Sondeos en Israel: la oposición aventaja al bloque de Netanyahu, sin una mayoría definida

Los primeros sondeos a boca de urna de las elecciones legislativas celebradas este martes 27 de octubre en Israel reflejan un retroceso para Benjamin Netanyahu, aunque todavía no permiten establecer quién formará el próximo gobierno. El bloque opositor aparece por delante en las proyecciones, mientras que el Likud se mantiene como el partido individualmente más votado. Ninguna de las principales alianzas, sin embargo, alcanza por sí sola los 61 escaños requeridos para gobernar en el Parlamento unicameral de 120 bancas.

De acuerdo con los relevamientos, la oposición liderada por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor e ideólogo de la llamada «Doctrina Dahiya» de destrucción masiva de infraestructura civil palestina, obtendría entre 52 y 53 diputados. Las fuerzas que respaldan al actual primer ministro reunirían 50 escaños. El Likud conservaría el primer lugar entre los partidos, con entre 24 y 25 bancas, aunque por debajo de las 32 que posee actualmente. La definición final dependerá del escrutinio oficial.

La votación tiene lugar en un contexto de profunda crisis política, luego de casi tres años de genocidio en Gaza, de la expansión de la violencia israelí en Cisjordania y de un mayor aislamiento internacional del Estado israelí.

Un revés para Netanyahu sin una derrota definitiva

Para Netanyahu, la elección pone en juego más que la continuidad de su administración. Su gobierno quedó marcado por el genocidio contra la población palestina en Gaza y por las acusaciones surgidas tras una investigación publicada por el medio israelí Haaretz. Según esa investigación, habría decidido ignorar advertencias de Emiratos Árabes Unidos sobre el ataque del 7 de octubre, en un contexto en el que buscaba evitar una escalada de las acusaciones en su contra, frenar los juicios que lo involucraban y avanzar en una política belicista que derivó en un genocidio en Gaza que ya lleva tres años.

El primer ministro también intenta preservar su posición ante las causas por corrupción que enfrenta. Continuar en el poder es clave para su supervivencia política y para sostener su alianza con los sectores más reaccionarios de la derecha israelí, especialmente las fuerzas de Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, vinculadas al nacionalismo religioso y al movimiento de colonos en Cisjordania.

Los sondeos muestran que el Likud conserva un respaldo electoral importante. Pero ser la fuerza más votada no garantiza el gobierno dentro de un sistema parlamentario: Netanyahu necesita reunir 61 diputados. Sus aliados actuales no tendrían los escaños necesarios para asegurarlos, ya que su bloque alcanzaría apenas 50 bancas, 14 menos que en las elecciones de 2022.

La oposición busca aprovechar el desgaste del mandatario. No obstante, un posible relevo en el gobierno no supondría necesariamente una ruptura con los pilares del régimen israelí. Eisenkot, como exjefe del Estado Mayor del Ejército, representa también al establishment militar y sionista. Su eventual llegada al poder no implicaría una solución de fondo para la opresión del pueblo palestino. El rechazo a Netanyahu no equivale por sí mismo al rechazo de la ocupación ni de las políticas coloniales del Estado israelí.

El avance de las listas árabes

Uno de los datos destacados de la jornada es el crecimiento de las fuerzas políticas árabes, que representan a una población históricamente discriminada dentro de Israel. Las proyecciones les asignan entre 17 y 18 escaños, frente a los 10 que reúnen actualmente. Si esos números se confirman, se trataría de una representación parlamentaria sin precedentes.

La participación de los ciudadanos árabes israelíes se dio en un marco de racismo, hostigamiento y campañas de intimidación. Para una parte relevante de ese electorado, los comicios expresan además el rechazo a las políticas discriminatorias y a la guerra contra la población palestina.

Los partidos árabes rechazan la continuidad de Netanyahu y podrían resultar decisivos en la formación del próximo Ejecutivo. Sin sus bancas, el bloque opositor tampoco lograría la mayoría parlamentaria. Sin embargo, Eisenkot y otros dirigentes opositores, como Naftali Bennett, Yair Lapid, de la alianza Juntos (B’Yachad), Avigdor Lieberman, de Yisrael Beiteinu, y Yair Golan, de Los Demócratas, firmaron en septiembre de 2026 un acuerdo de cinco puntos —no agresión mutua, investigación sobre el 7 de octubre, conscripción de ultraortodoxos, límites al mandato del primer ministro y redacción de una Constitución— que excluyó deliberadamente a los partidos árabes.

Durante la noche de este martes, tras conocerse el buen desempeño electoral de estas listas, solo Yair Golan, de Los Demócratas, declaró que debería permitirse el apoyo de esos sectores a una coalición de gobierno contra Netanyahu.

Netanyahu logró instalar un clima político en el que un gobierno sin mayoría judía es considerado ilegítimo. Si Eisenkot alcanzara un acuerdo con sectores de los partidos árabes, debería afrontar a una ultraderecha sionista movilizada y armada.

La situación expone uno de los límites de la política israelí: los sectores que buscan desplazar a Netanyahu podrían requerir los votos de la población árabe para llegar al gobierno, pero al mismo tiempo procuran excluirla de las decisiones políticas.

Los escenarios para la formación de gobierno

A partir de los primeros sondeos se plantean tres escenarios principales. El primero sería que Netanyahu lograra sumar nuevos aliados y reconstruir una mayoría, aunque las cifras actuales hacen difícil esa alternativa. El segundo contempla que Eisenkot consiga organizar una coalición con fuerzas que no integran el Gobierno, posiblemente con alguna forma de respaldo parlamentario de los partidos árabes. La tercera posibilidad es que fracasen las negociaciones y el país deba volver a votar.

Una vez finalizado el escrutinio, el presidente Isaac Herzog consultará a los partidos y encargará la formación de gobierno al candidato que considere con más posibilidades de reunir apoyos. Si nadie logra construir una mayoría, Netanyahu podría continuar como primer ministro interino hasta que se resuelva la crisis política.

Por ese motivo, aunque los sondeos suponen un golpe para el actual mandatario, no definen todavía quién gobernará Israel. Las negociaciones pueden extenderse durante semanas y las fuerzas minoritarias tendrán una influencia decisiva en relación con su peso electoral.

El resultado se inscribe, además, en un escenario internacional atravesado por denuncias de genocidio en Gaza, demandas judiciales contra Israel y un creciente rechazo a sus políticas entre amplios sectores de la población mundial. El apoyo militar y diplomático de Estados Unidos y de las potencias europeas no evitó que el Estado israelí enfrente un aislamiento cada vez mayor.

Una eventual salida de Netanyahu podría alterar los equilibrios internos, pero no asegura un cambio de rumbo para los palestinos. La oposición que pretende reemplazarlo comparte buena parte de los fundamentos sionistas del Estado y no plantea terminar con la ocupación ni reconocer plenamente los derechos nacionales palestinos.

La cuestión central, por lo tanto, no se limita a quién ocupará el cargo de primer ministro. El interrogante es si la crisis política israelí abrirá alguna posibilidad de cuestionar las políticas de guerra, colonización y expulsión, o si solo reorganizará el mismo sistema bajo un nuevo liderazgo.