Con el inicio de las Fiestas Patrias a la vuelta de la esquina, el municipio de Coquimbo se encuentra ultimando los detalles para dar inicio a la celebración más grande del país: La Pampilla de Coquimbo. Este año, el evento contará con el retorno de las ramadas y fondas bailables, una tradición largamente esperada por la comunidad.
Es importante señalar que la ausencia de estas fondas en años anteriores no se debió a la pandemia como podría pensarse, sino a la falta de oferentes. En la memoria de los coquimbanos aún resuenan las multitudinarias carpas de antaño, como las del Club de Leones y el Rotary Club, que competían por traer al artista más famoso de la época. Estas carpas no solo ofrecían espectáculos de alto calibre, sino que también creaban un ambiente familiar y festivo.
El regreso de las fondas ha sido posible gracias a la reciente aprobación por parte del concejo municipal de un descuento del 20% en el costo de los terrenos para los fonderos que deseen instalar sus locales en el lugar. Esta medida ha incentivado a los empresarios del rubro a participar nuevamente en el evento.
Dos Fondas Multitudinarias
Para esta edición de La Pampilla, se presentaron dos ofertas de empresarios del rubro para instalar fondas y revitalizar las carpas bailables. Ambos recintos tendrán capacidad para aproximadamente 400 personas cada uno, y los empresarios deberán decidir si operarán bajo un formato de discoteca o de fonda.
El administrador municipal de Coquimbo, David Díaz, señaló que una de las principales demandas de la comunidad era contar con un lugar para bailar durante las festividades de La Pampilla. “La gente no tenía donde ir a bailar, aparte del excelente show que ofrece el municipio, pero este año contaremos con estas carpas gigantes, donde las familias podrán volver a divertirse. Es probable que ellos traigan sus propios artistas en su escenario”, indicó Díaz.
En años anteriores, quienes gestionan este tipo de actividades comerciales optaron por no participar, posiblemente debido a la reducción de días de celebración o porque prefirieron asistir a otras festividades como la del Parque O’Higgins en Santiago, donde esperaban mayores ganancias.
Díaz explicó que estos empresarios deberán operar sus locales como lo harían en la ciudad, ajustándose al tipo de patente que soliciten. “Si van a establecer una discoteca, la patente de alcoholes debe ser de discoteca. Si es un restobar, deben cumplir con la ley de alcoholes y la ordenanza de cobros municipales, ya que La Pampilla es como una ciudad que dura cinco días”, afirmó Díaz.
El funcionario municipal también subrayó que los empresarios son responsables de la seguridad al interior de sus locales, así como de contar con todos los permisos necesarios, incluyendo la venta de alcohol. “La Pampilla es una ciudad dentro de la ciudad, donde la fiscalización es constante. Se revisa la seguridad privada, el cumplimiento de normativas sanitarias y la emisión de boletas, entre otros aspectos”, manifestó Díaz.
En cuanto a los plazos de instalación, desde el municipio se informó que, por decreto, se deben energizar y abastecer de agua las instalaciones a partir del 13 de septiembre, para que los locatarios puedan instalarse y estar listos para la inauguración el 16 de septiembre a las 18:00 horas, contemplando el inicio oficial de actividades el 17 de septiembre.
“Pero esto dependerá de los requerimientos de luz y agua y de si los comerciantes se instalan antes, cumpliendo con todas las normativas de prevención de riesgos y desastres. Si todo está en orden, no tendríamos problemas en adelantar el trabajo”, señaló el administrador municipal.
El retorno de las famosas fondas promete revitalizar el espíritu de La Pampilla, ofreciendo a los asistentes la oportunidad de disfrutar de un ambiente festivo y familiar, donde no solo podrán deleitarse con el espectáculo principal organizado por el municipio, sino también con las diversas opciones de entretenimiento que traerán los empresarios del rubro. Esta edición de La Pampilla busca recuperar la esencia de las celebraciones pasadas, donde las carpas bailables eran el epicentro de la diversión y la convivencia comunitaria.
