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Economía y periodismo en tiempos de trinchera

Hemos naturalizado que los medios locales tengan sesgos. Especialmente para quienes somos periodistas, el ejercicio de leer una noticia en Chile hoy implica siempre aplicar un filtro previo según dónde está escrita. Es tan cotidiano, que incluso lo justificamos estirando la definición de “línea editorial”, como si ese concepto fuera por sí solo una excusa suficiente para cualquier exceso.

Sí, lo que afirmo no es nuevo ni tampoco exclusivo de nuestro país, pero me gustaría creer que existen ciertos márgenes, una suerte de terreno informativo neutral donde nos podemos encontrar sin la necesidad de cavar trincheras, costumbre que en los últimos meses se ha acelerado de forma alarmante.

Hace más de una década que parte de mi trabajo es apoyar la difusión de la información relativa a la inversión extranjera en Chile. Me tocó cumplir esa tarea durante la bonanza del boom de los commodities, con años récord como el 2012, cuando llegó a los US$31.802 millones, y también comunicar bajas importantes, como sucedió en 2017, con solo US$5.237 millones.

Hoy veo con preocupación cómo incluso las buenas noticias (que en el contexto económico global y local no abundan), llegan muchas veces a la opinión pública distorsionadas en su real dimensión para (al parecer) disminuir su importancia, o ser funcionales a agendas específicas.

Por eso creo que vale la pena un apunte sobre la nota que El Mercurio incluyó el pasado miércoles 8 de febrero en su cuerpo de Economía y Negocios, titulada “Inversión Extranjera sube 12% en 2022, aunque desacelera su rito de expansión”, a modo de ejemplo.

Un poco de perspectiva: es extraordinario que Chile haya conseguido un flujo de IED superior al registrado en 2021. Con el nivel de la crisis económica global ya igualar la cifra del año anterior, o incluso una baja acotada, habría sido bueno. Poner el énfasis en una supuesta “desaceleración” en este titular (mencionando el crecimiento de 2021 que tuvo como base de comparación la notoria caída generada por la pandemia en 2020, con un efecto rebote más que evidente), es una manipulación “poco elegante” de las cifras. También lo sería decir que el primer año de IED del actual gobierno supera en más de US$5 mil millones el promedio de la inversión extranjera registrada durante el gobierno anterior.

Tapándose un ojo o el otro, las cifras siempre sirven para contar la historia que uno quiere transmitir. Lo importante, y ahí está la responsabilidad de los medios y sus editores (en mi visión), sería no perder de vista que -por una parte- esta información influye en la toma de decisiones y en el optimismo/pesimismo de los mercados y la opinión pública, sino también en la construcción de nuestro relato-país. El desarrollo, el crecimiento y la inversión deberían ser buenas noticias para todos quienes vivimos en Chile, más allá de las legítimas diferencias de las distintas miradas políticas y sociales.

Chile fue un buen lugar para invertir durante 2022, y eso es una gran noticia. Que lo siga siendo durante 2023 requerirá de un montón de trabajo y de mantener la confianza de los inversionistas. Ojalá podamos celebrar también buenas noticias en 2024… esta vez fuera de las trincheras.

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