Desde el 21 de septiembre, Francia atraviesa una amplia movilización de estudiantes secundarios que comenzó en la periferia de París y se propagó por todo el país. Con cientos de escuelas bloqueadas, el respaldo de docentes, universitarios y trabajadores, y más de 6.000 detenciones, el movimiento mantiene su impulso pese a la respuesta represiva y al cierre de establecimientos dispuesto por el Gobierno.
El martes 6 de octubre, unas 450.000 personas se movilizaron en Francia, en una jornada de protesta que reunió a estudiantes y trabajadores en las principales ciudades. Los sindicatos convocaron a marchas, huelgas, bloqueos y barricadas, en un escenario que pone bajo presión al Gobierno de Emmanuel Macron a seis meses de las elecciones presidenciales.
El origen de los bloqueos
La protesta comenzó el lunes 21 de septiembre, cuando alumnos del colegio Saint-Exupéry de Créteil, situado a 11 kilómetros al sudeste de París, bloquearon el establecimiento tras semanas de reclamos docentes sin respuesta de las autoridades. La difusión de videos en redes sociales impulsó, al día siguiente, una oleada de bloqueos en los departamentos 93, 94 y 95 del conurbano parisino, con acciones en Saint-Denis, Sarcelles, Gonesse, Stains y Aubervilliers, entre otras localidades.
En pocos días, la iniciativa se convirtió en un movimiento de alcance nacional. Los bloqueos se extendieron desde los barrios populares hacia centros urbanos de todo el país, incluyendo Lille, Lyon, Marsella, Toulouse, Grenoble y Le Havre. La protesta llegó a abarcar cerca de 400 colegios.
Los reclamos estudiantiles
Los estudiantes denuncian aulas superpobladas, edificios deteriorados, filtraciones y construcciones con asbesto. También reclaman por la falta de profesores, enfermeras, preceptores, asistentes sociales y acompañantes para alumnos con discapacidad.
Entre las demandas figuran además el rechazo a jornadas de 8 a 18 horas, con solo una hora para comer, el costo de 5 euros del comedor para quienes viven lejos de sus escuelas y el sistema de acceso universitario Parcoursup, al que cuestionan por funcionar como un filtro social. A esto suman críticas al control escolar mediante cámaras y prohibiciones de uso de celulares, así como denuncias de racismo y militarización.
Un estudiante movilizado en Sarcelles resumió esta preocupación con la consigna: “Están rearmando el país y desarmando nuestro futuro”. En Saint-Denis, otro alumno planteó: “¿cómo se supone que tenemos que hacernos oír si no nos respetan y no nos escuchan?”.
Represión y detenciones
Según el relato de las movilizaciones, la respuesta gubernamental incluyó desalojos violentos, despliegue de policías antidisturbios, gases lacrimógenos, balas de goma y detenciones masivas. Hasta el momento se contabilizaron más de 6.000 detenidos.
También se registraron heridos graves. En Tours, un joven perdió un ojo por el impacto de una bala de goma. En Saint-Ouen-l’Aumône, una granada lacrimógena fue disparada a quemarropa contra la cara de un adolescente; otro estudiante perdió más de la mitad de sus dientes. El lunes, en Lens, un alumno de 15 años perdió una mano por una granada.
Docentes y trabajadores se suman a la defensa de los alumnos
La represión generó respuestas de solidaridad en distintos puntos del país. En Saint-Denis, profesores, preceptores y auxiliares del colegio Paul Éluard formaron una cadena humana para proteger a los estudiantes y declararon una huelga en apoyo a la movilización. En Sarcelles, trabajadores de la educación se concentraron frente a una comisaría para exigir la liberación de los detenidos.
El 1 de octubre, en Le Havre, trabajadores de Siemens, Sidel, Yara y la refinería Total acudieron al bloqueo del colegio François-Ier. Allí formaron otra cadena humana para proteger a los alumnos y lograron rechazar en varias ocasiones a la policía antidisturbios.
El paro del sector público y la participación juvenil
El martes 29 de septiembre, ocho sindicatos —CGT, FO, CFDT, UNSA, FSU, Solidaires, CFE-CGC y FA-FP— convocaron a un paro y movilización del sector público contra el ajuste de 54.000 millones de euros anunciado por el primer ministro Lecornu. El plan contempla congelamiento salarial y reducción de empleos.
Las columnas de estudiantes secundarios y de bomberos que participaron de la primera línea durante los incendios del verano fueron especialmente reconocidas durante esa jornada, a la que aportaron una mayor combatividad.
La nacionalización de la protesta y el cierre de escuelas
El 1 de octubre, las manifestaciones adquirieron una dimensión nacional con movilizaciones masivas en París, su periferia y ciudades como Lille, Lyon, Niza, Marsella, Burdeos, Toulouse, Rennes, Nantes y Estrasburgo. A la vez, estudiantes universitarios bloquearon más de 30 campus y se movilizaron hacia colegios secundarios. Entre las acciones destacadas estuvo la marcha desde la Universidad París 8 hasta el colegio Bartholdi, en Saint-Denis.
Los universitarios también cuestionaron la reforma “Bienvenidos a Francia”, a la que califican de racista por elevar los aranceles para estudiantes extranjeros hasta niveles considerados inaccesibles.
Ante el crecimiento de las movilizaciones, Lecornu reunió de urgencia a su gabinete. El Ejecutivo dispuso un “lock-out escolar”, con el cierre de los colegios más movilizados y la implementación de educación a distancia en los lugares donde hubiera bloqueos. Asimismo, impulsó una ofensiva judicial para solicitar condenas “ejemplares” y acusó a La France Insoumise y a la extrema izquierda de promover la rebelión.
Presupuesto 2027 y nuevos recortes
En medio de las protestas del 1 de octubre, el Gobierno presentó el Presupuesto 2027, que incluye recortes por 54.000 millones de euros, congelamiento de jubilaciones superiores a 1.260 euros y la eliminación de 1.588 puestos en educación. También contempla menos recursos para la refacción de escuelas, reducciones en los servicios públicos para afrontar la deuda pública y congelamiento de salarios en un contexto de aumento del precio del combustible.
En contraste, el gasto militar aumentaría en 6.400 millones de euros, llevando el total a más de 63.400 millones. Estas medidas profundizaron el rechazo entre los sectores movilizados.
Autoorganización frente al lock-out
El viernes 2 de octubre cerraron 400 colegios con el objetivo de impedir nuevos bloqueos y limitar los espacios de reunión estudiantil. Sin embargo, durante el fin de semana se realizaron asambleas conjuntas de docentes y alumnos en diversos establecimientos. En algunos lugares, como el departamento 93, se conformaron asambleas y coordinaciones interescuelas.
Muchos docentes se negaron a dictar clases a distancia. De ese modo se preparó el regreso de los bloqueos del lunes 5 de octubre y la movilización del día siguiente. Ese lunes, Francia volvió a registrar una ola de colegios bloqueados junto con unos 40 campus universitarios, entre ellos Nanterre, París 8, París Cité, París 1 y la Sorbona.
En Rennes 2, una asamblea reunió a más de mil personas. En Metz, estudiantes instalaron un aula al aire libre para denunciar los recortes, pero fueron reprimidos de inmediato por la policía antidisturbios CRS. En Montpellier, alrededor de 500 secundarios marcharon al rectorado, mientras que la policía ingresó a una facultad de la Sorbona para reprimir.
La movilización del 6 de octubre
La jornada del martes 6 de octubre superó los 450.000 manifestantes en todo el país, incluidos 100.000 en París. Fue definida como la mayor movilización juvenil desde 1986. La convocatoria fue impulsada por la CGT, Solidaires y los principales sindicatos franceses.
En el ámbito educativo convocaron a la huelga CGT Educ’action, SNES-FSU y FNEC FP-FO. La federación de padres de alumnos también llamó a movilizarse y denunció la crisis educativa y la existencia de una escuela “a dos velocidades” marcada por grandes desigualdades sociales.
Las universidades participaron masivamente. Incluso la escuela de ingeniería INSA Strasbourg fue bloqueada por primera vez. En París, columnas de estudiantes, docentes y ferroviarios confluyeron en la Plaza de la República. En Grenoble marcharon más de 10.000 personas, mientras que Marsella, Lyon, Burdeos, Toulouse, Rennes y Le Havre registraron grandes movilizaciones de secundarios y universitarios.
La policía volvió a reprimir las protestas. En respuesta se organizaron nuevas cadenas humanas integradas por estudiantes, docentes y trabajadores, además de barricadas. También se destacó la participación de colegios de élite de París, como el liceo Henri-IV, donde se coreó la consigna: “la misma escuela pública de Saint-Denis a París”.
Los próximos desafíos
Tras el fracaso del lock-out, Lecornu propuso una instancia de “democracia interna”: media jornada sin clases para que docentes y alumnos intercambien posiciones bajo la supervisión de la dirección escolar. Desde los sectores movilizados, la medida es considerada un intento de desviar el malestar, aislar a los secundarios y frenar la articulación con la movilización prevista para el 17 de octubre.
Mientras el Gobierno intenta ganar tiempo, las conducciones sindicales convocaron a un nuevo paro para el 5 de noviembre. Révolution Permanente y la agrupación juvenil Le Poing Levé plantean profundizar la autoorganización, fortalecer la coordinación y consolidar la alianza entre estudiantes y trabajadores contra la represión, el encarecimiento de la vida y el ajuste gubernamental.
La convocatoria nacional del 17 de octubre, promovida por jóvenes y trabajadores contra el precio del combustible, remite a la experiencia de los Chalecos Amarillos, protagonistas del levantamiento de 2018.
