El juicio oral por el secuestro de un adolescente de 16 años en la comuna de Illapel, ocurrido el 16 de octubre de 2023, está llegando a su fin, con los alegatos finales que se llevarán a cabo este miércoles. No obstante, este proceso, que tiene lugar en el Tribunal Oral en lo Penal de Ovalle, no ha estado libre de contratiempos y polémicas.
Los familiares de la joven víctima han enfrentado amenazas a través de redes sociales por parte de los amigos y familiares de los acusados, lo que ha añadido una capa más de tensión a un ya tenso juicio. Además, el juicio tuvo que retrasarse después de que dos de los acusados, ambos adultos, se enzarzaran en una pelea mientras esperaban para entregar su versión de los hechos.
Pese a estos contratiempos, los alegatos de clausura se llevarán a cabo el miércoles y se dictará sentencia contra los cuatro acusados, dos adultos y dos menores de edad, una de las cuales es la expareja de la víctima.
Juan Dabed, padre del adolescente secuestrado, ha expresado su esperanza de que la justicia imponga sanciones ejemplificadoras a los autores de este atroz delito. La fiscalía está solicitando 40 años de cárcel para uno de los adultos acusados, que tiene antecedentes penales, y 27 años para el otro. Para las dos menores involucradas, la fiscalía pide 5 años de encierro.
El fiscal de Illapel, Andrés Villalobos, acusó a todos los acusados de sustracción de menores y porte ilegal de armas. Según el padre de la víctima, los cuatro acusados han confesado, por lo que solo queda determinar la sentencia y los años de prisión que recibirán cada uno.
El padre de la víctima también señaló que se presentaron numerosas pruebas contundentes durante el juicio, incluyendo testimonios y confesiones de los acusados. Sin embargo, expresó su frustración con las limitaciones legales que podrían resultar en una sentencia de solo 3 años para las menores.
A pesar de las amenazas realizadas a través de las redes sociales, la familia decidió no tomar medidas adicionales, esperando que la justicia actúe. Incluso tuvieron que cambiar de hotel después de descubrir que estaban alojados en el mismo lugar que los familiares de los acusados.
El curso del juicio ha sido en general tranquilo, a excepción de la pelea entre los dos acusados adultos. Según Dabed, uno de los acusados confesó rápidamente y con detalles, lo que probablemente molestó al otro que ya no podía buscar atenuantes.
El secuestro en sí fue un acto calculado y premeditado. Los perpetradores, identificados como P.J.J.V., F.H.A.B., y la adolescente de iniciales C.A.R.P., se conocieron en una discoteca de Los Vilos y planearon el secuestro después de que la menor sugiriera que la ex pareja de ella, cuyos padres tenían mucho dinero, sería un buen objetivo para un secuestro y un rescate millonario.
El 16 de octubre, los dos adultos abordaron al adolescente cuando se dirigía a encontrarse con la acusada, C.A.R.P. Lo amenazaron con un arma y lo obligaron a subirse a su vehículo, donde le cubrieron la cabeza y el rostro y le propinaron golpes de puño y con la empuñadura del arma.
Trasladaron al adolescente a una cabaña en el límite entre Quilimarí y Pichidangui, donde lo mantuvieron atado de pies y manos. Luego, utilizando el teléfono del joven, realizaron una videollamada a su padre, mostrándole a su hijo golpeado y maniatado, y exigiéndole un rescate de 150 millones de pesos. El padre realizó una transferencia bancaria de $200.000, que los secuestradores retiraron en un cajero automático.
La pesadilla no terminó ahí. Al día siguiente, el padre de la víctima realizó otra transferencia de $609.690. Los secuestradores realizaron otro retiro de $200.000 y luego recogieron a otra acusada, V.A.P.H., en la localidad de El Melón.
El miércoles 18 de octubre, los cuatro acusados fueron detenidos por la Policía de Investigaciones en un control de carretera. Se les encontró un revólver calibre 38 con 5 proyectiles y el celular utilizado para realizar las videollamadas al padre de la víctima.
El adolescente secuestrado sigue lidiando con las secuelas de su traumática experiencia. Según su padre, el joven recibe apoyo psicológico, pero sigue teniendo problemas para dormir y no sale a ningún lado si no está acompañado. Su familia ha tenido que contratar a una persona para que lo lleve y lo traiga del colegio, y su padre lamenta que su hijo probablemente llevará las cicatrices de este terrible evento durante mucho tiempo.
