Las asambleas estudiantiles se expanden en Francia y refuerzan la organización contra Macron

Tras la jornada considerada histórica del 17 de octubre, la autoorganización estudiantil ganó fuerza en las universidades francesas. Pese al discurso del Gobierno, que busca dividir al movimiento, las asambleas reflejan la voluntad de la juventud de organizarse y enfrentar a Emmanuel Macron.

Medios de comunicación, autoridades gubernamentales y voceros de la burguesía han criminalizado las movilizaciones del 17 de octubre, calificando a los participantes de violentos, delincuentes e incluso «terroristas». Luego de los primeros toques de queda establecidos el lunes, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció el martes el despliegue de unidades especiales y antiterroristas de la policía —RAID, GIGN y BRI— contra la marcha del 24 de octubre. También informó la utilización del Ejército, mediante la Operación Sentinelle, para liberar agentes destinados al «mantenimiento del orden».

Frente a estas medidas, estudiantes de distintas ciudades impulsaron nuevas asambleas generales para dar continuidad a la movilización. En Burdeos, 2.000 estudiantes se movilizaron el martes: 1.000 en el campus de Derecho y otros 1.000 en el de Ciencias. En este último, ocuparon un anfiteatro donde estaban previstos exámenes, con el objetivo de sostener los reclamos y responder a las presiones académicas del rectorado para frenar la protesta. Finalmente, ambos grupos confluyeron en una marcha espontánea y masiva para exigir respuestas a las autoridades universitarias.

En la universidad de Le Mirail, en Toulouse, cerca de 1.000 estudiantes y trabajadores de la facultad participaron el martes de una asamblea general. La convocatoria se produjo después de que el rectorado intentara cerrar el edificio el lunes, tras una semana de ocupación y de «clases alternativas». Para impedirlo, los estudiantes organizaron asambleas espontáneas por departamentos y escuelas. La asamblea general ratificó la decisión de enfrentar la represión y al Gobierno; además, reclamó un sistema de calificaciones más flexible y la postergación de los exámenes. También aprobó una jornada de lucha para el 2 de noviembre, fecha de regreso a clases tras el receso. Por la noche, estudiantes y trabajadores se sumaron a la asamblea interprofesional de Toulouse, que reunió a casi 800 personas.

En el área metropolitana de París, la movilización también creció después del 17 de octubre. En la universidad Paris 8, situada en el distrito obrero de Saint-Denis, 500 estudiantes participaron de la asamblea más numerosa desde el inicio del movimiento. Allí se resolvió convocar para el viernes a una instancia interprofesional que reúna a trabajadores de Saint-Denis y de ciudades vecinas de la periferia parisina, con el propósito de impulsar la huelga y preparar el bloqueo de la economía.

Otros centros universitarios que habitualmente registran menor movilización se incorporaron a las protestas al comienzo de la semana. El lunes 19 de octubre, el centro Beaulieu de Rennes congregó a 600 personas; la universidad Paul Sabatier de Toulouse, a 500; y la universidad Lyon 1, a 450. En Grenoble se movilizaron 300 estudiantes. En la universidad Paris-Cité, en tanto, se organizó una «universidad popular» con debates y la ocupación de un edificio.

Según la dinámica de estas asambleas, la estrategia gubernamental de criminalizar las protestas no logró desactivar la movilización juvenil. En varios lugares, los estudiantes buscan articular con trabajadores mediante volanteadas en las puertas de fábricas y parques industriales, como ocurrió en Toulouse. La perspectiva planteada es construir una huelga general, tomando como referencia Mayo del 68, cuando millones de trabajadores se sumaron a la lucha juvenil contra el Gobierno.

En la región de Île-de-France, la Coordinación Regional Estudiantil se reunió por primera vez el lunes por la noche con 98 delegados de 32 campus en lucha. El espacio, integrado por delegados electos y observadores de las asambleas, resolvió multiplicar las acciones conjuntas con trabajadores, abrir los campus a estudiantes secundarios para ofrecer clases de apoyo y tutorías, y exigir la liberación inmediata y el desprocesamiento de todas las personas detenidas por participar en las protestas.

La coordinación también aprobó participar en las marchas juveniles de los jueves 22 y 29, así como en la movilización del sábado 24, y comenzar a preparar una huelga general desde el 5 de noviembre.

La continuidad de las asambleas universitarias expresa, según los impulsores de la movilización, que la represión no redujo la disposición de lucha de la juventud. Entre las demandas planteadas figuran la derogación de Parcoursup, el sistema restrictivo de acceso a la educación superior; un presupuesto masivo para escuelas secundarias y universidades; el fin del Servicio Nacional, definido como una forma de servicio civil y militar obligatorio; y el rechazo a los miles de millones destinados a la militarización. El objetivo político que sostienen es derrotar a Macron y al régimen de la Quinta República.