Las movilizaciones juveniles que atraviesan Europa han abierto un debate en las escuelas italianas y extendido un lema entre el estudiantado: “Hay que hacer como en Francia”. Las ocupaciones de centros educativos se multiplican en un contexto de protestas que también alcanza a España y Alemania, donde desde hace meses estudiantes secundarios cuestionan las políticas militaristas del Gobierno de Friedrich Merz, incluidas las propuestas para recuperar el servicio militar obligatorio.
Las denuncias que impulsan la movilización en Francia —aulas masificadas y graves carencias de infraestructura que vuelven peligrosa la asistencia diaria a las escuelas— no resultan ajenas a la situación italiana. En Bolonia, estudiantes de secundaria se sumaron a la lucha contra el desmantelamiento de la educación pública. El 13 de octubre, alumnas y alumnos del liceo Laura Bassi ocuparon el edificio anexo de Via Broccaindosso, en el centro de la capital emiliana.
En ese espacio realizaron una asamblea junto a colectivos de los liceos Minghetti, Sabin, Copernico y Fermi, con el objetivo de coordinar la manifestación estudiantil convocada para el 16 de octubre. En las intervenciones desarrolladas en el patio interno del instituto se expresó de forma reiterada el entusiasmo por seguir el ejemplo francés.
Italia destina a educación el 8 % de su gasto público, casi dos puntos por debajo de la media de la Unión Europea. La masificación de las aulas ha llegado a niveles históricos y las reformas educativas de los gobiernos técnicos de los años noventa no lograron revertir el deterioro. Según el texto, el 54 % de las escuelas italianas es considerado de baja calidad por sus propios directores. A ello se suma que el salario anual docente, de 26.000 euros, se encuentra muy por debajo de la media europea, en un escenario de estancamiento salarial y aumento del costo de vida que también fue planteado durante la asamblea del Laura Bassi.
El referente de Francia
En Francia, la irrupción estudiantil, caracterizada como radical, espontánea y combativa, llevó a buena parte del profesorado a tomar posición. Los docentes franceses llevan años movilizándose contra la austeridad aplicada por los distintos gobiernos de Emmanuel Macron. Ante la decisión de sus alumnos de ocupar escuelas, calles y ciudades, respaldaron al estudiantado frente a la represión policial y comenzaron a organizarse hacia una jornada de huelga general prevista para el 5 de noviembre.
En contraste, la Coordinadora Nacional de Docentes por los Derechos Humanos (CNDDU), una pequeña asociación de profesores y no un sindicato, reclamó al Gobierno italiano y al ministro de Educación, Giuseppe Valditara, de la Lega, que restablezcan el orden en las escuelas. De acuerdo con la Gazzetta di Bologna, la entidad aludió de manera directa a la ocupación del Laura Bassi para solicitar que se garantice la continuidad didáctica, se tengan en cuenta las “eventuales dificultades organizativas” y se “superen las tensiones”. También pidió al Ministerio indicaciones nacionales para abordar situaciones similares.
El artículo cuestiona esa posición al considerar que presenta la situación del Laura Bassi como un hecho aislado, en vez de vincularla con un modelo educativo que juzga sistemáticamente inadecuado. Sostiene que las tensiones no son producto de la protesta estudiantil, sino de décadas de políticas que deterioraron la educación pública en beneficio del sector privado. Entre las críticas se menciona el uso de institutos como fuente de trabajo no remunerado mediante los PCTO y la alternancia escuela-trabajo, prácticas obligatorias en empresas para estudiantes de secundaria.
La protesta como cuestión de orden público
El texto considera especialmente grave que la CNDDU reclame el restablecimiento del orden en los centros educativos, al entender que trata las ocupaciones como un problema de orden público y no como una forma de protesta estudiantil. También critica el énfasis selectivo sobre hechos de violencia individual registrados durante las revueltas masivas en Francia, al señalar que ello refuerza un discurso securitario promovido por las derechas y los gobiernos europeos para desacreditar las movilizaciones y justificar medidas represivas.
Además, se menciona la continuidad de detenciones de estudiantes que participan en protestas de solidaridad con el pueblo palestino, así como las consecuencias de la ampliación de las facultades de los directores y de las sanciones disciplinarias contra quienes intervienen en actividades políticas. En este marco, se cuestiona que la CNDDU reconozca las motivaciones estudiantiles, pero no respalde las formas de presión adoptadas contra un Gobierno al que se describe como poco receptivo.
Las y los estudiantes del Laura Bassi, al igual que los de otras escuelas de Bolonia, prevén movilizarse por una educación mejor tanto para el alumnado como para el personal docente y administrativo. El artículo presenta las declaraciones de la CNDDU como una nueva traición de los sectores más retrógrados del profesorado.
Mientras en Francia se fortalecen los vínculos de solidaridad entre estudiantes y docentes, con la intención de extender las movilizaciones hacia otros sectores de la clase trabajadora, en Italia persiste una división histórica entre el movimiento estudiantil y el profesorado. El texto sostiene que esta separación debe ser superada y advierte que la CNDDU, pese a no representar a una minoría numéricamente relevante de docentes, contribuye a un relato difundido por grandes medios y actores políticos en redes sociales.
Según ese relato, la protesta de estudiantes secundarios sería una reacción destructiva de una minoría incapaz de comprender la política, manipulada por agitadores de izquierda o incluso por figuras vinculadas al mundo islámico. El artículo señala que, en paralelo con la creciente racialización del sistema escolar italiano y europeo, la estigmatización de estudiantes migrantes o no blancos se ha convertido en una herramienta habitual de la propaganda progubernamental y reaccionaria.
Esta situación es vinculada con una reorganización militarista de la sociedad que atraviesa los sectores sociales y productivos de Italia y la Unión Europea. El texto sostiene que se pretende que jóvenes y trabajadores se adapten a las necesidades de la industria de guerra, mientras se deterioran los sistemas de protección social. En este sentido, menciona las leyes del Gobierno de Meloni que endurecen las penas por bloqueos, ocupaciones y protestas.
Defender las ocupaciones y unir las luchas
El artículo afirma que los estudiantes del Laura Bassi tienen razón al plantear que hay que actuar como en Francia. Esto supone defender las ocupaciones escolares y los espacios de debate y organización política construidos desde abajo. Aunque la CNDDU distingue entre las ocupaciones y la movilización del 16 de octubre, presentada como legítima, el texto plantea que las tomas son precisamente el ámbito en el que se prepara la protesta, donde el alumnado debate cómo, cuándo, por qué y con quién movilizarse.
Entre las demandas de la manifestación del 16 de octubre figura la oposición a la represión, al control sobre el estudiantado y a la casi total erosión de los espacios de autogestión y autoorganización. El texto sostiene que dividir entre protestas buenas y malas es una herramienta utilizada para derrotar las luchas y que seguir el ejemplo francés implica actuar en sentido contrario.
La denuncia de la posición de la CNDDU busca, según el artículo, reforzar el llamamiento a movilizar a los sectores de la educación que durante años sufrieron el empeoramiento de sus condiciones laborales y de vida. También reclama romper la pasividad de las trabajadoras y los trabajadores italianos.
La protesta estudiantil es presentada como un primer paso para reunir experiencias de ciclos de lucha recientes y las aspiraciones de amplios sectores de la clase trabajadora. El texto vincula la represión contra los estudiantes con la creciente limitación del derecho de huelga, bajo la intervención del Consejo de Ministros y de la Comisión de Garantía de Huelgas, el organismo estatal que regula y puede restringir las huelgas en los servicios públicos. Por ello, propone que los espacios de autoorganización y las fechas de movilización sean comunes, y que los sindicatos se posicionen como parte de la lucha contra el Gobierno y sus políticas, no como mediadores.
A su vez, sostiene que el movimiento estudiantil puede multiplicar su fuerza al unirse con los trabajadores, como ocurre en Francia. Allí, el primer ministro Sébastien Lecornu se habría visto obligado a proponer incrementos, considerados insuficientes, de los recursos destinados a la escuela. El artículo convoca a participar junto a los estudiantes secundarios en la jornada de protesta y huelga climática del 16 de octubre, así como a impulsar el 30 de octubre la huelga internacional de puertos y la huelga general convocadas por la USB, la Unione Sindacale di Base.
Finalmente, destaca a una generación que participó directamente en las protestas de Blocchiamo Tutto, las huelgas generales y bloqueos del otoño de 2025 en solidaridad con Palestina. Según el texto, esta generación comprende la relación entre la defensa de los derechos sociales, la lucha contra la carestía de vida y la oposición a la militarización de la sociedad al servicio del imperialismo occidental. Las banderas palestinas presentes en el patio del Laura Bassi son presentadas como una muestra de que Italia ya cuenta con un legado vivo de lucha, que debe retomarse para enfrentar al Gobierno de Meloni y los intereses económicos que defiende.
