Miles de estudiantes protestan en Albania contra el deterioro educativo y el gobierno de Edi Rama

Albania atraviesa uno de sus mayores estallidos sociales de los últimos años. Por tercer día consecutivo, decenas de miles de estudiantes se movilizaron en Tirana, la capital del país, para reclamar la renuncia del primer ministro Edi Rama, denunciar el deterioro de la educación pública y exigir perspectivas para la juventud.

Durante la jornada del miércoles, manifestantes ingresaron al edificio del Ministerio de Educación, donde una parte de las instalaciones fue incendiada. También se levantaron barricadas con contenedores quemados en avenidas céntricas. La respuesta de las fuerzas estatales incluyó despliegues de policía antidisturbios, camiones hidrantes y gases lacrimógenos. Hubo más de una veintena de detenciones y personas heridas entre los manifestantes.

Las protestas comenzaron además a extenderse hacia otras ciudades universitarias relevantes, como Elbasan y Shkodër. Cerca del Ministerio de Educación, una sucursal del banco austríaco Raiffeisen también se incendió. Lora, una estudiante que participaba de la movilización en el centro de Tirana, declaró a Reuters: “Esto es una revolución. Nos cansamos de las marchas pacíficas, no vamos a parar hasta que Rama renuncie”.

Las actuales movilizaciones son consideradas por diversos analistas como una continuidad de la denominada “Revolución de los Flamencos”, que mantuvo movilizados a miles de albaneses durante más de cien días desde junio. El gobierno de Rama, que inició su cuarto mandato en mayo, enfrenta denuncias de corrupción.

A mitad de año, el Ejecutivo aprobó la concesión de la isla de Sazán y de la laguna de Vjosa-Narta, dos ecosistemas protegidos, a la familia de Donald Trump. El proyecto, promovido por Jared Kushner e Ivanka Trump, contempla la construcción de un complejo turístico de lujo valorado en 1.400 millones de euros. Para concretarlo, el oficialismo modificó normas de protección ambiental y otorgó una concesión por 99 años.

La oposición a ese proyecto cuestionó la privatización de áreas naturales y la cesión de bienes comunes para negocios inmobiliarios. En las actuales protestas, parte de la juventud vincula ese rechazo ambiental con sus reclamos por la situación educativa.

El estudiantado denuncia las elevadas cuotas y tasas de matrícula, especialmente en relación con los ingresos familiares, así como las malas condiciones de las facultades. Entre los problemas señalados figuran la falta de calefacción, el escaso mantenimiento y el deterioro de las instalaciones.

También reclaman por la ausencia de becas estatales y de políticas de contención, además de las limitadas oportunidades laborales tras finalizar los estudios. Según las denuncias, el mercado de trabajo está marcado por la precarización, los bajos salarios y la falta de perspectivas.

El país atraviesa además dificultades económicas, con salarios que no alcanzan a cubrir la canasta básica y una marcada desigualdad entre una élite política enriquecida por la corrupción y las mayorías trabajadoras. En ese contexto, la emigración ha sido durante años una alternativa para miles de jóvenes albaneses.

“Lo que Albania necesita es una revolución, un cambio completo del sistema porque así no se puede vivir más”, expresó la manifestante Luljeta Kola al medio árabe Al Jazeera. El rechazo de los estudiantes no se limita al partido gobernante: también alcanza a la oposición tradicional de derecha, a la que identifican como una expresión de intereses similares.

Las protestas en Albania se desarrollan en un escenario de movilización juvenil en distintos países de Europa. En Francia, estudiantes secundarios y universitarios llevan semanas de paros, bloqueos de establecimientos y manifestaciones contra los recortes educativos y la falta de docentes. En Madrid, comenzó el miércoles una huelga educativa indefinida que reúne a universitarios, docentes y trabajadores del sector. En Alemania, durante septiembre se realizaron movilizaciones de miles de estudiantes contra el gobierno de Merz y el servicio militar obligatorio.

La viceprimera ministra albanesa, Albana Koçiu, calificó las protestas de “vandalismo”. Los manifestantes, en cambio, cuestionan la represión policial y las políticas que, según sostienen, profundizan la precariedad y limitan el futuro de la juventud.

La confluencia entre la oposición a los megaproyectos vinculados con la familia Trump y las demandas estudiantiles puso bajo presión al gobierno de Rama. Las movilizaciones de Tirana condensan reclamos por la defensa de los bienes naturales, la educación pública y mejores condiciones de vida para la juventud.