Un año sin Christopher: Madre recuerda poema que alertó suicidio que colegio pasó por alto

El doloroso camino de una madre en busca de justicia por la muerte de su hijo

He hecho todo lo que está a mi alcance para lograr la justicia que mi hijo se merece. Él estaría vivo si le hubiesen brindado ayuda”, así comienza la trágica historia de Andrea Luco, quien a días de cumplir un año de la muerte de su hijo, Cristopher Tirado (18), busca justicia y respuestas que no llegan.

El dolor de una madre que pierde a su hijo es indescriptible, pero para Andrea, este dolor se acrecienta ante la impotencia y la frustración de lo que considera una negligencia por parte del sistema educativo en la atención de las necesidades de su hijo. El Colegio Santa Teresa de Illapel, donde Cristopher estudiaba, es el punto de mira de Andrea, quien asegura que el colegio no actuó ni dio aviso ante las evidentes señales de sufrimiento que su hijo manifestó.

El caso de Cristopher es uno de depresión en adolescentes, un problema de salud mental que cada vez afecta a más jóvenes y que, en su caso, se agravó tras sufrir un ataque violento a la salida del colegio. El diagnóstico fue un trauma ocular grave y conmoción retiniana, que fue tratado en el Hospital del Salvador, en Santiago. Este incidente, sumado a las dificultades personales y familiares que ya atravesaba el joven, desencadenó una crisis de angustia y dificultad de regulación emocional que, según Andrea, no fue debidamente atendida por el colegio.

“Luego de eso empezó a decaer, le empezaron a dar crisis fuertes”, dice Andrea. Según ella, el colegio no solo no le informó de estas crisis, sino que también ignoró las recomendaciones de la Unidad de Salud Mental de CEAPSI, que incluían una disminución de la carga académica, cambio de modalidad en las evaluaciones a través de trabajos escritos y apoyo psicopedagógico.

El trastorno depresivo mayor y un trastorno vincular que Cristopher padecía, derivaron en crisis de angustia y dificultad de regulación emocional, y que repercutieron en un bajo rendimiento escolar e inasistencias. Sin embargo, la ignorancia de Andrea sobre la situación de su hijo fue aún mayor. A pesar de haber conversado en varias oportunidades con los profesores, para que informaran cualquier cosa que sucediera con su hijo, parece que no se hizo.

Uno de los momentos más amargos que Andrea recuerda es cuando se enteró de un poema que Cristopher escribió en clases, donde expresaba sus pensamientos suicidas. «Cualquier persona que vea ese poema lo comentaría con un psicólogo, pero no ocurrió nada», lamenta Andrea.

Tras la muerte de Cristopher, la ayuda que Andrea había solicitado en tantas ocasiones llegó demasiado tarde. “Ahí llegaron todos, hasta el municipio para preguntarme qué necesitaba, y yo les dije que ya no necesitaba nada, porque mi hijo ya había fallecido”, cuenta Andrea con amargura.

El proceso legal ha sido otro camino tortuoso para Andrea. La Superintendencia de Educación sancionó al colegio con una multa, pero este apeló y, desde entonces, no ha habido noticias. “He mandado correos y me dicen que ahora viene una parte administrativa, pero a mí me interesa saber, porque me da miedo que se arreglen”, dice Andrea.

Cada día, Andrea lucha por mantener viva la memoria de su hijo, y por conseguir que se haga justicia. Pero, sobre todo, lucha para que ningún otro niño tenga que pasar por lo que pasó Cristopher, y ninguna otra madre tenga que vivir el dolor que ella vive cada día.

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