La Lista Conjunta, coalición electoral integrada por los partidos árabes Hadash, Ta’al y Balad, anunció este jueves que se inclina por respaldar a Gadi Eisenkot, líder de la oposición y titular del partido Yashar, para que pueda formar gobierno. El otro partido árabe, Ra’am, ya había expresado su apoyo.
En paralelo, Judaísmo Unido de la Torá comunicó al presidente Isaac Herzog que no respaldará a Benjamín Netanyahu, debido a que no avanzó con una legislación destinada a eximir del servicio militar a los estudiantes de la Torá.
Con estos respaldos, Eisenkot reúne 56 apoyos, frente a los 46 con los que cuenta Netanyahu. Herzog, encargado de designar al diputado electo que pueda alcanzar los 61 votos necesarios para obtener la mayoría en la Knesset, compuesta por 120 miembros, continuaría este jueves con las consultas a los partidos y coaliciones que lograron escaños en las últimas elecciones.
Las reuniones comenzaron el miércoles por la tarde con los partidos más pequeños: Sionismo Religioso, Shas, Yisrael Beytenu y Zehut, que respaldaron al gobierno de Netanyahu. En Israel, estas conversaciones se transmiten en directo desde la residencia presidencial de Jerusalén.
Durante la mañana se realizó la ronda con Judaísmo Unido de la Torá (UJT), que anticipó que no apoyaría a ningún candidato —incluido Netanyahu— que no aceptara eximir del servicio militar a los jóvenes ultraortodoxos que estudian la Torá. Posteriormente fue recibido Otzma Yehudit, el partido del ultraderechista Itamar Ben Gvir, hasta ahora ministro de Seguridad Interior.
Para la tarde-noche israelí estaban previstas las reuniones con Yashar, la fuerza de Eisenkot, y con el Likud de Netanyahu.
En los días previos, Netanyahu desplegó una nueva ofensiva contra los partidos árabes. Alegó injerencia extranjera a raíz del resultado histórico de ambas fuerzas, que en conjunto obtuvieron 19 escaños: 12 para la Lista Conjunta y 7 para Ra’am. También amenazó con pedir la impugnación de los comicios.
En ese marco, recurrió al jefe del Shin Bet, David Zini, quien ordenó arrestos de activistas vinculados a esos partidos. La medida provocó una indignación generalizada contra Zini entre funcionarios y dirigentes opositores, que cuestionaron la falta de pruebas suficientes en su intento de interrogar a varios políticos árabes dentro de la investigación.
Esta situación podía incrementar el malestar, al menos entre las bases de esas organizaciones. Para el régimen israelí, el mayor riesgo era desacreditar unos comicios que las propias instituciones estatales habían considerado legítimos. En un contexto de oposición interna a Netanyahu, esto podía aumentar el rechazo de la comunidad internacional.
El artículo también vincula este escenario con la reciente derrota electoral de Donald Trump, en la que el Partido Republicano perdió incluso en estados históricamente favorables. Según se señala, su vicepresidente, Joe Vance, sostuvo al día siguiente que uno de los factores de la derrota había sido la relación con Israel y planteó la necesidad de revisar aspectos de esa política.
La referencia apuntaba al apoyo incondicional de Trump al genocidio en Gaza como uno de los elementos que habrían contribuido a su retroceso electoral. Aunque esto no supondría una ruptura de la relación estratégica entre Estados Unidos e Israel, tanto demócratas como republicanos habrían constatado los efectos negativos que, para sus propios intereses, genera un gobierno israelí cada vez más feroz. La solidaridad internacional con el pueblo palestino, el rechazo al genocidio y a los gobiernos que arman a Israel, así como el aislamiento internacional, habrían profundizado esa situación.
A las dificultades de Netanyahu se sumaron las advertencias de Herzog sobre la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada. El presidente alertó que la impunidad de los colonos crea una situación altamente explosiva, con posibles consecuencias graves para Israel, un mayor aislamiento internacional y el riesgo de una respuesta de resistencia de la población cisjordana frente a los ataques diarios.
En este contexto, Eisenkot —exjefe del Ejército— aparece como el candidato con más posibilidades de recibir el mandato para formar gobierno. Dispondría de 28 días para conseguirlo, plazo que el presidente israelí puede extender por 14 días adicionales. Si no logra reunir los apoyos necesarios, deberían convocarse nuevamente elecciones.
Un gobierno compartido entre Netanyahu y Eisenkot parece poco probable, tanto por la oposición de algunos aliados del líder opositor como por la postura de los ultraortodoxos ante la negativa del bloque a impedir que el Estado convoque a los estudiantes religiosos al Ejército. Los partidos árabes podrían respaldar desde la Knesset a un eventual gobierno encabezado por Eisenkot sin incorporarse a él.
Herzog tiene la atribución de decidir a quién encomienda la formación del gobierno y, además, cuenta con un elemento relevante para negociar con Netanyahu: la facultad de conceder un indulto. El líder de la coalición gobernante enfrenta tres causas abiertas, una circunstancia que podría facilitar que aceptara apartarse.
Más allá de quién integre el próximo Ejecutivo, el texto sostiene que Israel continuará siendo un Estado colonialista que oprime a casi siete millones de personas, entre árabes israelíes, gazatíes y cisjordanos.
