Un año ha pasado desde que Sergio Llull, el jugador de baloncesto del Real Madrid, marcó una de las canastas más memorables de su carrera en Kaunas, asegurando el título de la Final Four de la Euroliga para su equipo. Recordamos y analizamos esa jugada histórica con la ayuda de Piti Hurtado.
La jugada comienza con dos bloqueos: Chus Mateo opta por dibujar a Llull saliendo de dos bloqueos indirectos, con Causeur (conocido por sus manos seguras) en el saque y aislando a Thomas Walkup, el mejor defensor exterior de Olympiacos, con El Chacho en la esquina contraria al saque. Sin embargo, una astuta finta de Mckissic, que defendía el saque, complica la jugada. Aunque Causeur duda si pasarle la bola a Tavares (que no era parte del plan original), rectifica y se la pasa a Llull, quien se encuentra más esquinado. En ese instante, Papaloukas espera, prefiriendo no hacer falta y que la pelota esté en manos de quien no ha anotado ningún punto. Un error crítico, dada la carrera de Sergio Llull.
A pesar de que la recepción de Llull vino muy cerca de la banda, el árbitro principal, Sasa Pukl, ajusta su posición retrocediendo un par de pasos. En este punto, podría haber un debate sobre si Llull hizo unos pasos de más, pero la jugada pasa inadvertida y no se protesta. Llull procede con determinación, asintiendo a Tavares y llamándolo con la mano.
Entonces comienza un mágico zigzagueo, que se convertirá en una de las jugadas más legendarias de la historia del Real Madrid en Europa. Llull dirige su mirada para calcular el espacio que tiene y contra quién tendrá que lanzar. Olympiacos decide mantener a Moustapha Fall en la cancha porque necesita trabajar el rebote contra Tavares. Sin embargo, este será otro error. La última jugada es un duelo entre dos jugadores que no han anotado en la final. Llull siempre ha enfrentado el último tiro y mantiene su expresión de hielo, sin importar las circunstancias.
Con cinco botes, Llull comienza su avance. Dos botes con la mano izquierda hacia el lado del bloqueo y hacia donde hay menos gente. Un bote por debajo de las piernas para cambiar de dirección, una maniobra que ha practicado innumerables veces en La Salle contra un cono. Otro bote más de derecha para ganar el codo de la zona, y un último bote clave, más bajo y potente para ganar la suspensión y los dos centímetros que permitirán al Real Madrid ganar la Copa de Europa más inverosímil de su historia.
Finalmente, llega el momento del tiro. No es un triple de 8 metros, ni un tiro desde su propia cancha, ni un triple imposible. Pero es una canasta poco probable según las analíticas y las estadísticas avanzadas. Sergio Llull y su carácter ganador desafían todas las probabilidades. Lanza un tiro algo más arqueado de lo normal debido a los largos brazos de Fall que se acercan. Justo cuando el balón sale de sus dedos, se marca la epopeya. La canasta entra y pone al Real Madrid nuevamente en ventaja después de muchos minutos.
Tras anotar, Llull pone su icónica cara de triunfo. Causeur hace el gesto de tranquilos, mientras Hezonja expresa su júbilo golpeando a Llull en el brazo. Aún quedaban 3 segundos de partido, pero Sloukas, el base griego, falla su tiro. Eso solo hace más grande la acción de Sergio Llull, que no había anotado hasta ese momento pero que se llevó la victoria. Porque tenía que ser él.
La canasta de Llull se convirtió en un momento histórico para el Real Madrid, marcando una de las remontadas más épicas en la historia del club y el baloncesto europeo. Este instante, capturado en una foto de Getty Images, es un recordatorio de la habilidad y la determinación que definen a Sergio Llull y su contribución al éxito del Real Madrid.
Esta jugada legendaria es solo un ejemplo de la carrera de Llull, un jugador que ha demostrado una y otra vez su habilidad para tomar decisiones críticas y ejecutar incluso en las situaciones más difíciles. Su canasta en la Final Four de la Euroliga es un testamento a su talento y una razón por la que es considerado uno de los mejores jugadores de baloncesto de su generación.
El recuerdo de esa canasta sigue vivo un año después, y seguramente continuará siendo una de las jugadas más recordadas en la historia del baloncesto europeo. No solo por su impacto en el resultado final del torneo, sino también por lo que representa: la habilidad de un jugador para superar dificultades y tomar decisiones acertadas en momentos críticos, demostrando que una jugada puede cambiar el curso de la historia.
