Recientemente, la Agencia Meteorológica de Japón (AMJ) emitió una advertencia sobre un posible megaterremoto en Japón, lo que provocó la cancelación de una gira programada por el Primer Ministro, Fumio Kishida. Esta noticia ha generado preocupación en Chile, debido a la posibilidad de un tsunami resultante.
Ante este escenario, el Subsecretario del Interior de Chile, Manuel Monsalve, señaló que el Centro Sismológico Nacional (CSN) y SENAPRED estarán monitoreando de cerca la situación. «El mayor riesgo sería la posibilidad de un tsunami, que normalmente tarda más de 20 horas en llegar a la costa chilena», explicó.
En conversación con El Día, Sergio Barrientos, director del CSN, explicó que si se produce un gran terremoto en la fosa de Nankai, que tiene una longitud de unos 750 kilómetros, y se rompe en toda su extensión, podría generar un sismo de magnitud 9,2. «Si eso llegara a suceder, tendríamos que analizar el modelo de tsunami. Como sucedió en 2011 en Tohoku, podrían llegar a nuestras costas olas de un metro de altura. Sin embargo, esto debe modelarse, ya que Tohoku tiene una configuración diferente a este posible evento», indicó Barrientos.
Barrientos también mencionó que aunque los escenarios son similares, no son exactamente iguales, debido a la zona de ruptura y el patrón de radiación. También recordó que el terremoto de Valdivia en 1960, con una magnitud de 9,5, causó más de 130 muertes en Japón debido al tsunami resultante.
Raúl Garrido, director regional de SENAPRED, indicó que esta alerta generó que las autoridades nacionales se reunieran para analizar las posibles consecuencias de un eventual movimiento telúrico en Japón para Chile. «Claramente, nos afectaría con un tsunami, y ante esta situación, es importante hacer un llamado a la calma a la ciudadanía, ya que esto es solo una probabilidad.»
En 2011, después de un sismo de magnitud 9,1 en Tohoku, Japón, un tren de olas llegó a las costas de la región, afectando la avenida Costanera de Coquimbo, que ya había sufrido daños del terremoto del 27 de febrero de 2010. El agua derribó el hormigón de parte del paseo peatonal y algunas escalinatas de acceso a la playa. En la caleta de Coquimbo, el ingreso de agua inhabilitó varios locales. El oleaje también desplazó unos 3 metros a un grupo de vagones utilizados por artesanos.
Marcel Ramos Quezada, doctor en Oceanografía y académico del Departamento de Biología Marina de la Universidad Católica del Norte, explicó que debido a la configuración tectónica del océano Pacífico, siempre existe la posibilidad de terremotos en las zonas de subducción. «Tanto Japón como Chile son muy activos sísmicamente, por lo que un terremoto de gran magnitud en cualquiera de los dos países puede generar tsunamis que afecten a regiones costeras locales y a lugares lejanos», subrayó Quezada.
Quezada también explicó que, utilizando la teoría lineal de propagación de ondas largas para tsunamis, se puede estimar el tiempo de llegada de las olas. «La profundidad media del océano Pacífico es de 4.300 metros, con una velocidad de propagación de aproximadamente 739 km/h. Por lo tanto, considerando la distancia desde Coquimbo a Japón, el tsunami tardaría entre 22 a 23 horas en llegar a la región», puntualizó.
En cuanto a las medidas de seguridad, Garrido explicó que, tras un terremoto, las olas no llegarían hasta 18 o 20 horas después del sismo, lo que permite a las personas evacuar a zonas de seguridad de forma tranquila y ordenada. «Tenemos ese margen de reacción. Según los protocolos, dos horas antes de la llegada del tren de olas, las personas deben estar en la zona de seguridad», aseveró Garrido. Finalmente, reiteró que Chile es uno de los países más sísmicos del mundo y que siempre debemos estar preparados.
