedará grabada en la historia del fútbol. El estadio de Wembley, en Londres, fue testigo de una final del mundo que reunió a 96.924 almas a las 15:00 horas. Los locales, Inglaterra, batallaron durante más de dos horas para finalmente obtener el primer trofeo Jules Rimet de su historia. El logro fue en gran parte gracias a la destreza de Geoff Hurst y a un gol fantasma que, aún hoy, medio siglo después, sigue generando controversia.
Este equipo inglés, liderado por Bobby Moore y dirigido por Alf Ramsey, fue inmortalizado en la historia del fútbol. Entre los jugadores, destaca Nobby Stiles, un guerrero que, a pesar de su armadura incompleta – le faltaban los dientes frontales – logró anular al famoso Eusébio en las semifinales. Sin embargo, la historia de Nobby no termina con esta victoria.
La gloria futbolística de Nobby fue efímera. Aquel jugador que alguna vez fue un héroe en el campo de fútbol, murió en 2020, a causa de una enfermedad llamada encefalopatía traumática crónica (ETC), resultado de los múltiples cabezazos que realizó durante su carrera. Su historia, plasmada en el recuerdo de todos los aficionados al fútbol, es ahora una lucha por la justicia liderada por su hijo, John Stiles.
John Stiles continúa la batalla de su padre, pero esta vez fuera del campo de juego. Su objetivo es crear conciencia sobre los peligros del fútbol y las consecuencias que puede tener en la salud de los jugadores. Según John, los futbolistas suelen comenzar a tener síntomas de ETC entre los 50 y los 60 años. Los exjugadores, a menudo, no reciben suficiente ayuda y las familias se ven obligadas a vender sus casas para pagar los costos de atención médica.
El exfutbolista, que jugó para clubes como el Leeds United y el Doncaster Rovers, ha llevado su lucha a los tribunales. Ha emprendido acciones legales contra la Asociación de Fútbol Inglés y la Liga de Fútbol Inglés (FA y EFL) por el caso de su padre.
La enfermedad que está matando a los futbolistas, la ETC, es una encefalopatía traumática crónica que se produce como resultado de impactos repetidos en la cabeza. Cada vez que un jugador sufre un impacto en la cabeza, una proteína llamada ‘tau’ se desprende del cerebro. Si los futbolistas tienen decenas de cabezazos, esta proteína puede enredarse y asentarse en el cerebro, destruyéndolo.
John Stiles cree que es vital que los jugadores conozcan los riesgos de cabecear la pelota. Asegura que, de haber conocido los peligros del ETC, no habría cabeceado tanto en los entrenamientos. Propone que los jugadores deberían firmar una exención diciendo que han sido educados sobre la enfermedad y que están dispuestos a asumir el riesgo. Solo de esta manera, dice John, se podrán salvar vidas.
La lucha de John no ha sido fácil. A pesar de sus esfuerzos para informar a los jugadores sobre los riesgos de cabecear, no ha recibido el apoyo de los clubes profesionales de Inglaterra y de la Superliga femenina. Sin embargo, su lucha ha encontrado un aliado en Raphaël Varane, el defensa francés que recientemente reveló cómo las conmociones cerebrales afectaron su rendimiento deportivo.
La historia de Nobby Stiles, y ahora la de su hijo John, es un claro ejemplo de las consecuencias que puede tener el fútbol en la salud de los jugadores. A pesar de las dificultades, John sigue luchando para que los jugadores sean conscientes de los riesgos que conlleva el deporte que aman. Su objetivo es simple: salvar vidas y evitar que más familias tengan que vender sus casas para pagar la atención médica de sus seres queridos.
