En un intento desesperado por atraer la atención de las autoridades locales y regionales, los residentes de Tongoy, Chile, han recurrido a la protesta de banderas negras. El problema central es la acumulación de agua estancada en el estero local, que se ha convertido en un foco de mosquitos y otras especies que están perturbando la vida en la zona costera.
Raúl Postigo, presidente de la Junta de Vecinos N 29 de Tongoy, lamenta el abandono y la falta de preocupación de las autoridades. El problema se ha extendido por cerca de dos años, y a pesar de las reuniones y esfuerzos de la comunidad, parece que no hay avances significativos.
El estancamiento del agua se debe a la formación de un muro de arena en el estero, que impide su correcto flujo. Sin embargo, las autoridades se han negado a permitir la remoción del material, citando preocupaciones medioambientales. Ante la pasividad de las autoridades, la comunidad ha intentado solucionar el problema por su cuenta, pero sin éxito, ya que se requiere de maquinaria para realizar este trabajo.
Postigo denuncia la falta de voluntad de las autoridades, y especialmente el papel del alcalde, Ali Manouchehri. Según Postigo, el alcalde declaró el área como un humedal urbano sin consultar a la ciudadanía. Esto ha exacerbado las tensiones entre los vecinos y las autoridades, ya que la declaración de humedal impide cualquier intervención en el estero.
Además, la población local teme la posible presencia de dengue, una enfermedad transmitida por mosquitos que ha sido reportada en países cercanos. Esta preocupación se suma al problema existente de los mosquitos, que se ha vuelto tan grave que los residentes tienen que cerrar puertas y ventanas en la tarde para evitar que los insectos entren en sus hogares.
Pedro Véliz, director del Departamento de Medio Ambiente de Coquimbo, defendió la decisión de las autoridades de no abrir el estero, citando la Ley de Medio Ambiente (19.300) que prohíbe la alteración de cualquier humedal. Según Véliz, hacer lo que solicitan los vecinos excede las atribuciones de la municipalidad e incluso de la Seremi de Medio Ambiente. Además, advirtió que podría haber consecuencias judiciales para las personas que intervengan por su cuenta en el espacio.
Para disipar los temores de salud pública, Véliz aseguró que el estancamiento del agua no representa un riesgo para la salud de los residentes. Explicó que, aunque hay una barrera de arena que impide el flujo de agua, el agua sigue fluyendo por debajo de la superficie. Además, dos informes de Ceaza, una organización de monitoreo ambiental, han confirmado que el agua no está «podrida».
En cuanto al temor al dengue, Véliz aseguró que el riesgo es muy bajo. En colaboración con la Seremi de Salud, se ha llevado a cabo un conteo de las personas afectadas por picaduras de mosquitos, pero los números son bajos y no representan un riesgo para la vida.
Véliz también señaló que, debido a los cambios climáticos, más del 90% de los humedales de la región tienen una barrera de arena, una situación que no se limita a Tongoy.
En lugar de abrir el estero, Véliz propone otras soluciones para el problema de los mosquitos. Recomendó que los residentes instalen mallas en las ventanas y también mencionó la posibilidad de fumigaciones llevadas a cabo por el Departamento de Higiene Ambiental de la municipalidad. Según Véliz, estas medidas pueden ser muy efectivas y han tenido buenos resultados en más de 3 mil viviendas de la comuna en el último año.
Esta situación en Tongoy ilustra el delicado equilibrio que a menudo existe entre la preservación del medio ambiente y la calidad de vida de los residentes. Aunque las autoridades insisten en que están haciendo todo lo posible para encontrar una solución que respete las leyes ambientales y proteja la salud de los ciudadanos, los residentes de Tongoy sienten que sus preocupaciones no están siendo tomadas en serio. Con la amenaza de los mosquitos y la preocupación por el dengue, está claro que el problema necesita una solución a corto plazo.
