En el Perú, la acelerada digitalización y la creciente demanda de profesionales en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) conviven con una realidad desigual que limita el potencial innovador del país. Esta brecha, marcada por el género y la región geográfica, se manifiesta tanto en el acceso a la conectividad como en las oportunidades de formación. Frente a este escenario, figuras como Jennifer Mejía Lara, líder en proyectos de energías renovables; Lita Rodríguez, ingeniera civil especializada en infraestructura eléctrica; y Paula Rivera, ingeniera eléctrica y supervisora de mantenimiento de alumbrado público, evidencian que el talento femenino es capaz de transformar sectores estratégicos, incluso en entornos históricamente dominados por hombres.

Según datos del UNESCO Institute for Statistics, solo el 30 % de los graduados en Latinoamérica en disciplinas STEM son mujeres; la brecha es aún más pronunciada en ingeniería, manufactura y áreas afines. Esta subrepresentación no solo limita la diversidad de perspectivas en sectores clave para el desarrollo, sino que también reduce la capacidad de innovación y la competitividad regional. En el Perú, la situación es más crítica en zonas rurales, donde las oportunidades de formación técnica son escasas y la conectividad insuficiente para acceder a programas educativos en línea o recursos digitales de calidad.

Liderazgo femenino en acción: Jennifer Mejía Lara, Lita Rodríguez y Paula Rivera impulsan el desarrollo del Perú

La presencia de mujeres en roles de liderazgo técnico adquiere una relevancia estratégica. Jennifer Mejía Lara, doctora en Ingeniería Eléctrica y Senior Project Manager, ha dirigido proyectos que posicionan al Perú como referente regional en energías limpias. Entre ellos destacan la planta solar Clemesí, en Moquegua, con 115 MW de capacidad y la capacidad de evitar más de 135 000 toneladas de CO₂ anuales, y el parque eólico Wayra Extensión, en Ica, con 177 MW distribuidos en 30 turbinas de última generación. A través de la participación de Mejía Lara, dichos desarrollos confirman que la combinación de experiencia técnica y visión estratégica es clave para acelerar la transición hacia una matriz energética diversificada y sostenible.

En las grandes urbes latinoamericanas, la calidad del suministro eléctrico depende de proyectos de modernización y expansión que respondan a la creciente demanda urbana. Un ejemplo es la construcción de la subestación José Granda, en Lima Norte, que utiliza tecnología GIS a 60 kV y cuenta con un transformador de 40 MVA para mejorar la estabilidad y confiabilidad del servicio a más de 80 000 personas. Lita Rodríguez, ingeniera civil en Enel Perú, lideró la ejecución de sus componentes civiles incorporando criterios de economía circular, como la reutilización de más de 100 toneladas de material en adoquines para veredas internas. Este enfoque no solo refuerza la eficiencia operativa, sino que también aporta a la sostenibilidad urbana.

Asimismo, la mejora de los espacios públicos pasa también por intervenciones más específicas que inciden directamente en la vida cotidiana. En San Miguel, Paula Rivera, ingeniera eléctrica y supervisora de mantenimiento de alumbrado público, impulsó la modernización del sistema de luminarias mediante tecnología LED. Esta actualización redujo el consumo energético, optimizó los recursos municipales y mejoró la seguridad de peatones y conductores, consolidando un modelo de gestión urbana más eficiente y ambientalmente responsable.

El avance hacia un ecosistema tecnológico y energético más inclusivo no se limita a la reducción de brechas actuales; también exige la creación de entornos que inspiren a las próximas generaciones. La visibilidad de mujeres que lideran proyectos estratégicos como Lita Rodríguez, Jennifer Mejía y Paula Rivera actúa como un catalizador para que más jóvenes, especialmente en zonas alejadas, se identifiquen con estas trayectorias y aspiren a replicarlas o superarlas. En un mundo donde la competitividad global se define por la capacidad de innovar, el futuro del Perú y de Latinoamérica dependerá en gran medida de que el talento, sin importar el género, tenga las mismas oportunidades para aportar y transformar.

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