Francia: masivas protestas de estudiantes y trabajadores desafían la represión en todo el país

El 17 de octubre, Francia fue escenario de una jornada nacional de movilización protagonizada por estudiantes secundarios, universitarios, trabajadores, chalecos amarillos, agricultores y docentes. Las protestas, que se desarrollaron tras varias semanas de rebelión juvenil, expresaron el rechazo al alto costo de vida, las medidas de austeridad y el presupuesto previsto por el Gobierno de Emmanuel Macron.

De acuerdo con estimaciones de sindicatos, chalecos amarillos y otros sectores participantes, la convocatoria reunió como mínimo a 800.000 personas, el doble de la asistencia registrada en las movilizaciones del 6 de octubre. El Ministerio del Interior, encabezado por Laurent Nuñez, contabilizó más de 140 acciones en el país, mientras los organizadores estimaron más de 1.700 concentraciones.

Las marchas alcanzaron ciudades como París, Marsella, Lyon, Toulouse, Lille, Nantes, Rennes, Grenoble, Avignon, Burdeos, Chambéry y Le Havre. En París, miles de personas convergieron en la Plaza de la República, la Gare du Nord y otros puntos centrales, pese al amplio despliegue policial, las restricciones de circulación y el cierre de estaciones de transporte.

Restricciones y represión en París

El Gobierno prohibió concentraciones en distintas zonas de la capital entre las 7 y las 22 horas, entre ellas los Campos Elíseos, la Plaza de la Concordia, la Plaza de la Bolsa, Châtelet-Les Halles, la Bastilla, la Plaza de Italia y los alrededores de sedes institucionales como el Palacio del Elíseo, el Ministerio del Interior, Matignon, la Asamblea Nacional y el Senado.

Aun así, las columnas de manifestantes avanzaron por calles restringidas y se reagruparon en distintos sectores de París. Desde antes de la hora prevista para el inicio de la marcha central, a las 14, la Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a la multitud en la Plaza de la República y sus alrededores. También se reportaron cargas policiales cerca de la Ópera, así como un ataque contra un fotoperiodista español.

En Rennes, la Policía antidisturbios empleó un camión hidrante, gases lacrimógenos y granadas explosivas, según los reportes difundidos durante la jornada. En Lyon y Grenoble también se registró el uso de gases lacrimógenos contra las concentraciones. En Marsella, la movilización comenzó por la mañana en la zona de Prado y, más tarde, manifestantes ingresaron al Ayuntamiento.

Según cifras oficiales, se produjeron al menos 166 detenciones. Mientras las protestas continuaban, el Ejecutivo convocó una reunión de gabinete de emergencia a las 18 horas en el Ministerio del Interior, con la participación de Laurent Nuñez y el primer ministro Sébastien Lecornu.

Una convergencia entre juventud y trabajadores

La jornada fue convocada bajo la consigna “Jaunes et jeunes”, “jóvenes y amarillos”, y reunió a los Chalecos Amarillos —protagonistas del levantamiento de 2018— con el movimiento de estudiantes secundarios que se extendió por Francia desde septiembre.

En Burdeos, más de 5.000 personas partieron desde la Place de la Victoire hacia la Place de la Bourse. En París, estudiantes de los liceos Monnet, de las universidades París 1 y París Cité, de Bellas Artes y trabajadores ferroviarios del centro técnico de Châtillon se dirigieron juntos hacia la Plaza de la República. También participaron trabajadores de la salud, ferroviarios y empleados del transporte metropolitano.

En Saint-Denis, estudiantes del Lycée Paul Éluard marcharon hacia el centro parisino. Las manifestaciones estuvieron atravesadas por consignas contra el Gobierno de Macron, la austeridad y las violencias policiales. Durante la tarde, la multitud avanzó hacia el Arco de Triunfo, y por la noche jóvenes, trabajadores y chalecos amarillos celebraron la jornada en el centro de París con fuegos artificiales.

Homenaje a las víctimas de la masacre de París de 1961

La coincidencia de la fecha también dio lugar a homenajes a los argelinos asesinados el 17 de octubre de 1961, durante la denominada Masacre de París. En aquel contexto, la Policía francesa reprimió movilizaciones contra un toque de queda discriminatorio durante la guerra de liberación de Argelia.

Bajo las órdenes del entonces prefecto Maurice Papon, hubo decenas de muertos; algunas víctimas fueron fusiladas o arrojadas al río Sena, y muchas no pudieron ser identificadas. Durante la movilización de este 17 de octubre se exhibieron carteles y símbolos en recuerdo de esos hechos.

El origen de la rebelión estudiantil

La actual movilización se desarrolla desde el 21 de septiembre, cuando comenzó una rebelión de estudiantes secundarios en un colegio de la periferia de París. El movimiento se expandió por el país, con cientos de centros educativos bloqueados, la participación de docentes y universitarios, y acciones en ciudades como Lille, Lyon, Marsella, Toulouse, Grenoble y Le Havre.

Entre los reclamos figuran las aulas superpobladas, el deterioro edilicio, la presencia de asbesto, la falta de profesores, enfermeras, preceptores, asistentes sociales y acompañantes para estudiantes con discapacidad. También cuestionan las extensas jornadas escolares, el costo del comedor y el sistema de acceso universitario Parcoursup, al que consideran un filtro social.

Según el balance difundido por los organizadores, hubo más de 6.000 detenidos desde el inicio de las protestas. La movilización del 6 de octubre, convocada por la CGT, Solidaires y otros sindicatos, fue definida como la mayor protesta juvenil desde 1986.

Rechazo al ajuste fiscal y al aumento del gasto militar

El conflicto se profundizó tras la presentación del Presupuesto 2027, que contempla un ajuste de 54.000 millones de euros, el congelamiento de jubilaciones a partir de 1.260 euros, la eliminación de 1.588 puestos en educación y recortes en los servicios públicos.

El proyecto también prevé el congelamiento de salarios en un contexto de aumento del precio de los combustibles. A la vez, incluye una suba de 6.400 millones de euros en el gasto militar, que superaría los 63.400 millones de euros.

La ultraderecha, a través de Jordan Bardella, dirigente de Agrupación Nacional (RN), condenó las manifestaciones y las calificó como un pretexto para que grupos de extrema izquierda generaran desorden. Desde Révolution Permanente y la agrupación juvenil Le Poing Levé plantearon la necesidad de profundizar la autoorganización y la coordinación entre estudiantes y trabajadores.