Francia: llaman a fortalecer la autoorganización estudiantil para ampliar la revuelta

Ariane Anemoyannis, portavoz de Poing Levé, la agrupación nacional de juventudes de Révolution Permanente —organización hermana del PTS—, analizó en un editorial la revuelta de estudiantes secundarios en Francia, a la que definió como el origen de un movimiento histórico.

La estudiante de la Sorbona, en París I, sostuvo que, frente a la represión del Gobierno y las negociaciones impulsadas desde arriba por las burocracias estudiantiles, es necesario desarrollar asambleas generales en cada establecimiento, coordinaciones regionales y nacionales, y mecanismos de decisión colectiva de quienes participan de la lucha.

Según planteó, los secundarios se movilizan contra la competencia impuesta por Parcoursup, las reformas que calificó de racistas y una formación orientada a jornadas laborales de 8 a 18. El 6 de octubre, afirmó, cientos de miles de personas se manifestaron durante toda la semana, con un impulso destacado de la agrupación El Puño en Alto. Además, unas cuarenta universidades fueron bloqueadas en solidaridad con los estudiantes secundarios.

Anemoyannis consideró decisiva la incorporación plena del movimiento universitario para terminar con los filtros de ingreso de Parcoursup y Bienvenidos a Francia, así como para obtener los recursos necesarios para estudiar. También denunció que el Gobierno buscó aislar a los secundarios de los barrios populares mediante ataques y mutilaciones en los bloqueos, y que posteriormente avanzó con el cierre administrativo de campus.

La portavoz señaló que el 7 de octubre, tras una jornada que caracterizó como histórica, la Unión Estudiantil (UE), la USL, la FSE, la UNEF y la FAGE se reunieron a negociar con el Ejecutivo. Esto ocurrió, remarcó, pocas horas después de que un adolescente perdiera una mano por un disparo policial y mientras el ministro de Educación Superior advertía que no retiraría el filtro de Parcoursup.

En ese marco, sostuvo que la revuelta recupera referencias de Mayo del 68 y de 1789, y que comienza a extenderse a Italia y Alemania. Para que el movimiento pueda avanzar, propuso que las asambleas generales definan las reivindicaciones, el calendario y las acciones, y que se articulen regional y nacionalmente mediante delegaciones representativas de los establecimientos movilizados.

También planteó organizar tareas como la producción de materiales de difusión, la autodefensa ante la policía y grupos de ultraderecha, la formación de brigadas de street medics o postas de salud por estudiantes de enfermería, y la capacitación y defensa jurídica frente a la represión. A su entender, estos espacios de coordinación son necesarios para evitar que la radicalidad espontánea se desgaste ante negociaciones que el movimiento no controla y frente al obstáculo de las vacaciones escolares.

Finalmente, Anemoyannis recordó experiencias de movilización desde Mayo del 68 hasta 2006, pasando por 1971, 1973 y 1986, y afirmó que la capacidad de decisión independiente permitió a secundarios y universitarios conquistar reclamos. Llamó a fortalecer los espacios de autoorganización y a impulsar una semana roja hacia el 17 de octubre, con la paralización de facultades y colegios, la coordinación entre estudiantes y la búsqueda de apoyo de los trabajadores. Asimismo, convocó a sumarse a la Juventud Comunista Revolucionaria y a contactar a militantes de El Puño en Alto.