La mortandad de ballenas francas australes en las costas de Chubut genera preocupación en Península Valdés y el Golfo Nuevo. La temporada comenzó con una cantidad inusualmente alta de ballenatos muertos y, durante octubre, también se registraron ejemplares juveniles y adultos sin vida. Esta situación amplió las líneas de investigación, ya que aún no existe una explicación única que abarque todos los casos.
Los datos preliminares señalan que la mortalidad de crías podría superar el récord de 2012, cuando se documentaron 113 ballenatos muertos. El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) indicó que la dimensión del episodio debe analizarse en función de los nacimientos de esta temporada y de los antecedentes de la población. En el censo aéreo realizado el 6 de septiembre se contabilizaron 1.375 ballenas francas australes, incluidas 409 crías.
Con la información disponible hasta el 21 de octubre, no es posible atribuir la totalidad de las muertes a un mismo origen. Por ello, los especialistas buscan diferenciar los resultados confirmados de las hipótesis que todavía están bajo estudio.
Detectan una bacteria en ballenatos, pero su papel aún no está definido
Las muestras analizadas de ballenatos permitieron detectar Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria vinculada con cuadros de septicemia, capaces de causar una infección generalizada y provocar la muerte de los animales. Sin embargo, su hallazgo no basta para explicar todos los casos registrados.
En Península Valdés existe un antecedente: una investigación publicada en 2016 detectó la bacteria en lesiones relacionadas con ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013. Ese estudio no concluyó que la infección hubiera sido la causa de muerte ni pudo establecer de qué forma se infectaron los ejemplares.
El Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, coordinado por la investigadora Marcela Uhart, continúa analizando muestras junto a equipos científicos para determinar posibles causas y factores asociados a la mortandad. Esos resultados deberán complementarse con estudios epidemiológicos y el seguimiento de la población.
La muerte de ejemplares juveniles y adultos durante octubre sumó una nueva línea de investigación. Para estos casos, los especialistas evalúan una posible vinculación con biotoxinas generadas por floraciones algales nocivas, conocidas como mareas rojas. Por el momento, los ejemplares adultos no presentan indicios preliminares que relacionen sus muertes con el cuadro bacteriano detectado en los ballenatos.
El antecedente de 2022 y las mareas rojas
Entre septiembre y octubre de 2022, una floración algal nociva en el Golfo Nuevo coincidió con la muerte de 30 ballenas francas australes. Los análisis posteriores establecieron que las biotoxinas tuvieron un papel en la mortalidad de ejemplares adultos y juveniles.
Ese antecedente explica por qué las mareas rojas figuran entre las hipótesis de la actual temporada, aunque no prueba que ambos episodios tengan el mismo origen. Para determinarlo se requieren estudios de tejidos, contenido estomacal, agua y organismos marinos, además de información sobre las condiciones ambientales.
Las floraciones algales nocivas pueden impactar en diferentes especies y transferir toxinas a través de la cadena alimentaria. Su desarrollo responde a múltiples condiciones ecológicas y ambientales, por lo que su comprensión demanda investigaciones sostenidas que permitan identificar sus causas, evolución y efectos sobre la fauna.
El Gobierno provincial informó que se realizan necropsias y toma de muestras, y que se sumarán análisis de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José. La investigación requiere continuidad, recursos y articulación entre organismos estatales y equipos científicos, así como una comunicación clara de los resultados para no presentar hipótesis preliminares como diagnósticos definitivos.
La necesidad de reforzar la protección y el monitoreo ambiental
Península Valdés cuenta con reconocimiento internacional por la presencia de ballenas francas australes y por el valor de su conservación. Esta riqueza natural también sostiene actividades económicas asociadas al turismo y al avistaje, pero la protección del ecosistema no puede limitarse a su valor comercial ni a la imagen que proyecta la fauna marina.
La mortandad registrada durante 2026 refuerza la necesidad de apuntalar la investigación científica y el monitoreo ambiental en Chubut. El Estado tiene la responsabilidad de garantizar recursos para los estudios, sostener a los equipos especializados y brindar información pública sobre sus resultados. La falta de una causa confirmada no justifica interrumpir ni debilitar estas tareas.
Hasta ahora, no existe evidencia concluyente para adjudicar la mortandad actual a una actividad humana directa. Tampoco corresponde excluir factores ambientales antes de completar las investigaciones. La detección de una bacteria en ballenatos y la hipótesis de las mareas rojas para otros ejemplares deben ser evaluadas con el mismo rigor científico.
Frente a un episodio sin una explicación definitiva, Chubut necesita profundizar el conocimiento científico, garantizar transparencia y destinar recursos públicos a la protección de su patrimonio natural.
